Historias de Tolosa: Nelson “Teco” Sosa

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Entrevista de Oscar Labadie publicada el 20 de mayo de 2016

Mis cuatro hermanos y yo nacimos en Tolosa. Mi padre era el comisario de la sección Sexta. Yo soy el varón más chico, tengo 76 años, y me queda una hermana que tiene 86. De mis 76 años estuve en la calle 66 años. Ya de chico caminaba la calle, porque me gané la vida repartiendo leche, repartiendo hielo, vendiendo soda, vendiendo pan.

Siempre me rebusqué el pesito, porque éramos muchos hermanos y si bien no faltaba plata, la calle me gustó tanto que optó mi papá por hablar con el panadero Galarza de 530 y 115 bis para que yo me gane el peso.

Barrí la cuadra de la panadería, después repartí con la jardinera a caballo, repartí hielo, vendí pavos en la calle, yo hacía todo esto debido a que, como era chico, me iba todos los fines de semana al Cine Tolosa. Me gustaba ver las películas, y así tenía el pesito para pagar la entrada, para tomarme una sidra y comerme un sanguchito de mortadela o de salame a la salida del cine.

Hasta fui monaguillo de la Iglesia pero el cura siempre me decía: “Sosita, ¿qué pasa que no venís muy seguido a misa?”. Y yo le contestaba: “lo que pasa, padre, es que yo trabajo”. Y el cura me decía: “pero vos solamente venís cuando hay casamientos para que te den la moneda” y yo le contestaba: “si padre, desde ya, porque uno la precisa, ¿sabe?”. Pero aparte de precisarla mi padre me enseñó que más vale pedir que robar.

Yo me hice en la calle. Yo te puedo hablar de Tolosa porque la conozco, te puedo contar que en doscientos metros había 32 negocios; en dos cuadra. De 528 a 530 sobre la calle 1, había negocios de ambos lados de la vía.

A la fonda de Adolfo Dalguisio en 528 y 1, le decían “El Vómito”, porque todos los borrachines se descomponían y se iban afuera a vomitar, entonces el patrón los llamaba, le daba jabón y escobas y los hacía barrer la vereda porque sino no entraban más clientes al bar. Yo me acuerdo porque entonces tenía 10 años.

Estaba el bar de Adolfo, al lado estaba el Polivalente, que era la sala médica de Tolosa, la que atendía los primeros auxilios, al lado estaba una mujer que era costurera y peluquera a la vez, tenía un negocio chiquito, al lado estaba la Comisaría, al lado de la Sexta estaba el Correo, al lado del Correo estaba Angelito Labombarda, el verdulero.

Ahora vamos a arrancar de 529 a 530 sobre 1, estaba la tienda de Deschi, la zapatería de Verti, al lado de Verti estaba mi abuelo Francisco Cuiña que tenía una carnicería, al lado estaba Nelson Vechio que era mi padrino, tenía una fábrica de pan de miga, al lado estaba Rapan con una tienda, estaba Armando que era un supermercado chiquitito, al lado estaba la carnicería de Rivaneira.

Así que tenemos 13 negocios en dos cuadras, comenzando del lado del Bar de Dalguisio, de este lado de la vía. Cruzando la vía, a partir de 528 y 1, estaba El Obrero, donde encontrabas desde una aguja para destapar los calentadores a kerosen hasta un elefante.

Había de todo ahí, al lado estaba Areas, un peluquero, al lado estaba Gino Casi, un hombre que vendía ladrillos, al lado de ahí estaba la Biblioteca Mariano Moreno, al lado estaba Manuel Carvallo, el ferretero, al lado estaba Rossi, el odontólogo, al lado estaba la zapatería de Guri, y al lado estaba don José Villegas que tenía un almacén.

Ahora seguimos en 1 de 529 a 530, del otro lado de la vía, estaba la farmacia de Pichinini, el quiosco de Testa, al lado estaba Excelsior, una rotisería, al lado estaba el doctor Neri, al lado del doctor Neri había otra peluquería, la de Paoli, al lado de la peluquería de Paoli estaba el quiosco de la Rusa, y al lado del kiosco de la Rusa estaba la zapatería del marido.

Al lado de la zapatería del marido de la rusa estaba Aguirre, que era la panadería, al lado estaba el Partido Radical, al lado había un bazar, y al lado del bazar estaba el bar de Garbarena, la competencia del bar de Dalguisio. Si sumamos son 32 negocios.

El puente tiene 18 escalones por mano, 18 y descanso, 18 y descanso, tiene cuatro subidas, dos a los costados y dos que dan a la estación. Una calle empedrada tiene de cordón a cordón: de 35 a 36 piedras. ¿Las contaste alguna vez? Contalas y vas a ver que es así.

Estaban las paradas de los policías en el radio del barrio de Tolosa. En las paradas de la ronda los policías tocaban el silbato cada hora. De esa manera se transmitían que el barrio estaba bien. Las paradas estaban en 528 y 3, la de 528 y 118, la de 118 y 32, la de 531 y 115 bis, y había una más en 1 y 530.

