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Domingo, enero 20, 2019
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Historias de Tolosa XIII: el poeta Matías Behety, “la momia”

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Recopilación por Oscar Labadie

Matías Behety nació en 1843, en Montevideo, y el destino quiso que terminara sus días en el Hospital de Melchor Romero de La Plata. Aunque vivió en Buenos Aires, en donde ejerció un periodismo múltiple y versátil, es considerado el primer poeta platense.

Estudió Derecho sin llegar a diplomarse. Tuvo amigos de la talla de Julio Argentino RocaManuel QuintanaVictorino de la Plaza y Olegario AndradeMiguel Cané lo recuerda con gran emoción en su obra Juvenilia: “Nunca se impone a mi espíritu con más violencia el problema de la vida, que cuando pienso en ese hombre“.

Escribió poemas que, en su mayoría, se perdieron por su extraño hábito de utilizar numerosos seudónimos para sus trabajos y su espíritu bohemio que le impidió reunir de manera ordenada sus escritos.

Toda su obra tiene una fuerte impronta romántica. Matías era simple y sentimental como un niño, pero las noches de bohemia lo llevaron al alcoholismo: era un apasionado del ajenjo.

Intentó encaminar su vida y formar un hogar, pero la tragedia signó su destino. Su noviazgo con María Lamberti duró poco. La joven falleció y su vida se precipitó. Matías se sumió en la más profunda depresión. La muerte de su joven amada, hermana de Antonio Lamberti, agravó su alcoholismo. A este último poeta, le dedico “María” que dice:

María

A mi amigo Antonino Lamberti

Hacia tu hogar encaminé mi paso

Y me detuve trémulo en su puerta!

El sol se sepultaba en el ocaso,

Y al abrazarme me dijiste: ¡muerta!

La sombra me inundó. El alma entera

En un sollozo se agotó doliente,

Al mirar esa hermosa primavera

Desmayada en el rayo de su oriente.

¡Muerta!, exclamé, y respondiste: ¡muerta!

Delante su ataúd caí postrado…

Cerré los ojos y la vi despierta,

Su angelical semblante iluminado!

Me hablaba, y sonriendo enternecida,

Envuelta en nubes de flotantes velos,

¡Ah! no lloréis, me dijo, mi partida:

Yo era la desposada de los cielos!

Las amarguras porteñas lo trajeron a La Plata, en donde intentó desarrollar una actividad periodística y dejar atrás un pasado difícil. Pero no bastó. En 1884 el periodista Francisco Uzal lo encontró en Tolosa y lo llevó a la ciudad capital para integrar el plantel del diario “La Plata“, donde inició una tarea promisoria. Pero la enfermedad y el alcohol pudieron más que el trabajo y los esfuerzos de sus amigos. Su frágil cuerpo enfermó de tuberculosis pulmonar.

El 14 de agosto de 1885 fue internado en el Hospital de Melchor Romero. Los registros de la época lo recuerdan como un paciente más, identificado con el número 553 desde la fundación del establecimiento, apenas un año y medio atrás. Pese a no haber concluido su tesis, el registro de Guardia lo inscribió como abogado. Estuvo convaleciente durante 15 días. Falleció el 29 de agosto de 1885.

Allí comenzó la otra parte de la historia de Matías Behety. De acuerdo con las crónicas de la época, a sus exequias asistieron Quintana, De la Plaza, Uzal, Lamberti, Leandro N. AlemManuel JiménezFlorencio Madero,Ambrosio del Molino TorresJuan LarrocideManuel Lascarete,Pedro M. QuevedoAdolfo SernaJosé FigueroaEduardo Souza,Facundo P. LeguizamónJoaquín Molino TorresZenón Corral,Enrique TuñonCamilo IsslaRicardo FeraldoFeliciano Delgado,Ezequiel de la SernaErnesto LandicarAlejandro Bacesque y otros amigos porteños.

Sus restos fueron a dar al desaparecido Cementerio de Tolosa, cerrado en 1896 por falta de capacidad y serios problemas estructurales. Esto motivó el traslado de muchos cadáveres, entre ellos el del poeta Matías Behety. Fue entonces cuando la leyenda popular le devolvió al marginado escriba, la gracia que perdió en vida bajo el castigo del alcohol.

Al mudar sus restos hacia el actual Cementerio de La Plata, los empleados fúnebres advirtieron que su cadáver se conservaba intacto, incorrupto y fosforescente. Y es expuesto públicamente como una curiosidad: lo llamaron “la momia de Tolosa”.

