Historias de Tolosa XXV: recuerdos y vivencias de Rubén “Chuby” Leguizamón

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Entrevista realizada en 2015 por Oscar Labadie en la Biblioteca Popular Mariano Moreno

Yo nací el 13 de agosto de 1944 en Tolosa, en Las Mil Casas, en la calle 523 entre 3 y 4. Mis padres habían venido 10 años antes. Lo primero que conocí, aparte de mis amiguitos de las casas vecinas, fue el Club Villa Rivera que estaba a una cuadra, club que fue fundado también por gente de Las Mil Casas.

Fui bautizado, a los seis meses de edad, en la Iglesia Nuestra Señora del Carmen de la calle 115, entre 530 y 531. Mi niñez y mi adolescencia, con muy poco, fue muy feliz, porque inventábamos los juegos nosotros, a lo mejor con cuatro rulemanes nos hacíamos un karting, jugábamos al hoyo pelota, que consistía en hacer agujeritos en el suelo y tirar la pelota para embocar en ellos, jugábamos a las bolitas, a las figuritas, y éramos felices.

A veces en el Club Villa Rivera, ahora, nos juntamos aquellos que a los 15 o 18 años nos reuníamos en una esquina, en 5 y 523. Con los primeros que me crié fue con Osvaldo Ferrari, Beto Barrionuevo, Miguel Luján, Carlitos y Lito Buden, Jorge Ioco, Jorge Martínez, Lito Lucero. Algunos ya no están, pero con muchos nos seguimos reuniendo actualmente en el club, cada tanto comemos algo, charlamos, recordamos anécdotas.

En mi juventud jugaba al fútbol, jugué en Los Tolosanos y muchos años en el Club Villa Rivera cuando entró a la liga. Recuerdo que de chico, en la calle 523, al llegar los carnavales, los mayores de la cuadra jugaban al carnaval y cuando terminaba la mojadura, en la vereda se comían sandwiches, se tomaba Sidral y los vecinos bailaban.

También estaban los bailes de carnaval del club, a los que iba primero acompañado por mis padres. El club era el centro de atención de todos nosotros, porque había bailes todas las semanas, traían grandes figuras, recuerdo que vino Leo Dan, Palito Ortega en su plenitud, cómicos como Porcel.

En el club también se hacían obras de teatro y había una biblioteca, la Biblioteca Domingo Faustino Sarmiento, que tenía un slogan que fue el que tome para regir mi vida: donde hay voluntad hay un camino.

Yo tuve la suerte en particular, gracias a la gente de Tolosa, de ser ocho años concejal, electo, el único caso que se dio en la historia, de ser un delegado comunal de Tolosa electo por la gente.

El delegado comunal históricamente es un ayudante del intendente de La Plata y él lo elige personalmente. En mi caso, el intendente Julio Alak, llamó a elecciones y gané. Fue la única vez en que hubo elecciones, después nunca más volvieron a repetirse. Y nunca antes tampoco se habían realizado.

Mi frase es: Tolosa, el lugar de mi vida. Yo lo único que puedo sentir por el pueblo de Tolosa es gratitud. Siempre los tolosanos me ayudaron en todo.

En ese tiempo no se tomaba alcohol, a lo mejor a la tarde nos habíamos peleado jugando al fútbol, pero a la noche estábamos juntos en el baile del club los mismos que nos habíamos peleado. El joven en aquella época no tomaba. Los bailes terminaban a las tres de la mañana, por lo general nos quedábamos conversando en las esquinas después, pero si el dueño de la casa nos decía algo, nosotros nos íbamos callados la boca.

Había mucho respeto hacia la policía y recíprocamente mucho respeto de la policía hacia la comunidad. En ese tiempo la gran mayoría de las calles eran de tierra, pasaba el hielero vendiendo hielo, porque no había heladeras eléctricas, pasaba el pescador, pasaban los panaderos, los lecheros, era el sistema que había en la época.

La gente dormía con la puerta sin llave, con una piedra, a lo sumo, para que no se abriera por el viento, pero en los callejones de Las Mil Casas había portones que sí se cerraban por la noche, así que por la noche no entraba nadie, ni siquiera la policía.