La ronda era así, por ejemplo, a las 12 de la noche una le transmitía a la otra, con el silbato, que todo está bien, y así sucesivamente, entonces iban rotando, cuando una parada tenía la seña de que todo estaba bien caminaba hacia la siguiente parada; el que había estado en la siguiente parada caminaba hasta la que era su siguiente.

Por eso se le decía la ronda, los policías terminaban dando una vuelta completa cambiando de parada cada hora, y así siempre el barrio estaba protegido.

Gracias a esa protección permanente se podían dejar todas casas abiertas y a nadie le tocaban nada. Si había dos vecinos y uno estaba haciendo pasteles y el otro estaba haciendo tortas fritas se pasaban los platos.

La comida de los domingo, que era puchero y esas cosas, se la pasaban unos a otros para probarla, así era la amistad que había entre los vecinos. Esto se perdió todo, desgraciadamente.

Entré en el ferrocarril en el año 1959, ahí conocí mucha gente tolosana y también gente de afuera. Siempre me crié rodeado de gente grande, mi padre me decía: “sabé escuchar y después retené, porque el ser humano tiene dos cosas: retentiva visual y retentiva mental”.

Hay personas que no son inteligentes y tienen retentiva visual, miran una cosa fijamente y pasan los años y se la acuerdan. La gente que tiene retentiva mental se acuerda de lo que ha escuchado, hay gente muy inteligente y gente que no lo es, la gente que no es inteligente se apoya mucho en la retentiva visual, la gente inteligente tiene retentiva mental.

En el ferrocarril he trabajado con las máquinas de carbón, con las máquinas de petróleo, con las máquinas eléctricas, trabajé con todas las máquinas, máquinas cuyos rodados eran más grandes que yo. He caminado mucho estando en el ferrocarril, he ido por todos lados.

Esa gente mayor con la que me juntaba me enseñó que hay dos caminos en la vida, el del estudioso y el del trabajador, aunque pueden hacerse las dos cosas a la vez, pero antes como se necesitaba el dinero por lo general de 100 personas había 70 que optaban por el camino del trabajo.

En 1962, trabajando de ayudante de maquinista, me bajé en la entrada de Avellaneda, porque el tren paró por señal. Me bajé de la máquina y mi socio me dijo “¿adónde vas?” Le contesté “me voy con la hinchada de Gimnasia” y lo dejé sólo.

Me separaron del servicio por ir a ver a Gimnasia, me echaron. El tren quedó parado, el otro tuvo que pedir un relevo, no podía seguir sin ayudante. Jugaba Gimnasia y Racing, ganó Gimnasia tres a cero. Tenía 23 años. Mi pasión por Gimnasia era y es más fuerte que yo.

Mi hermano me hizo de Gimnasia. Un día me llevó a pasear al lago del bosque, yo tenía 10 años, y me dice “vení, acá está el zoológico”, fuimos a mirar los animales y se sentían gritos.

Me acuerdo de esos gritos y han pasado 66 años. Le pregunto a mi hermano “¿esa gente que grita dónde está?” Y mi hermano me dice “ahora vamos ahí a donde está esa gente gritando, a la puerta del Club Gimnasia, te voy a mostrar la cancha del Lobo, porque vos vas a ser tripero”.

Mi hermano era tripero a muerte. Cuando me llevó y vi la gente en la tribuna sentí una sensación de alegría inmensa. Era verano, hacía calor y de afuera miraba la gente desde abajo, a través de los tablones de madera.

Vi que la gente le hacía cuatro nudos al pañuelo y se lo ponía en la cabeza por el sol. Yo vi a toda la gente con los pañuelos anudados en la cabeza y gritando “Gimnasiá, Gimnasiá, Gimnasiá”, y me pegué al club para siempre.

Yo jugaba bien al fútbol, pero era vagoneta, me gustaba mucho la noche, me gustaba salir de parranda, jugaba de win izquierdo, pero no era constante. En la Iglesia del Carmen hacían un campeonato de barrio que nunca perdimos jugando para el equipo de la Iglesia.

El equipo estaba conformado por: Núñez, González y Deschi, el Piquito Bom, López, Ramírez y yo. Nos hacíamos los pases sin mirarnos. Éramos una máquina de hacer goles. Siempre salíamos campeones.

En 1963, con Miguelito Manopla, me robé un mono de zoológico, entramos al zoológico, le pusimos una bolsa de arpillera, fuimos a la casa de un amigo veterinario, el veterinario le dio una inyección, el mono se durmió, me lo llevé a casa, le puse la camiseta de Gimnasia y una cadena.

Me fui a la estación de La Plata, lo subí arriba del techo del tren, el mono estaba dormido, parecía una momia, pero después se despertó y viajó en el techo del tren. Por esto salí en los diarios, porque cuando llegamos a la cancha de Quilmes el mono se me escapa mordiéndome la mano, todavía tengo la cicatriz. Y el mono empezó a saltar por todos los palcos.

Se pasaba de palco en palco hasta que lo agarraron los bomberos y a mí me llevaron en cana. Laureano Durán, el presidente de Gimnasia, y Bejarano que era el vicepresidente, fueron los dos que hicieron las gestiones para que recuperara la libertad. Pero lo importante es que esa tarde Gimnasia ganó. En el libro de Rafael Tom que se llama “Leyendas del Bosque” cuenta esta anécdota en la página 115.