El escéptico bohemio se convirtió en leyenda, pero no por su poesía. Antonio Lamberti reconoció que el muerto era su amigo. La familia, en su nueva cripta, erigió un busto de mármol para perpetuar su rostro.

Misceláneas Marítimas

Historias de Tolosa XII: Martín José Iraola, el fundador

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Recopilación por Oscar Labadie

Hijo de Jerónimo Iraola y Antonia PereyraMartín José Iraola nació el 15 de octubre de 1835 en Buenos Aires, ciudad en la que realizó sus estudios. Siempre estuvo ligado al campo y a la política, como sus familias materna y paterna.

“Martucho”, como se lo apodaba familiarmente, se casó con Francisca Ocampo. Este matrimonio que no tuvo descendencia, contribuyó a consolidar sus vínculos políticos, ya que su suegro era presidente del Senado.

Muy joven aún, en 1857 fue electo diputado en la Legislatura porteña. Cinco años después, al morir su padre, Iraola y su hermana Antonia heredaron numerosos bienes, entre ellos una estancia ubicada en las Lomas de la Ensenada, comprada el 3 de junio de 1856 a la señora Francisca Nieto de López Osornio. De dicha estancia, dispuso una fracción de tierra para la fundación de un pueblo al que llamaría Tolosa.

Prosiguió su carrera política y junto a José Martínez de Hoz entre otros ganaderos de la época fundó en 1866 la Sociedad Rural Argentina. En 1869 fue presidente del Crédito Público y diputado provincial durante el período 1869-1873. Continuó siendo consejero de la Municipalidad de 1874 a 1876.

En ese mismo año, se desempeñó como senador provincial hasta el 18 de junio de 1877, fecha en que falleció. Sus bienes fueron heredados por su esposa y su hermana Antonia. Cabe destacar que la parte restante de la estancia de las Lomas de Ensenada cedida para fundar Tolosa, fue expropiada años más tarde para la fundación de La Plata.

El pueblo soñado

Con el objeto de fundar un pueblo, Martín J. Iraola destinó unos terrenos heredados de su padre situados sobre el entronque del Camino Real –la actual calle 1– con el Camino Blanco a la Ensenada.

Así fue que el 10 de octubre de 1871 solicitó al gobierno la aprobación delproyectado pueblo de Tolosa, en homenaje a la tierra vasca donde habían nacido sus abuelos.

Los terrenos cedidos por Iraola abarcaban 74 manzanas: ocho de frente y ocho de fondo y estaba delimitado por las actuales calles 528, 117, 4 y la actual calle 36 de La Plata. El proyecto destinaba dos manzanas para plaza pública más una tercera, para iglesia y edificios comunales.

El plano fue aprobado por el departamento topográfico el 20 de diciembre de 1871 y el loteo de la flamante Tolosa fue muy favorable.

Influyeron factores exteriores como la epidemia de fiebre amarilla que azotó a Buenos Aires y motivó un éxodo de población a zonas menos congestionadas.

Pero también circunstancias locales, como la radicación de saladeros en Ensenada o la construcción del Ferrocarril hasta el pueblo con el cual Tolosa estaba directamente comunicado a través del Camino Blanco y tenía un apreciable aumento de población vegetativa e importantes obras en realización.

Estos fueron motivos más que suficientes para Iraola, quien con su espíritu visionario y emprendedor, avizoró una excelente oportunidad.

Monumento a Iraola

El 11 de abril de 1921 se formó la Comisión del Cincuentenario de Tolosa, por pedido de la Comisión Directiva del Centro Social de Fomento y Biblioteca Martín Iraola, además de numerosos vecinos.

Tras grandes esfuerzos, se consiguió la donación por parte del Poder Ejecutivo Provincial de un pedestal de granito labrado en Sierra Chica, a partir de un modelo del dibujante Vicente Colón.

El busto de Iraola hecho de yeso con pedestal de madera, modelo que luego se bañó en bronce, fue una obra del escultor Santiago Chierico, obsequiada por una comisión de ex vecinos residentes en Liniers, presidida por el señor Andrés Chiappa. También fue donada una placa por el cincuentenario.

¡Feliz 145° aniversario, Tolosa!

