Carta abierta al arzobispo sobre el caso de Lorenzo

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Mediante un intercambio epistolar, el viernes pasado Eduardo Lorenzo renunció a la designación de Víctor Fernández ante un grupo de madres previamente citadas y finalmente no desembarcará en Tolosa, aunque continuará cumpliendo tareas en la parroquia de Gonnet.

En compañía de su abogado, el polémico presbítero habló de una campaña de difamación en su contra, mientras que el arzobispo defendió su “buena fama”. La comunidad de la Iglesia Inmaculada Madre de Dios difunde por estas horas un comunicado en las redes sociales considerando que “no puede seguir a cargo de una iglesia y una escuela un hombre acusado de abuso”.

“En Gonnet tampoco te queremos. Hace años pedimos que se vaya un cura con causa por abuso. Por favor, al obispo le pedimos que de una vez piense en la comunidad”, expresa la publicación que cosechó varias adhesiones.

En tal marco, Julio César Frutos, quien denunció el abuso sexual del menor –su ahijado católico– ocurrido en 2008, hizo pública una carta dirigida a monseñor Víctor Fernández aclarando la sucesión de hechos y solicitándole “ayuda” para resolver “el dilema moral” en el que se encuentra como “laico comprometido con el trabajo pastoral”.

La Plata, febrero de 2019

Leyendo las cartas que intercambiara con el presbítero Eduardo Lorenzo en ocasión de la infortunada asunción del mismo en la comunidad de Tolosa, he sentido la imperiosa necesidad de escribirle rogándole permita que me sumé al esfuerzo que viene haciendo por entender esta antipática situación.

Se muestra usted sorprendido por la finalidad que podrían perseguir aquellos que motivan reclamos de este tipo y coincide con el presbítero Eduardo en qué son causados por un marcado espíritu de difamación y voluntad de calumniar e injuriar su trayectoria sacerdotal y su buen nombre.

Aun cuando no he participado de los reclamos públicos y recolección de firmas, no puedo desconocer que soy el autor de ambas denuncias que pesan contra el presbítero, una judicial y otra eclesiástica. Tampoco diré que desde que ocurrieron los hechos que las motivaron no haya hablado de los mismos con cuanta persona me haya preguntado o haya mostrado interés sobre esta problemática.

Sacerdotes, obispos, religiosos, laicos y seglares han recibido oportuna e importunamente noticia de lo sucedido. Siempre en términos objetivos brindando datos y no opiniones que, como sabemos suelen estar impregnadas de una alta subjetividad.

Ya a más de una década de todo ello debo decirle que me resulta una pesada carga de la que en más de una ocasión quise desprenderme. Pero simultáneamente se plantea el dilema moral de cómo hacerlo ya que huir de la verdad nunca es neutro y uno termina sintiéndose peor que antes. No nos fue grato a los involucrados en este problema acusar a un sacerdote, menos siendo laicos comprometidos con trabajo pastoral, es cómo hacerse violencia contra uno mismo.

Pero debo decirle que cuando leo cómo el canónigo Eduardo le sugiere la forma de sanar la coyuntura en bien de la tarea evangelizadora que debe realizar, se me ocurrió pedirle que como padre común de ambos (él denunciado, yo denunciante) me regalé a mí también el consejo apostólico para mi situación.

Con mi esposa integramos una pastoral diocesana y llevamos a cabo desde hace 15 años una intensa labor evangelizadora a la que aplicamos nuestros talentos y nuestros recursos.

Me pregunto cómo debiéramos continuarla sobre todo en aquellas comunidades en que sus sacerdotes confundiendo el ambón con una tribuna nos tildan de mentirosos y calumniadores, actuando más como barrabravas de la fe antes que pastores de la verdad y la caridad. Peor aún, cuando quienes los escuchan acrecientan su curiosidad y sus preguntas sobre el tema.

El trabajo lo llevamos a cabo con esfuerzo y alegría pero es cierto que puede verse muchas veces empañado por la situación personal que nos atraviesa. Si bien la alegría la obtenemos de anunciar y no de denunciar, las denuncias se hacen de una vez y para siempre salvo que uno advierta que estuvo equivocado, en cuyo caso puede y debe ser reparada por todos los medios necesarios pidiendo el perdón correspondiente a los afectados.

Cuanto más hemos recorrido, hablado y escuchado, más confirmamos nuestra postura. Y entonces la tarea evangelizadora se da de patadas con la obligación de vivir en la verdad y terminará apareciendo como un desestabilizador, un difamador o un vengativo.

Está grave dicotomía no admite un irenismo tranquilizador que lleve este problema nuevamente bajo techo. Esta disputa ha quedado a la intemperie y quizás sea mejor que no vuelva a ser un asunto manejado privadamente y en voz baja sino una solución alcanzada a la luz del día.

Su consejo apostólico mucho puede colaborar a enriquecer también a aquellos que sin ser parte directa de este problema lo observan con atención. Siempre me he preguntado con persistente inquietud cómo nos miran todas aquellas personas no practicantes o increyentes que llevan una vida ética regida por los valores fundamentales del bien, la belleza, la bondad, la solidaridad y el respeto. Qué pensarán de nosotros cuando nos ven filtrar el mosquito y tragar el camello.