Acerté al 209 en la quiniela, gane 100 mil pesos, con eso comprabas media casa entonces, pero yo compré una bandera de Gimnasia de media cuadra para la hinchada, y después le pagué 100 entradas a los hinchas de Gimnasia que no tenían plata.

Yo he sido un vago, pero un vago decente, a mí me aprecia mucha gente a medida que pasan los años, lo sé por los comentarios que siento. No soy un sinvergüenza, soy bueno, porque mi padre y mi madre me dieron educación.

Vos podés ser vago, pero tenés que ser bueno para ser vago, respetuoso, tenés que llevar la bandera del respeto en la mano para poder salir a la calle de vago y no terminar mal.

Mi viejo me decía que no me haga problemas en la vida porque de ella vas a salir sin vida, vas a morir algún día y con la plata tenía que tener cuidado, porque por la plata se pierden los amigos y la familia. La plata es como la vida: se gasta pero no se tira.

Yo tengo el roce de la calle, la conozco a la calle. Me da pena la juventud de ahora y también la gente grande que quiere aparentar lo que nunca va llegar a ser en la vida. Yo he ido a los cabarets, conozco toda la noche, pero nunca anduve con un ladrón.

Yo tenía el código de la vida “vos hacé la tuya y yo hago la mía”. Nunca me pegué a un ladrón. Si vos te hacés amigo de un ladrón, el día de mañana ese hombre por necesidad te va a robar a vos y a tu vieja también si puede. Por eso yo no quería andar con ladrones.

Yo siempre he andado con gente que era muy viva, con gente con mucha lucidez para andar en la calle, que me decían “nene, por acá no, por acá si”. Es gente que ya falleció, como por ejemplo, Adolfo Dalguisio, el dueño del bar, el Macho Ples que jugaba a las barajas muy bien, Angelito Sartri, que era ferroviario. Ellos me enseñaron los códigos de la calle.

Ellos me explicaron qué tipo de gente era la que tenía que tener al lado, me enseñaron que tenía que saber escuchar, por qué si una persona hoy te dijo esto, y tenés retentiva mental, si mañana te cambia el discurso es porque te quiere hacer una maldad. Si es un amigo no cambia lo que te dice. Para eso, me decían, tenía que estudiarlos y con el tiempo me iba a dar cuenta cuáles eran mis amigos y cuáles no.

El ladero te usa, si tenés plata anda siempre con vos, es tu ladero, si se te acaba la plata te abandona. En una oportunidad, siendo muchacho, le dejé de hablar a uno que la iba de amigo, pero empezó a llover y me dice: “¿no me vas a buscar cigarros y una caja de fósforos?”.

Fui, llovía y me mojé, le traje los cigarrillos y la caja de fósforos, y al otro día no lo saludé más, me preguntó “¿qué te pasa?”, y le dije “yo no hablo más con vos por qué vos no sos mi amigo, me hiciste mojar todo para ir a buscar cigarrillos y fósforos, vos me usás, no sos mi amigo, caminé cinco cuadras bajo la lluvia y llovía mucho, si vos fueras amigo mío me habrías dicho ‘no me vayas a buscar cigarrillos, está lloviendo mucho, te vas a mojar’”. Nunca más le di pelota, era un ventajero.

Fijate en la persona que vos le pedís plata, en el momento que vos le pedís, el que tiene la plata guardada encima se toca los seis bolsillos, los dos de los pantalones, los dos del saco, y los dos de la camisa. Y te dice que no tiene.

Si el tipo se toca los seis bolsillos te está mintiendo, tiene la plata y no te quiere prestar. El que no tiene la plata no se toca los bolsillos ¿para qué se los va tocar si sabe que no la tiene? Así es como vas midiendo a la gente y la vas corriendo para un costado. No porque te hace una maldad sino por qué no es sincera con vos.

Cuando iba a los bailes, cuando salíamos del baile y un amigo había conseguido una novia y la tenía que llevar por ahí en taxi, si necesitaba plata, yo le daba la guita y me iba a pie. Me he venido de La Abastense a Tolosa a pie por darle la plata a un amigo para el taxi porque estaba con una piba. La Abastense está pasando Romero.

La juventud ahora no tiene códigos, a mí no me incomoda que tengan vicios, cada uno hace lo que quiera de su vida, pero yo antes de drogarme o de mamarme, me baño, me perfumo y me voy a ver una piba.

El hombre, cuando pasan los años, no debe ser pelotudo. Viste eso de los Rolling Stones que vienen a la Argentina a llevarse toda la plata, ¿yo voy a pagar 5 mil pesos una entrada para ver esos tipos? ¿5 mil por una entrada para ver a los pelotudos estos? ¡Pero me como 3 mil kilos de asado con esa plata!

¿5 mil pesos para ver unos boludos que se toman un avión y no los ves nunca más, que agarran la plata y se van cagándose de risa? Hay que ser pillo en la vida, no un pelotudo.

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