Historias de Tolosa XI: la inundación

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Recopilación por Oscar Labadie

Claudio Gómez había quedado en cenar en lo de su amigo Carlos Guerrero, en 524 entre 3 y 4. Pero terminó atrapado en un altillo, con los Guerrero, su esposa Paula y sus hijos Agustín (15) y Catalina (11), con dos metros de agua abajo, hasta que los sacaron en un gomón.

El plan era volver después de la sobremesa en su auto, pero no lo pudo usar esa noche porque se lo llevó la corriente y quedó arruinado. Se fue en gomón. En su casa de Villa Elvira, del otro lado de la Ciudad, donde habría estado si no hubiese ido a comer a lo de Carlos, no se juntó ni una gota de agua.

Estela Torres (de 70 años) vive sola en un PH (pasillo al fondo) de Tolosa. En minutos nomás, el agua le subió hasta el cuello y ya no tuvo donde refugiarse. Flotaba la heladera, flotaba su cama, flotaba todo. Pensó que moriría ahogada hasta que un vecino le arrancó la puerta a patadas y pudo salir, nadando.

No sabe cómo, pero se nadó el pasillo entero, de 30 metros, hasta una cabina de esas donde iban, antes, los tubos de gas. Y se quedó ahí, empapada, marcada para siempre por el miedo a la lluvia. El agua en el pasillo alcanzó más de un metro setenta de altura.

El héroe

Alan Faucheux es guardavidas profesional y buzo avanzado. Vive en 527 entre 13 y 14. Gracias a su entrenamiento y su capacidad para rescatar en el agua, Alan pudo salvar a 15 vecinos y seis perros del devastador diluvio que inundó casas y convirtió en furiosos ríos las calles de Tolosa, uno de los barrios más afectados por la inundación.

Todo comenzó el martes 2 de abril de 2013, alrededor de las 19.30, cuando el agua ya había dejado en condición de vulnerabilidad a muchas personas con dificultades para ponerse a salvo por sí solas. Tenía un metro de agua en la planta baja de su casa, pero cuando escuchó ruidos extraños y salió: encontró en la calle a gente de todas las edades, atrapadas en el agua.

Nadó hasta alcanzarlos y los llevó hasta sus casas. A unos los cruzó llevándolos a upa, especialmente a la gente mayor o de poca estatura, y a otros, que podían caminar, los ayudó a cruzar las calles. Conocía a todos los vecinos que rescató: Eduardo, Silvia, Susana y la mamá, Leticia, Juanita, Fabián, Mariano, Florencia, Javier, Graciela, la familia Colazzi y algunos nenes.

No conforme, siguió con el rescate de animales. Mientras transcurrían los rescates en forma incesante, Alan también pensaba en su padre, Eduardo, quien trataba de regresar a la casa de la calle 527 en bicicleta y quedó varado en la Plaza Belgrano, en las gradas de 13 entre 39 y 40, hasta el día siguiente.

Historias de Tolosa X: Emilio Cecchini, el doctor

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Recopilación por Oscar Labadie

Fue uno de los profesionales más respetados del ámbito científico nacional por sus investigaciones en el terreno de la infectología y también un hombre que se distinguió siempre por su trato humanitario.

Emilio Cecchini nació en Ciudadela, pero su familia se mudó a Tolosa cuando él era aún muy pequeño y soñaba con ser director de orquesta o jugar para la primera de Estudiantes. Realizó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de La Plata y luego ingresó a la Facultad de Ciencias Médicas (UNLP).

Ya siendo profesional dio sus primeros pasos como médico Pediatra. Durante años atendió en su consultorio de la calle 2 entre 529 y 530. Realizó una extensa carrera en el Hospital de Niños que comenzó en su época de estudiante hasta 1991.

Luego se inclinó hacia la infectología pediátrica y fue el primer especialista en La Plata. Ahondó investigaciones en ese ámbito y más tarde en infectología general, en pacientes quirúrgicos, traumatológicos, inmunocomprometidos o con patología prenatal. Su trayectoria se forjó también en las salas de terapia intensiva, donde se vuelven críticas las patologías infecciosas.

Lo riguroso de sus conocimientos hizo que especialistas de todas las disciplinas médicas lo tuvieron como permanente hombre de consulta. Además fue profesor titular de Enfermedades Infecciosas, profesor titular de Epidemiología y profesor nacional de la Escuela de Graduados de la Asociación Médica Argentina, entre otras cátedras.

