Historias de Tolosa: Sergio “Willy” Muser

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Entrevista de Oscar Labadie publicada el 21 de junio de 2017

Mi abuelo, Arturo Muser, perteneció a la primera camada de gringos que vinieron de Italia, del pueblo de Udine, fue a parar a 118 entre 527 y 528, se casó acá con una entrerriana, María.

Era albañil y muy católico, construyó la Iglesia Medalla Milagrosa. Fue muy amigo del padre Santolín. Mi abuelo, allá, formaba parte del ejército de los Alpes suizos. Los Muser, de origen austríaco, eran de la zona friulana, en el Norte de Italia.

Eran tres hermanos, uno de los hermanos derivó para Suiza, otro se fue para Francia y el tercero, Agustín Muser (mi bisabuelo) bajó en Italia, a Udine. La casa de mi bisabuelo está detrás de la cancha del club de fútbol de Udine, hay una postal turística en la que aparece.

Mi abuelo, Arturo Muser, era el hermano mayor de los tres hijos que tuvo mi bisabuelo, a su vez Arturo Muser tuvo un primer hijo varón que fue mi viejo, Víctor “Beto” Muser, yo tuve mi primer hijo también varón; por lo tanto yo soy el primo mayor de mi camada, mi viejo es el primo mayor de los primos de él, y mi abuelo el hermano mayor de los hermanos. Así que somos los primeros Muser de los primeros Muser de los primeros Muser.

Cuando era chico esto era todo campo, tuve una infancia muy linda jugando en calles de tierra, en zanjones, en lagunas. Tenía un par de zapatillas sólo, eran para ir a la escuela, para ir a bailar, para ir los cumpleaños. Enfrente de mi casa estaba el conventillo del viejo Aparicio, que eran siete casas de barro una detrás de otra, cerca estaba la quinta del viejo Montuberria, en la esquina estaba el viejo Cipolla que tenía vacas, Palencia, que también tenía vacas, vivía en 524.

Pescábamos ranas, remontábamos barriletes, jugábamos a la pelota en terrenos baldíos que había por todos lados. Todos los domingos, a comienzos de los 70, esperábamos a un grupo de muchachos que venían y hacían chocolatadas, carreras de embolsados, nos traían tortas, no sabíamos quiénes eran, mucho después nos enteramos que eran los montoneros.

Al cerrar el cementerio trasladaron a los muertos más importante, pero el resto quedó. Cuando nos enteramos que había habido un cementerio y que a los muertos se los sepultaba con sus pertenencias nosotros cavábamos la tierra y encontrábamos huesos, la ilusión era hallar alhajas de oro. Una vez uno se encontró una bolsita llena de oro dentro de un cajón.

En la calle 526 y 117 nosotros quemábamos los muñecos para fin de año que hacía el Negro Cruz. El Negro era un pirotécnico, tenía licencia para ser el único pirotécnico oficial de la zona. La tradición comenzó con la familia Ramírez que quemaba los muñecos en la 118 y 527.

Jugué para el equipo del club San Martín, de 119 entre 530 y 531, que dirigía el Coco Volpichelo. Coco siempre nos insistía que no nos peleáramos, que fuéramos amigos, que de grande siguiéramos siendo amigos y nos siguiéramos viendo. Nos decía esto, a los 12 años, para unirnos y lo logró, porque hoy seguimos siendo amigos los integrantes de ese equipo y nos seguimos viendo.

La primaria la hice en la Escuela 79, la secundaria la empecé en el Colegio del Carmen. Yo quería ser marinero, y fui marinero. Cuando cumplí 15 años entré en la marina. Trabajaba de changarín en el supermercado Sados de la Marina, de 45, 2 y 3.

Llenando unos formularios entré a la Escuela de Mecánica de la Armada, donde estudié tres años, cuando salí terminé el secundario en el Benito Lynch. Me fui de la marina de Guerra porque no tenía aptitud militar, así que me embarqué en la marina mercante, de pesca. Entré en una empresa española, Arpesa, que estaba en Puerto Madryn y pescaba merluza. Como ganaba buena plata me iba de vacaciones a Brasil.