Le ruego me aconseje, me corrija fraternalmente, me oriente para no quedar entrampado en la necia postura de los criticones ni en la censurable de los hipócritas.

Desde que usted ha llegado a la diócesis hemos intentado los afectados por este problema hablarle del mismo, contarle cuánto sabemos y escuchar su orientación. A varios sacerdotes les hemos pedido que le transmitan esta inquietud porque es algo que nos preocupa, por eso celebro esta oportunidad y este pedido sabiendo que aplicará además para todos aquellos que quisieran denunciar en el futuro situaciones de esta especie.

Las víctimas de abuso sexual son personas arrojadas a un pozo ciego existencial. Depresión, adicciones y tentativas de suicidio, serán algunos de sus compañeros de camino. Uno de los grandes impedimentos que encontrarán para salir de ellos será la falta de credibilidad que le ofrecemos generalmente. No ser creídos es uno de los principales motivos de la revictimización.

En tensión con ello aparece el reclamo de los acusados acerca de su buena fama, que generalmente confirmamos con mayor facilidad y rapidez. Ya no es sólo un abusado ahora es también un mentiroso, un dañino provocador de la buena fama de personas valiosas. No es raro que respondan con silencio y automutilación.

Como mantengo la promesa bautismal de morir dentro de la madre Iglesia, me permito hacerle este entrañable pedido de ayuda que ningún imbécil debiera confundir con un airado reclamo: dígame monseñor su consejo pastoral y paternal.

Para que discierna y juzgue le arrimo la información del caso consistente en datos y no en opiniones. De su veracidad y comprobación me hago responsable para disipar tanta confusión publicada y publicación confusa.

De las causas por abuso sexual

Denuncia ante el arzobispado 11 de mayo de 2008

Denuncia ante la fiscalía 20 de agosto de 2008

Archivo causa 26501 9 de enero de 2009

De las pruebas en la causa penal

He formulado denuncia en la fiscalía y explicitado mi conocimiento de los hechos

Ha prestado declaración testimonial la víctima

Han prestado declaración testimonial pluralidad de personas con diferente relevancia

Uno de los testigos refirió situaciones de índole sexual con menores por parte del presbítero Lorenzo en el ámbito de otra parroquia

No se han llevado a cabo pericias de ningún tipo

De la resolución de la causa penal

El 9 de enero de 2009 fue archivada por “no existir elementos suficientes que permitan acreditar la existencia del hecho ilícito investigado en autos…”

De las pruebas en la causa eclesiástica

Nunca he sido citado por el tribunal eclesiástico a declarar en esa causa o a ratificar y/o ampliar el escrito de denuncia

Nunca ha sido el menor víctima citado para ser oído o evaluado pericialmente

Nunca he sido notificado de algún pasó o estado procesal de dicha causa hasta que pedí el informe del 6 de septiembre de 2018 al arzobispado

Nunca ha sido citado a declarar por el tribunal eclesiástico el testigo que en la causa penal refiriera haber visto conductas sexuales del sacerdote denunciado con menores a su cargo en un campamento

No me consta que sobre el sacerdote denunciado se haya realizado pericia psicológica o médica

No me consta que se haya hecho inspección ocular alguna sobre el escenario de los hechos denunciados

No me consta que sobre los otros menores expuestos al abuso sexual se haya hecho exploración o comunicación familiar preventiva de alguna clase

De la resolución de la causa eclesiástica por abuso

Con fecha del 6 de septiembre de 2018 el tribunal interdiocesano platense me informa que:

“Luego de un análisis exhaustivo de los elementos que obraban en la investigación canónica no hemos llegado a la conclusión de que hubiera habido comportamientos que tuvieran que ver con abusos sexuales…”

“El resultado de la investigación fue descartar la comisión ‘delicta graviora’ por parte del presbítero Eduardo Lorenzo. Sin embargo se le ha impuesto una reprensión canónica por sus modos en el trato a algunas personas por lo que ha sido llamado a la prudencia a la ejemplaridad de la labor pastoral y se lo ha instado a evitar todo tipo de situaciones equivocadas que puedan dar lugar a malos entendidos o sospechas”.

Del menor víctima

Al menor víctima lo conocimos a los 12 años en situación de calle

Lo hicimos bautizar a los 14 años de edad en la parroquia de Gonnet

Mi esposa y yo fuimos sus padrinos

Nunca fue alumno del Colegio Vaticano II

Era residente interno del Hogar Los Leoncitos al momento de los hechos

Era acólito de la parroquia Inmaculada Madre de Dios colaborando en las misas y en los casamientos

Contaba al momento de la llegada del presbítero Eduardo a la parroquia de Gonnet con 16 años de edad, y con 17 al momento de sendas denuncias

Aguardo esperanzado su respuesta, que mucho le agradeceré sea por este mismo medio para evitarme el costo de una nueva publicación. Con respetuoso afecto lo saludo y encomiendo

Licenciado Julio César Frutos.

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