El Dr. Cecchini también encaró una gran tarea como director del Instituto Universitario de Infectología de la Facultad de Medicina (UNLP). A raíz de su minuciosa formación obtuvo varias becas en el exterior y recibió importantes premios de medicina.

Estuvo a cargo del Servicio de Infectología del Hospital de Niños. Escribió una decena de libros médicos sobre su especialidad. También encabezó más de 200 trabajos científicos y fue director de cursos, panelista, relator y coordinador de programas de investigación.

En su extensa carrera concurrió a numerosos congresos Nacionales e Internacionales. Fue fundador y presidente de la Sociedad de Infectología de La Plata; jefe de Servicio de Infectología del Centro Oncológico de Excelencia, fue miembro del Consejo de Administrador y director de Residencia Universitaria en Infectología.

En su tiempo libre le gustaba escuchar música, escribir y viajar, en particular a destinos que le depararan aventuras como por ejemplo África o el Amazonas. Además expresó una gran afición por temas vinculados a la Filosofía. El infatigable y legendario Profesor falleció en junio de 2013. En su memoria, la rambla de 14 entre 65 y 66, lleva su nombre.

Historias de Tolosa IX: los talleres de Vialidad y el ingeniero Ortiz

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Recopilación por Oscar Labadie

La historia de Tolosa parece estar signada por grandes pérdidas en materia de fuentes laborales. Conocido es el tema de los talleres del ferrocarril, que en enero de 1905 fueron transferidos a Liniers, hecho que representó un fuerte golpe para la localidad, que había crecido al amparo de la actividad ferroviaria.

Pero mucho más acá en el tiempo, y a muy poca distancia de los abandonados galpones –que por momentos tuvieron un ritmo infernal de trabajo para la atención de locomotoras y vagones– se levantaron otros talleres, los de Vialidad Provincial.

En su mejor momento llegaron a albergar a más de 600 operarios, pero de la noche a la mañana, un gobierno militar se encargó de desmantelarlos. Hoy allí funciona una dependencia del Ministerio de Desarrollo Social. Estos talleres existieron por más de 20 años en 3 entre 522 y 523, sirviendo de apoyo para los regionales de las 12 zonas que poseía la Dirección de Vialidad de la provincia de Buenos Aires.

El ingeniero Ricardo Ortiz estuvo al frente de los mismos, conocidos como unos de los más importantes en Sudamérica, respecto al mantenimiento y reparación de máquinas viales.

Ortiz nació en Villa Iris, un pueblito cercano al límite con La Pampa, el 23 de julio de 1919. Allí se habían radicado sus padres dos años antes, para luego mudarse a Hucal, un centro ferroviario en donde empezó a escuchar los primeros relatos sobre Tolosa, de jóvenes aspirantes a maquinistas que eran enviados allí para hacer las primeras prácticas en el ferrocarril Bahía Blanca Noroeste, que llegaba hasta Santa Rosa.

Ingresó a la Facultad de Ciencias Físico-matemáticas de la UNLP (hoy Ingeniería) como becado por ser el mejor promedio de la Escuela Industrial Superior de la Nación. Sus estudios se orientaron a la mecánica, pero cuando se creó la Ingeniería Aeronáutica, se inclinó hacia ella.

Comenzó a trabajar como ayudante inspector en la Dirección de Aeronáutica Civil de la Nación, lo que le permitió interiorizarse de todas las novedades de la aeronáutica. Pero cuando esta dependencia pasó a la órbita militar, decidió renunciar. Luego pasó por la compañía Alfa, en la que fue jefe de motores, hasta que decidió alejarse de la empresa.

En el año 1957, la Dirección de Vialidad inició un importante plan de construcción de caminos y mejoramiento de la red vial existente. Esto necesitaba tener un apoyo en el mantenimiento de los equipos, por lo que se ordenó llevar los talleres de El Dique a Tolosa.

Al ingeniero Ortiz lo nombraron gerente general y se rodeó de gente con experiencia, confeccionando un plan de reorganización, con una estructura moderna de manejo industrial. Tenía a cargo unas 3.000 máquinas en toda la Provincia. Era la época de Arturo Frondizi y la tarea para el ingeniero Ortiz era montar una estructura nueva y darle vida. Esto lo obligó a una larga permanencia en la planta, por lo que decidió mudarse a Tolosa.