El Club Villa Rivera se creó el 23 de diciembre de 1923. Hoy la biblioteca más importante es la biblioteca en la que estamos hablando en este momento, pero en aquella época la más importante la tenía el Club Villa Rivera que llegó a tener 10 mil volúmenes. Su creador y fundador fue Luis Antonini, quien se dedicó con alma y vida a la biblioteca, después se dedicó a ella Juan Gobello, que fue presidente del Club.

Cuando se estaba edificando el nuevo edificio de la Escuela 31 se trasladaron los alumnos al Molino La Julia, cuando yo ingresé al colegio, fue la inauguración del nuevo edificio, en aquella época la maestra era la segunda mamá, si la maestra nos retaba, aunque sea equivocadamente, no se lo contábamos a nuestros padres porque cobrábamos en casa.

En el Club Villa Rivera el que traía los números era Rubén Alipi, Rubén traía los mejores números que había en ese momento en el país, el club tenía un portal a un costado, pero al baile entrabas por la puerta de madera chica de al lado, para poder controlar a los ingresantes. Pasados unos 20 metros tenías a un lado la pista y al otro el salón del club. Eso explotaba.

Las pibas miraban dos cosas: una, cómo estabas vestido y la otra, cómo bailabas. Te miraban de abajo para arriba y de arriba para abajo: tenías que tener los zapatos lustrados, llevar corbata, ir con saco, estar bien afeitado y prolijamente peinado.

Las pibas iban con las mamás que se sentaban a un costado del salón, y había dos alternativas para sacarlas a bailar, o cabeceabas o ibas al lado y la invitabas, por lo general no íbamos al lado, porque si te decían que no te incinerabas como un bonzo, entonces las cabeceábamos, las pibas estaban atentas al cabezazo, es una lástima no tener fotos de aquella época.

A los 14 años me escapaba de mi casa para ir al baile, porque mi papá no me dejaba ir tan chico, una noche estoy en el Club y caen unas pibas del centro que eran más modernas que las pibas de barrio, y uno con tal de conquistarlas hacia cualquier payasada.

Estas chicas sólo bailaban el twist, que recién acababa de aparecer y hacía furor, y me dijeron que sólo salían a bailar twist, y yo le dije: “enséñenme, que yo aprendo enseguida”, me enseñaron y me puse a bailar con entusiasmo, entonces, había un curda, que estaba parado en el bufete, al costado, que me ve y le dice a uno que tenía al lado, bien fuerte, de manera que todos escucharon: “mirá como baila el Chuby”, lo dijo haciendo referencia a Chuby Checker, el inventor del baile.

Y de ahí me quedó por sobrenombre Chuby, que hasta lo heredó mi hijo. A partir de entonces me venían a buscar a mi casa y preguntaban: “¿está Chuby?”, y mi papá les contestaba: “acá no hay ningún Chuby”.

Omar Neira vivían 5 y 523, era un peronista de la primera hora, en su casa se escuchaban los discos de pasta de Perón, con sus discursos y los mensajes que mandaba desde el exilio, y a mí, que tenía 14 años, un día me invitaron a escuchar a Perón y me encantó, me enamoré de su voz, a partir de entonces me dejaron entrar para escuchar todos los discursos y los mensajes, y de ahí empecé acompañar a los grandes que militaban políticamente en el peronismo.

Pero además, mucho antes, había visto pasar a Evita por la calle 3 y 526 en un auto descapotado, iba tirando pelotas de fútbol, una de las cuales cayó en los brazos de uno de los chicos que estaban con nosotros y con la cual jugamos mucho tiempo, y me enamoré de la figura de Evita. A así me hice peronista aunque mis padres no lo eran, a ellos no les interesaba la política.

Yo soy agradecido a tres cosas: a Dios por sobre todo, a la comunidad de Tolosa, y a la magia del peronismo, que me llevó a ocupar cargos públicos, fui hasta intendente interino en varias oportunidades, fui presidente del Consejo en varias oportunidades, fui presidente de bloque.

Pero mi compromiso está más allá de cualquier partido político, mi compromiso es con la gente, cuando la gente te elige el compromiso es con quien te votó. Hoy yo vivo en una casa interna, no hice fortuna, tengo una vida común, pero soy feliz porque camino por todos lados y la gente me reconoce, me saluda y se me acerca, esto a mi edad tiene un valor enorme. Si no me apreciaran, no se acercarían.

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