Me enamoré tanto de Brasil que me quedé a vivir tres años en Río de Janeiro. Vendía cerveza y cachaza en la playa, comía en un restorán donde encontraba a una mujer que estaba también sola, que vendía ropa y era gitana. Un día nos sentamos juntos y nos empezamos a conocer. Ella estaba apartada de los gitanos, como vendía y daba a pagar en cuotas necesitaba un socio, un hombre que la ayudara a cobrar a los morosos. Yo alquilaba una casa y arreglé con el dueño el permiso para subalquilar. La llené de cuchetas y alquilaba a 100 dólares la cucheta, con eso juntaba 800 dólares, con 300 podía alquilar otra casa.

Así vivía gratis y me traje a vivir a la gitana. Teníamos los ingresos de los alquileres, de lo que yo vendía y de lo que vendía ella. Éramos una máquina de hacer plata, cuando llegábamos a la noche separábamos la recaudación, poníamos los dólares en un montón, los euros en otro, los reales en otro, hasta plata china juntábamos.

Cuando salía por la noche tenía amigos de todas las nacionalidades: italianos, suizos, norteamericanos, portugueses, uruguayos, argentinos. Por eso vine con la cabeza muy abierta de Brasil, con la idea de que la integración es posible, que la unión es posible, que la inclusión es posible. La estaba pasando bárbaro en Brasil, pero vine a visitar a mi vieja y como la vi enferma no me quise volver, además aquí conocí a una chica del barrio con la que me puse de novio y me casé.

El Churrasco se pobló en base a la concentración de grandes familias. Sus límites son de un lado las vías, del otro lado la 120, al norte la 520 y al sur la 527. Las familias más antiguas son los Montuberría, los Palencia, los Cipolla, los Santana, los Reinaldi, los Rodríguez, los Rondó, los Cora, los Nievas, los Castro, los Toledo, los Degaetan.

Yo soy re churrasquero, yo amo al Churrasco. He vivido en varias ciudades de Latinoamérica pero siempre extrañando al Churrasco porque los mejores momentos de mi vida los pasé aquí.

El profundo catolicismo de mi abuelo me marcó, hace unos nueve años vi que un noticiero de televisión decía que el barrio del Churrasco era inseguro, después de ver eso me puse la Virgencita de la Medalla Milagrosa al hombro y salí a caminar por las calles, me siguieron todos vecinos e hicimos una peregrinación pidiendo a la Virgen que nos proteja, nos bendiga, nos mantenga unidos y nos traiga la paz.

Fuimos por la 521, la 522, la 117. Con el Coni Nievas nos pusimos de acuerdo para hacer un Capellín donde colocar a la Virgencita. En una semana estaba hecho, le dimos parte a la gestión de turno, que era la de Pablo Bruera, quien vino para la inauguración formal. Fue la primera vez que un intendente vino al Churrasco.

Hubo un antes y un después con las procesiones de la Virgen, el barrio se tranquilizó mucho. En las siguientes peregrinaciones empezaron a participar los abanderados de las escuelas, las directoras de las escuelas, los gauchos tradicionalistas, todos participan.

Cuando me volví de Brasil, obsesionado por el tema de la inclusión, me puse una bicicletería y para el día del niño sorteada seis bicicletas que ponía de mi bolsillo. Empecé organizar eventos sin fines de lucro, todo por la integración, la inclusión y la solidaridad.

Organizaba bicicleteadas en las cuales llevaba a los niños a recorrer el barrio pasando por el monumento a la Madre, por el monumento a la Bandera, por una exposición de autos antiguos, por la esquina sin ochava, por el puente de la Estación, para que los chicos conocieran el barrio y su historia. Cuando regresábamos a la bicicletería nos estaba esperando el payaso Payasín con sánguches de chorizo y algunos juguetes. Payasín lo interpretaba mi gran amigo Carlitos Balbuena.

Cuando tenía 10 años para un día del niño me escapé del barrio y fui hasta el Club General San Martín, de la calle 7 y 523, fui solo porque nadie se animó a acompañarme, yo me atrevía a salir de las fronteras de mi barrio, en el club me dieron chocolate y me regalaron un avioncito y un camión.