Se construyeron edificios adecuados, se implementaron nuevas técnicas de mantenimiento basadas en la prevención y se le dio otra concepción a la actividad, creándose las líneas de montaje. Los talleres supieron tener máquinas de gran valor y alta tecnología, por lo que vino gente de distintos países a observar su funcionamiento. Muchos operarios se capacitaron en el exterior. En la época de máximo esplendor se reparaban seis motores diesel por día.

Luego de tanto esplendor, cuando el país cayó en el oscuro proceso de “reorganización nacional”, los talleres fueron desmantelados y volvieron a El Dique. Distintas dependencias oficiales deambularon, como fantasmas, por los galpones que hoy muestran las consecuencias del implacable paso del tiempo y el abandono de un emprendimiento que fue reconocido en Sudamérica como un logro admirable aunque hoy, casi nadie recuerda.

Historias de Tolosa VIII: Cine, Hogar y Cementerio

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Recopilación por Oscar Labadie

En 1942 se inauguraba el Cine Tolosa, ubicado en la esquina de 30 y 115. Con entrada general a sólo $1, la primera película que se proyectó fue la española Goyescas de 102 minutos. Dirigida por Benito Perojo, con guion de Fernando Periquet Benito Perojo, música de Enrique Granados yJosé Muñoz Molleda, fotografía de Michel Kelber Cecilio Paniagua(B&W).

Imperio ArgentinaXan das BolasArmando CalvoJuan Calvo,Antonio CasasMarta FloresManolo MoránRafael Rivellesconformaban el reparto de este drama musical producido por Estudios Chamartín en el que dos mujeres (ambas interpretadas por Imperio) de distinta posición social, una tonadillera y una condesa, se ven envueltas en un enredo amoroso por su romance con un mismo hombre.

Hogar Francés

La Sociedad Francesa de Beneficencia se formó el 14 de julio de 1908 y con la donación de un terreno en la calle 7 entre 65 y 66 de La Plata, se fundó la sede social el 6 de abril de 1913, siendo su presidenta la señoraMarta Slurot de Ringuelet.

En los fondos de la Sociedad se construyó años más tarde el Hogar de Ancianas, que fuera donado por el gobernador Valentín Vergara, inaugurado el 21 de abril de 1930.

Se consideraba un hogar transitorio en paso al Asilo Marín. Pero, previamente, el 5 de octubre de 1926, por Ley 3896 de la Legislatura Provincial se sancionó la donación de un terreno de Tolosa, por parte del gobernador Vergara, ubicado en la manzana 29 (actual calle 1 y 532), con una superficie de 4413,08 m2.

Con el padrinazgo del gobernado y del intendente Antonio Schiaffino se inauguraron en diciembre de 1927 los 10 departamentos previstos y un año después finalizó la construcción de los cuatro restantes. Originalmente, los inmuebles fueron destinados a matrimonios inmigrantes y trabajadores de escasos recursos. En la actualidad funciona como Hogar de Ancianos.

El antiguo cementerio de Tolosa

Las continuas crecientes del Río de la Plata y la elevación de las napas aumentaban el riesgo del cólera, por esa razón Ensenada ya había establecido tres cementerios. Ante esta situación se solicitó al Gobierno provincial la autorización para construir uno más, el cuarto.

El plano y el presupuesto, obra del señor Pedro Benoit, fueron enviados el 16 de abril de 1872 al procurador municipal, señor Guillermo Walter. Fue aprobado por un costo total de $185.627. Se entregaron $15.000 para el contrato de obra y el Gobierno se comprometió a contribuir con $80.000, pagaderos en cuotas de $10.000.

El 7 de marzo de 1874 se concluyen las obras que ocupaban el predio comprendido entre las calles 522, 526, 118 y 120 (actuales) y se marchaba al cementerio por la calle de la Amargura, tal como denominaban los vecinos a la calle 118.

Funcionó hasta 1886, fecha en que fueron trasladados los restos reclamados por familiares a la nueva necrópolis de la flamante ciudad de La Plata y en el curso de 1902, la Municipalidad dispuso el traslado de los cuerpos no reclamados. A partir de ese momento el abandono y el paso del tiempo devastaron lo que quedaba.

Historias de Tolosa VII: la esquina de 1 y 528

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Recopilación por Oscar Labadie

En la esquina de 1 y 528 se levanta una vieja casona que data de los tiempos anteriores a la fundación de La Plata. Fue construida alrededor del año 1871. En esta esquina funcionó un bar con pensión llamado La Fonda.

