Historias de Tolosa: Mirta y Miguel de El Principito

0
729

Entrevista de Oscar Labadie publicada el 3 de octubre de 2016

A Mirta Ucar

Yo nací en Tolosa. Mis abuelos maternos, Amalia Ferreti y Atilio Spadari, vinieron de Italia escapando de la guerra y vivían en 4 y 530, en la esquina. Allí vivieron hasta que murieron. Después la casa se vendió.

Mi abuela tenía un almacén de ramos generales. En ese almacén jugué y recontra jugué durante mi infancia. Mi abuela era chiquitita como yo. La vida tiene vueltas, yo soy chiquitita como mi abuela y jamás creí que iba a tener un kiosco de ramos generales como ella tuvo.

No pensé que iba a terminar por tener un negocio. Así que soy como mi abuela: chiquitita y con un negocio de ramos generales. Con ese almacén mis abuelos criaron a sus hijas: mi mamá Flora y mi tía Irma.

Mis abuelos paternos vinieron de España. A mi abuelo Ucar no lo conocí porque murió joven. A mi abuela paterna si la conocí, se llamaba María Font.

Mi papá, José María Ucar, era el más chico de cinco hermanos que vivían en 3 y 527. Trabajaba en Swift de Berisso por la mañana, por la tarde trabajaba en el Ministerio de Educación. Era un petizo laburador y chinchudo, que quería mucho a su familia, que le gustaba mucho reunirse, que le gustaba la unión de la familia y amaba a sus nietos. Él nos enseñó la unión.

Antes de jubilarse se recibió de pedicuro, después de jubilarse trabajó de pedicuro hasta los 80 años en el gremio de Soeme. Mi mamá se llama Flora Augusta Spadari y tiene 91 años.

Tenía un hermano que falleció a los 47 años, Pedro Atilio Ucar, que tenía muchos amigos varones en el barrio. Era amigo de Tancredi, Rodaelli, Coscaron, Cacho Rollia, Toisi. Todos vinieron a mi cumpleaños de quince, no por ser amigos míos sino por ser amigos de mi hermano.

El primer y segundo grado lo hice en Escuela 31, después me pasaron a la Escuela del Carmen, donde estuve hasta primer año de la secundaria. Eran muy estrictos, no nos dejaban usar flequillo, no nos dejaban usar el pelo suelto, no permitían que ningún novio nos fuera buscar a la puerta, era obligatorio usar una vincha gruesa y marrón.

Mi papá me hizo entrar al Normal 1 al pasar a segundo años de la secundaria. Salí de un lugar chiquitito y llegué al Normal que para mí era como una gran ciudad. Me costó adaptarme pero me fue bien.

Era amiga de Liliana Morales, la única amiga del barrio, porque al ir al Normal empecé a formar las amistades en el Colegio, después cuando fui al Instituto mis amigas eran del Instituto.

Salí como maestra normal del Colegio y seguí estudiando “Irregulares Sociales” en el Instituto Superior de Enseñanza Especial. Era para trabajar en cárceles. Era idealista y quería ayudar a todo el mundo. Cuando me recibí nunca encontré trabajo en ninguna cárcel y me dediqué a los chicos de la primaria con dificultades de aprendizaje.

En la Tolosa de mi infancia había mucho barro, enfrente de la casa de mi mamá era todo tierra, todo campito, que se inundaba, había zanjas grandotas, en las que mi hermano se caía. Cuando llovía todos los varones se ponían la capa y las botas para ir a jugar en el agua y el barro.

Por eso a mi papá le gustaba el progreso, para él progreso era el asfalto, la cloaca, el agua corriente, la luz, los edificios altos, el progreso eran las cosas que no existían. Ahora vemos el progreso al revés: más paz, más tranquilidad, más espacio. Me acuerdo que habían montones de ranas, venían a cazar ranas al campito estaba enfrente de la casa de mi mamá.

Cuando mi novio ingresó a Tolosa a través de conocerme mí, mi papá, a pesar de ser reacio con la “nena”, no tuvo ningún problema en que se integrara a la familia.

Miguel era un estudiante que dejó de ir al comedor universitario del Bosque y empezó a venir al comedor universitario de Tolosa. Después de un año y medio de noviar con Miguel me casé con él sin pensarlo. Tuvimos tres hijas y hoy tenemos nueve nietos.

A Miguel Cabrera

Yo soy de Paraguay, nací en un pueblo que se llama Piribebuy (sombrero liviano, significa) que está a unos 50 km de Asunción. Mi papá era carpintero y tornero mecánico. Éramos 11 hermanos. Eran comunes las familiares numerosas porque Paraguay después de la guerra de la Triple Alianza y la guerra del Chaco quedó diezmado de hombres.

A mí me mandaron con mi hermana mayor a vivir con mis abuelos, que eran de origen suizo, Salder de apellido. Tenían una especie de granja en un pueblo que se llama Cerro León. Mi abuela era como una especie de enfermera, tenía mucho conocimiento de medicina. Estuve con ellos hasta los nueve años. Después me fui con mis padres a Asunción.

En Asunción empecé a ir a un colegio salesiano, pero al poco tiempo elegí ir a lo que se llama al aspirantado que está en Ypacaraí, es una etapa previa del ingreso del seminario. Era una escuela agrícola en la que se hacía un secundario muy cargado, con mucha enseñanza religiosa. Estuve ahí dos años.