Creo que fue esto lo que me inspiró, muchos años después, para hacer lo mismo en la bicicletería. También ponía una tela de árbol a árbol, juntaba todos los pibes de la villa y les pasaba cine. Alberto Antonini, que tenía una casa de fotografía, me prestaba los proyectores y las películas. También organicé corsos siempre pensando en los pibes para que tengan una infancia feliz.

Participé en las reuniones por el tema de la seguridad. Presenté dos programas al Ministro de Seguridad para trabajar con los pibes y disminuir el delito pero no fueron tenidos en cuenta, lo único que pude conseguir son cámaras de seguridad. Las primeras tres cámaras de seguridad que se pusieron la ciudad de La Plata las pusieron en la 520, las pedí yo con el apoyo de los vecinos. Hoy tenemos siete cámaras de seguridad.

Para estar más unidos en el barrio y tener algo que nos represente hicimos que el Churrasco tenga una bandera propia, hoy tenemos una bandera que fue diseñada por un chico de sexto grado y flamea junto al Capellín de la Virgencita en 117 y 521 (el corazón del barrio). La Capilla está en 118 entre 523 y 524. La peregrinación se hace un día anterior a la fiesta del cumpleaños del barrio, que es el 30 de abril.

Pelié para que amplíen la Unidad Sanitaria número 15 que está al lado del Mercado. No contaba con un espacio para ginecología. Había una pibita de 12 años embarazada, le pregunté por qué no iba a la unidad sanitaria para que la vean y la controlen, me contestó que porque no había ginecólogo.

Me presenté en la Unidad Sanitaria e insistí hasta que hicieron un espacio de ginecología. Lo mío es integrar, incluir, trabajar el tema de la no a la discriminación, mejorar las servicios sociales. Quiero la unión de todos los barrios de Tolosa. Con ese objetivo quiero trabajar.

A mí me conocían como el Negro Muser. Te voy a contar como pasé a ser Willy Muser. Me avisaron que me tenía que embarcar al día siguiente en puerto Madryn. Me fui a dedo y gracias a un camión alcanzé a llegar. Yo era marinero de cubierta en una función de planchada, en estribor, manejando una grúa que bajaba la planchada para abrir la red. Es una función que no podía hacer sólo, cuando lo vi a mi compañero resultó ser un gordo grandote con cara de loco.

Lo tenía que llamar para que viniera conmigo pero pensé: “a este no lo voy a llamar flaco, sería ridículo, tampoco lo voy a llamar gordo, se puede enojar, no lo puedo llamar loco con la cara que tiene”, así que se me ocurrió llamarlo Willy, y le grité: “Che, Willy”, todos se dieron vuelta, incluido el gordo, entonces lo señalé y al gordo le cayó simpático el nombre que había usado para llamarlo.

Desde entonces tomé la costumbre de llamar “Willy” a todos los que no le conocía el nombre. Cuando me fui a Brasil hacia lo mismo, llamaba a todos “Willy”, los brasileros rápidamente me empezaron a llamar a mí con ese nombre y me gusto el mote. Cuando me vuelvo al barrio y me empezaron a decir otra vez “Negro” les dije: “No, mi sobrenombre no es Negro, es Willy” y todos me empezaron a llamar así.

1 COMENTARIO

  1. Muchos años viví en Tolosa, ahí nací, calle 6 e/30 y 31, mi barrio de calles de tierra, de muchos baldíos, del club Iraola de 5 y 31, del banquito de Zendri en 7 y 32, mi gente que ya no está pero está. Un recuerdo al cura Santolín y a Marquitos, mi primer trabajo en 4 e/ 27 y 28 fabrica de hagujas para destapar calentadores, propiedad del turco Saú y mi segundo trabajo en aserradero de Martinoli, fabrica de cajoncitos para dulce de membrillo en 115 e/32 y 33. El puente de la estación de Tolosa donde pasé muchas horas en practicas de alpedismo intensivo y muchos años después estampé en mi primer libro “Cuentos para leer en el Puente” donde cuento algunas cosas pasadas

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