El lugar estaba compuesto por un primer espacio poblado de mesas y sillas; escondido en un rincón se hallaba un reservado donde consumían los grandes estancieros o inversores del ferrocarril.

En la parte de atrás del bar se levantaba una modesta pensión con dos baños compartidos en el patio. De las siete habitaciones que este lugar albergaba, tan sólo dos eran de un nivel más importante, ya que eran de mayor comodidad y poseían baño privado.

Una historia muy arraigada señala que en el reservado de La Fonda era común ver al gobernador Juan Manuel de Rosas. Según esta historia, el “Restaurador de la Leyes” hacía un alto en su camino desde Buenos Aires hacia las lomas de la Ensenada para refrescarse y tomarse una copa.

En este solar vivió Eduardo Miche, un suizo originario de Berna que se desempeñaba como mayordomo general de la estancia de Iraola desde 1869 y fue director de las obras de forestación realizadas en el lugar. También se lo recuerda por haber sido quien en 1886 puso la piedra fundacional de la Helvecia Sociedad de Socorros Mutuos, conocida como Casa Suiza.

A solo un día de fundada la ciudad, el 20 de noviembre de 1882, se estableció en este lugar la primera sede de la sucursal del Banco de la Provincia de Buenos Aires.

Desde 1959 hasta el presente, la Vinoteca El Changuito le sigue dando vida a esta tradicional esquina, que hace algunos meses fue completamente renovada por artistas urbanos. Estos sellaron su impronta a cielo abierto con estilo tolosano, en el marco del proyecto Avenida de los Colores.

Historias de Tolosa VI: 47 años del Rotary Club local

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Recopilación por Oscar Labadie

El Rotary Club de Tolosa, desde que le fuera entregada su carta constitutiva por Rotary International en el año 1969, se ha destacado en el desarrollo de innumerables actividades.

En sus comienzos convocó a diversos historiadores para que determinaran la fecha de la fundación de Tolosa, que en ese momento estaba siendo discutida. También ha posibilitado que vecinos y profesionales accedan a diferentes tipos de becas que ofrecen la Fundación Rotaria y el Rotary International.

De esta manera el club cuenta en su haber con profesionales que han desarrollado estudios de perfeccionamiento en universidades de Alemania, Francia, España, Estados Unidos e Inglaterra, de los cuales algunos regresaron para aplicar los conocimientos adquiridos mediante actividades que permitieron transferirlos para el bienestar de la comunidad o el desarrollo científico en centros de investigación.

Otros participaron en becas de intercambio cultural con países como México, Francia, España y Australia. En esos intercambios el club recibió grupos de México, Francia, Estados Unidos, Australia, Tailandia, India, Italia, República Dominicana y Brasil.

Junto a la Comuna participó en la creación de la plaza con juegos “Los Carreros” en el barrio construido cerca de la salida de la autopista a Buenos Aires.

También a través del Rotary tolosano, La Plata sumó a su patrimonio escultórico una pieza muy particular: un reloj de sol que responde al anhelo de un socio fundador, el ingeniero Ricardo Ortiz que cuando viajó a Beniganim, un pueblo valenciano, quedó impactado por el “relotge ecuatorial” del lugar.

La máquina para medir el tiempo se instaló en el distribuidor vial Pedro Benoit, dentro del rulo que dibuja la vía que sale -en dirección de Ringuelet a La Plata- desde el distribuidor hacia la avenida 520.

El reloj de sol, que se usa desde tiempos inmemoriales, señala los momentos del día por medio de la iluminación de un cuerpo expuesto a la luz solar o por la sombra que ésta proyecta sobre una superficie.

La escultura de un diámetro de 5 metros y una altura de 5 metros, consta de dos piezas. Una es un cilindro de acero inoxidable con el calado de números y puntos (que marcan las media horas) que permite el paso de la luz. La otra, con forma almendrada, es de chapa, y constituye la base en cuya arista se proyecta la hora.

Este reloj solar, fabricado por expertos españoles que lo donaron a la Ciudad, se inauguró el día 15 de mayo de 2010.

Actualidad

En junio del corriente, a 47 años desde su fundación, la institución reveló en diálogo con El Día su estado crítico: “En los últimos tiempos la participación declinó, tanto que solamente quedan seis socios”. Aquellos interesados en conocer y acompañar las actividades que desarrolla, pueden visitar la Fan Page Oficial de Facebook.

