Historias de Tolosa: Manolo Panizzo

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Entrevista de Oscar Labadie publicada el 30 de mayo de 2016

Cuando llegué a Tolosa tenía 16 años y a los 18 puse la verdulería en 2 529 y 530. Venía de vivir en el mercado viejo que estaba en 49, yo vivía en 49 entre 3 y 4, al frente. Después nos mudamos porque mi padre compró acá en 1945.

A los 19 años me casé con mi novia, a la que ya había conocido mientras vivía en 49. Empecé a conocer el barrio, eran todos clientes míos y yo era cliente de todos ellos. Yo siempre compré todo en el barrio, no me iba del barrio para comprar.

En esa época estaba el tranvía, pasaba el tranvía 1 y el tranvía 2, también pasaba el 3 pero con menos frecuencia. El micro 20 paraba en la calle 528 y 1, en la Estación. Trabajé 36 años con la verdulería, después la tuve que cerrar porque me enfermé del corazón, no podía hacer fuerza, y me puse una agencia de lotería.

En aquella época estaba Ohan en la esquina, estaba Panei, estaba Sister con la farmacia, me acuerdo de toda la gente. Tenía clientes muy buenos, los trataba a todos muy bien, tenía mucha gente.

A la gente que no podía comprar le regalaba. Los recuerdo a todos con afecto. Si uno le da confianza al cliente, el cliente toma esa confianza y la devuelve. Generar confianza es lo que necesita el comerciante para abrirse camino.

En los tiempos de la verdulería íbamos a las 2 de la mañana al mercado a buscar la fruta para tener preparado el local a las 5. Iba y volvía en bicicleta. La mercadería la hacía traer en un carro que alquilaba. Tenía un carrero que me traía la mercadería. Esto lo hacía todos los días, lloviera o no lloviera, con frío o con calor.

Me acuerdo de la huelga de los ferroviarios, los echaron a todos, no les pagaban, como no cobraban no tenían para comer, yo le daba fiado a todos anotando con una libreta, los ferroviarios ganaron la huelga, los volvieron a reincorporar, cuando se levantó y cobraron, vinieron todos a pagarme.

Todo el barrio obrero era cliente mío, les daba una libreta y me debían, pero como yo no tenía plata compraba fiado en el mercado, así que cuando me pagaron los ferroviarios recién le pagué al mercado. En esa época tenía 20 años.

Yo me casé temprano, tenía que ir al servicio militar, no tenía a nadie para dejarle el negocio, mi novia quedó huérfana y a cargo de varios hermanos más chicos. Esto apuró el casamiento, mi señora se quedó con el negocio y mis hermanos le traían la mercadería.

Cuando volví del servicio seguí trabajando cada vez mejor, cada vez tenía más clientes. Me junté unos pesitos y me compré una camioneta, la compre barata, la camioneta estaba llena de injertos, tenían el motor de un Chevrolet, el cigüeñal de un Ford, era cualquier cosa. Un mecánico la había armado de a partes. Con el tiempo la vendí.

Yo alquilaba una casa y le pregunté al dueño si la quería vender, me dijo que la vendía. Como la camioneta la podía vender por 10 mil pesos, le dije al dueño que tenía eso para entregarle y después el resto se lo podía pagar en cuotas.

El dueño aceptó vendérmela. Me quedé sin la camioneta pero tenía mi propia casa. Le pagué las mensualidades haciendo los recibos, todos los meses, en un papel común escrito sobre la mesa. Nada de escribanos ni de esas cosas.

Seguí trabajando y volví recurrir a los carros que se alquilaban en el mercado. También empecé a trabajar en un restorán sin cerrar la verdulería. Trabajaba por la tarde mientras mi señora seguía atendiendo.

Iba a las 2 de la tarde, me quedaba hasta las 10 de la noche. De manera que dormía menos de tres horas por día, porque a la una me tenía que levantar para ir al mercado. Pero no aguanté mucho tiempo así, sólo unos meses. Me estaba pasando con el trabajo.

Entonces me tiré un lance y le pregunté a mi socio si me vendía su parte. Y me la vendió. Así me quedé con la verdulería. En esa época había mucha venta, se podía juntar dinero, por eso se la pude pagar, en cuotas.

Yo tenía mucho conocimiento del mercado, sabía a quién comprarle, sabía a quién pedir fiado, a quien le podía pagar y cuando no podía hacerlo. Como yo había trabajado en el mercado me conocían y eso me permitía llevar cajones fiados porque me tenían confianza.

Después que me operaron del corazón cerré la verdulería y empecé a vender prode en el tiempo en que el prode hacía furor y después pasé a la lotería.

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