Entonces mis viejos se vinieron para la Argentina, yo tenía 11 años. De los 11 hermanos quedan 8 vivos, todos están en la Argentina. Aquí hice el secundario en Ciudadela, en un Instituto llamado Padre Elizalde, donde me recibí de perito mercantil en 1964. Después empecé estudiar ingeniería en la UBA, pero me vine a La Plata a continuar la carrera de ingeniería química.

Iba bien con el estudio en la UBA, pero tuve un accidente ferroviario, venía en un micro semi vacío de jugar al fútbol en un campeonato y nos agarró un tren. Sólo sufrí unas escoriaciones, pero me afectó bastante psíquicamente.

Empecé a no dormir, dejé de estudiar, me peleé con una novia que tenía entonces, estuve mal hasta que me agarró una doctora amiga de mi viejo que me hizo un tratamiento de psicoterapia y me recomendó que viniera a estudiar a La Plata.

En 1964 empecé a estudiar la carrera de ingeniería en La Plata y también vine a trabajar. Yo trabajaba en Buenos Aires, en San Justo, en una gomería llamada Mariano Acosta asociada a Cincotta. Para estudiar acá me pedí el pase.

El gerente de la sucursal de la Plata, Carignano, me recibió encantado y me dio la posibilidad de poder trabajar y estudiar al mismo tiempo. Carignano es una muy buena persona, que me ayudó mucho. Como estaba full time en el trabajo para cursar se me hacía complicado.

Carignano me dio la posibilidad de salir a la calle como vendedor de neumáticos y eso me dio horarios más flexibles para cursar. Al tiempo me pasó como cobrador para darme más flexibilidad aún. Ya no dependía del horario del comprador, solo tenía que ir a cobrar, a cualquier hora, en los domicilios.

En 1971 conocí a Mirta en el Almacén San José. En ese entonces yo iba al comedor universitario y tenía problemas estomacales por las milanesas grandotas y negras que comía ahí, riquísimas, pero que me hacían mal.

Cuando conocí a Mirta empecé a frecuentar su casa, iba a almorzar los domingos, a veces los sábados, incluso durante la semana. La familia de Mirta me recibió con los brazos abiertos, especialmente mi suegro, José Ucar. Al año y medio de andar de novios le dije a Mirta si quería casarse y nos casamos pero ella todavía no sabe cómo se casó.

Cuando terminé de estudiar conseguí trabajo en Varadero y nos fuimos para allá. Estuvimos ocho años allá. Después nos fuimos para Buenos Aires, para trabajar en Dock Sur, en el puerto. Mientras tanto estuvimos construyendo una casa en Tolosa con un préstamo hipotecario en un terreno que era un regalo de casamiento del padre de Mirta.

Cuando terminamos la casa nos vinimos a Tolosa pero yo seguí trabajando en Buenos Aires. Ya habíamos tenido tres hijas. Después de haber estado 12 años en Dock Sur, en la época del “Charlie” (Menem) un buen día nos enteramos que la empresa en que trabajábamos empezó a dar de baja a la gente, entre ellos a mí que estaba cargo de la gerencia de mantenimiento. Tenía 47 años.

Intenté reacomodarme, primero probamos con una ferretería, que estaba en la calle 2, al lado de Villar. Queríamos comprar el local al dueño (Alonso) pero él sólo quería alquilar. No llegamos a un acuerdo. Después apareció la oportunidad de “El Principito”, que en ese entonces el dueño era Ricardo Galván.

El local estaba en donde hoy está la bicicletería, en 2 entre 529 y 530. En diciembre de 1993 concretamos la compra del fondo de comercio. Galván fue muy macanudo con nosotros, nos enseñó a manejar el negocio.

No teníamos ni idea de cómo se hacía. Yo había andado mucho en la calle, fui vendedor de neumáticos, vendedor de rifas, vendedor de un montón de cosas pero nunca había tenido negocio.

Sabemos que “El Principito” antes estuvo en la esquina de 2 y 530, donde ahora está la pollajería. Ahí atendían los papás de Ricardo Galván. A los dos años compramos la casa de enfrente, donde actualmente está “El Principito”. Se la compramos a De Gaetan, el hermano del herrero. Nos mudamos ahí en 1994.

“El Principito” siempre anduvo bien pero a base de mucho esfuerzo. Es un negocio de ramos generales. La idea es que lo que el cliente busca lo encuentre en nuestro negocio. Por supuesto no podemos diversificarnos totalmente. Pero escuchamos lo que pide el cliente y si lo que pide no lo tenemos vamos a Buenos Aires y lo buscamos hasta que lo encontramos.

A veces recorremos 25 o 30 negocios en Buenos Aires para encontrar algo que pidió un cliente. No tenemos un solo proveedor sino muchos para poder ofrecerle al cliente diversidad en lo que busca. Pero para lograr esto hay que hacer un gran esfuerzo.

Hay que tener diversidad en la mercadería, no podemos vender siempre la misma tasa o el mismo modelo de cartera. Además es importante saber cuánto quiere gastar el cliente en el producto y hay que buscar un producto de ese precio para vender. Hacer un stock variado lleva años de trabajo.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here