Historias de Tolosa V: el misterioso barrio de las Mil Casas

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Recopilación por Oscar Labadie

El barrio de las Mil Casas, ubicado entre las calles 522 a 524 y 3 a 4, comenzó a tomar forma en el 1800, cuando arribaron en tren desde la Ciudad de Buenos Aires, vastos contingentes de albañiles para darle forma a las viviendas.

La presencia de los trabajadores llamó la atención de los vecinos pero no así de los funcionarios de rango en aquella La Plata, quienes aplicaban todo su esfuerzo al nacimiento de la nueva capital de la provincia de Buenos Aires.

Al poco tiempo de que hicieran su aparición en escena, comenzaron las especulaciones e intrigas con respecto a los albañiles: ¿cuántos eran?, ¿quiénes los mandaba?, ¿por qué venían?, se preguntaban muchos tolosanos mientras veían cómo se levantaba la construcción y, a pesar de que el diseño original contemplaba 216 viviendas, comenzaron a llamarlo el “barrio de las mil casas”, tal vez movidos por el temeroso respeto que generaba ese misterioso laberinto.

A partir de sus vinculaciones políticas, el potentado capitalino Juan de la Barra recibió el dato de que Tolosa sería cuna de numerosos contingentes de obreros inmigrantes mucho antes de la construcción de los galpones ferroviarios.

Con esa información, él y su esposa, la escritora Emma de la Barra, invirtieron capitales en la construcción del barrio que sería prontamente habitado por los trabajadores.

Pero los cálculos no resultaron según lo planeado. El barrio recién se terminó en el año 1882 y no fue habitado por los obreros que trabajaron en la construcción de los talleres del ferrocarril. Fue poblado, en parte, por algunos trabajadores inmigrantes que reparaban locomotoras y coches en los talleres y también algunos operarios de los Molinos La Julia.

La presencia de los inmigrantes y su asentamiento en el barrio de las Mil Casas trajo variados comentarios. Desde que allí se ocultaban ladrones y bandidos, a ruidos extraños en la noche, todo lo que se salía de los cánones de normalidad era fruto de lo que ocurría dentro de ese misterioso barrio.

Pero la preocupación no duró demasiado. Debido a los vaivenes de la economía, en 1905 los talleres de ferrocarriles fueron trasladados al barrio capitalino de Liniers y hacia allí se desplazó el numeroso flujo de inmigrantes. A las pocas semanas el barrio quedó completamente deshabitado.

Algunos vecinos señalaron que el repentino desalojo se correspondía con la presencia fantasmal de un viejo campamento indio a poca distancia de allí, pero lo cierto es que de ese cúmulo de dialectos y costumbres extranjeras sólo quedó silencio.

Mientras en Tolosa se multiplicaban las preguntas, en Buenos Aires las cuentas del matrimonio no cerraban. El crédito, que aún no se había terminado de pagar, fue una cuenta pendiente que Ema de la Barra, viuda desde 1904, no pudo saldar. Con los años, se fue alejando de los negocios.

El Banco Hipotecario decidió, en 1910, rematar la construcción de las Mil Casas. En aquel entonces resultó muy difícil encontrar un comprador y el barrio quedó, por largo tiempo, deshabitado.

Luego de varios años, un inversor compró la propiedad y allí se mudaron algunas personas sin hogar y también gran cantidad de vendedores ambulantes, muchos de ellos originarios de Medio Oriente, que vivían de vender en los edificios públicos de La Plata.

Este nuevo flujo inmigratorio trajo una nueva oleada de comentarios. Se decía que dentro de esas habitaciones se guardaba un arsenal de armas blancas, que sus habitantes eran profesionales en el manejo de navajas y que las canastas donde llevaban sus productos eran pura máscara.

Pasaron a ser delincuentes, traficantes, navajeros, pungas, cafiolos y prostitutas. Como consecuencia de la animosidad contra los vecinos de las Mil Casas algunos pasaron a llamar este barrio como “La Leonera”, y a señalar que cualquier hecho delictivo de la zona era un producto directo de la presencia de los inmigrantes de origen sirio-libanés o árabe.

Finalmente, Ema de la Barra, original propietaria de Las Mil Casas, se casó con el periodista y legislador provincial Julio Llanos y desarrolló una carrera como escritora, convirtiéndose en la primera mujer novelista de la Argentina.

Se destacó con la novela Stella, que fue el primer bestseller nacional. Atrás había quedado el emprendimiento que había iniciado junto a su difunto esposo y el recuerdo de un barrio que, con su presencia y mitos, trasformó la historia de Tolosa.

Historias de Tolosa IV: de ángeles y demonios

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Recopilación por Oscar Labadie

Dicen que en 1882, año de la fundación de La Plata, una bruja de la localidad de Tolosa le habría echado una maldición a la urbe todavía por construirse. Desde entonces, la ciudad y muchos políticos bonaerenses pagan las consecuencias.

La bruja había sido contratada por el entonces presidente de La Nación,Julio Argentino Roca, para que impidiera que el gobernador Juan José Dardo Rocha llegara al Poder Ejecutivo. Ambos aspiraban a la primera magistratura.

Cuando cayó la noche de la jornada en que se colocó la piedra fundacional, la bruja, acompañada por una decena de hombres, fue hasta el lugar y se robó unas botellas de vino y champaña que habían sido sepultadas con el propósito de que fueran desenterradas un siglo más tarde.

Bebiendo y girando en el sentido contrario a las agujas del reloj, echaron sus maleficios. El rito terminó con la mujer orinando sobre la piedra de fundación de la ciudad. Así, junto a la ciudad que nació meada, también germinó la “Maldición de los Gobernadores” que –según cuentan los que saben– no sólo alcanzó a Dardo Rocha sino también a Oscar Alende yAntonio Cafiero.

La maldición de la bruja tolosana impidió por más de un siglo que los gobernadores de la provincia de Buenos Aires llegaran a la Presidencia de la Nación. Las malas lenguas dicen que ―al final de cuentas― quizás no haya sido una maldición, sino todo lo contrario.

A mediados de 1999, en la Plaza Moreno de La Plata, un grupo de entusiastas peronistas hizo una ceremonia de exorcismo para romper con el hechizo y permitir que el por entonces gobernador Eduardo Duhaldelograra sentarse en el sillón de la Casa Rosada. En las elecciones presidenciales de 1999 fue derrotado por el luego presidente Fernando De la Rúa. El exorcismo fracasó.

Pero en enero de 2002, en medio de la crisis y con un Gobierno descabezado, la Asamblea Legislativa designó a Duhalde para que ocupase la Presidencia de La Nación. ¿La maldición estaba rota?

“Aquí haremos una escuela”, dijo el padre José Antonio Santolín, mientras señalaba el terreno ubicado en 115 entre 530 y 531, localidad de Tolosa, donde se jugaba a las bochas y al fútbol. Corría el año 1950. Poco tiempo pasó para que lo dicho se convirtiera en realidad. El 10 de marzo de 1957 sonó, por primera vez, la campana del colegio Nuestra Señora del Carmen.

El 14 de setiembre de 2005, 48 años después de aquel campanazo, Santolín falleció en la parroquia San Juan Bautista, de Florencio Varela. Tenía 96 años y estaba debilitado por la diabetes. El fundador del establecimiento fue párroco de Tolosa durante 41 años. La obra de Santolín dejó una marcada huella en La Plata.

En 1941, fue nombrado para trabajar en el Seminario platense; allí ocupó cargos de vicerrector, ecónomo y profesor. Nueve años más tarde, asumió como cura párroco en el Carmen. Santolín, con el apoyo de la comunidad, comenzó la edificación del colegio, con una pequeña guardería para chicos de 5 años. En poco tiempo, dejó inaugurado el jardín y el primario. El 19 de marzo de 1962, se inició el secundario en un aula de la escuela primaria.

El Padre Santolín había nacido el 11 de septiembre de 1909 en el pueblo de Creazzo, ciudad de Vicenza (Italia). A los 17 años, llegó a nuestro país acompañado por su madre y siete hermanos –el papá y otros cinco hermanos habían viajado antes– en 1926.

Ingresó al Seminario de Villa Devoto, donde terminó sus estudios secundarios, de Filosofía y Teología. Se ordenó sacerdote el 19 de diciembre de 1936. La primera misa la celebró el 25 de diciembre de 1936 en la actual Catedral de Quilmes. Y su primer destino parroquial fue la Catedral de Mar del Plata. Luego volvió a La Plata, y permaneció en el colegio del Carmen hasta 1990, cuando pasó a Florencio Varela.