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viernes, agosto 14, 2020
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Metrópoli de animales

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Por Carlos Sberna (*)

Peste, sólo peste. Un verdugo al acecho del distraído y de aquél al que la mala suerte pellizque como rehén inoportuno.

Pintura de Carlos Sberna.

Rascacielos de pulcra belleza como adorno y chatarra de ciudades espectrales. Barrios y gente con un sucio trapo en su rostro agrietado y hambriento; perdedores pero aguerridos, aún con su aparente ignorancia. También los otros, sólo un puñado de ellos sobrevivirá; los que apenas saben su nombre y comen las sobras igual que perros vagabundos.

Y los de enfrente; los soberbios y estúpidos, los que se asumen inmortales y matan con sus actos, pues son sicarios de algún demonio oportunista; uno invisible y con corona. Ellos, los soberbios, también caerán hinchados en las fosas improvisadas de un baldío, porque el mal habrá entrado a sus gargantas y pulmones llenos de arrogancia. Y un ridículo globo será testigo de sus últimas bocanadas de aire, y su estupidez será enterrada junto a sus caras de espanto y arrepentimiento tardío.

Y un sol cansado asomó aquella mañana. Él sabía que oriente traería a un verdugo frío y cruel, sin armas; y que sólo él y su invisibilidad bastarían para silenciar urbes ayer llenas de vida.

Y permaneceremos enjaulados en este llano zoológico, al borde del barranco, algunos con poca esperanza. Otros, los valerosos, esperarán la aguja de la ciencia que nos devuelva a la vida, fuera de los barrotes que nosotros mismos nos pusimos, porque así somos; sólo animales un tanto engreídos, un tanto ignorantes.

Y dioses y religiones se esconderán tras un gran tapabocas, expectantes; pues tambalearán las creencias y la fe.

Es necesario otro rumbo, ahora y cuando salgamos del túnel, o nadie nos recordará en el futuro porque no habrá uno; de no hacerlo, todos sabemos que hasta aquí llegamos como especie.

(*) escritor y dibujante tolosano.

Rifa solidaria para darle una alegría a los pibes

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La comisión directiva del Club Barrio Justicia Social inició una colecta de juguetes nuevos o usados en buen estado y golosinas, para agasajar a más de 200 pibes por el Día de la Niñez.

También venden rifas a $100 hasta el 22 de agosto que se sortee la Quiniela Provincia nocturna. El primer premio serán botines de fútbol 5 y un pantalón de Boca, el segundo premio dos pollos y seis chorizos; y el tercer premio será un pollo y seis chorizos.

Aquellos que deseen colaborar pueden contactarse al 2215612160 o acercarse al almacén ubicado en calle 32 casi esquina 17.

Cabe remarcar que en el club de 18 y 525 antes de la pandemia funcionaba un merendero y luego comenzaron a realizarse ollas populares. Con el correr de los días, se armaron bolsones de alimentos que se reparten periódicamente en el barrio.

Doná sangre en tu barrio

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Donar sangre es necesario siempre, también durante una pandemia. Es por eso que el Círculo Cultural Tolosano y el Centro Regional de Hemoterapia La Plata realizarán una colecta en el barrio de la Estación.

La institución de 115 bis #377 entre 528 bis y 529 abrirá sus puertas este miércoles en el horario de 8:30 a 12:30 para aquellos vecinos dispuestos a salvar vidas, que cumplan con los requisitos de donación.

“Nos contactaron desde el banco de sangre para ver si queríamos hacer esta jornada en el barrio y nos enganchamos. Todos los chicos de la comisión directiva estuvieron de acuerdo”, explicó Sebastián Cerri, integrante de la subcomisión de básquet.

Para donar sangre este 12 de agosto, hay que tener entre 16 y 65 años de edad, pesar más de 50 kilos, sentirse en buen estado de salud y no es necesario estar en ayunas.

Los donantes deben presentar DNI o algún documento que acredite su identidad y concurrir con tapabocas, además de mantener el distanciamiento social adecuado.

Última semana de colecta por el Día de la Niñez

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Desde La Plata Solidaria vienen llevando a cabo su tradicional colecta para el Día de la Niñez. En el marco de la pandemia y con la solidaridad de cientos de platenses, los organizadores esperan llegar a más de 20 comedores y merenderos de la ciudad con el tradicional regalo y dulces.

“Venimos muy bien con esta colecta puerta a puerta en toda la ciudad. Los platenses una vez más pese a la crisis y la incertidumbre han demostrado su enorme corazón solidario. Tenemos a la ciudad más linda y solidaria y no nos vamos a cansar de repetir esto”, señaló el coordinador Pablo Pérez.

La colecta se desarrolla puerta a puerta, con todas las medidas de prevención, para retirar las donaciones. Desde la organización solicitan juguetes en buen estado y dulces.

“Queremos seguir con el tradicional tortazo que realizábamos en Plaza Moreno pero esta vez puerta a puerta. Cocinar junto a nuestros hijos una rica torta y explicarle que la misma será para sacarle una sonrisa a otro niño en algún lugar de la ciudad”, agregó el referente tolosano.

Aquellos interesados en participar pueden informarse a través de Whatsapp al 2215669819, por Instagram LaPlataSolidariaok o Facebook La Plata Solidaria.

Historias de Tolosa: recuerdos de Nelly, una maestra de la Escuela 31

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Entrevista de Oscar Labadie publicada el 14 de abril de 2017

Soy platense, nací allá por 1925, en la casa de mi abuelo, en la calle 47, 1 y 2. Mi niñez y mi adolescencia fueron hermosas. Eran épocas en que las niñas y los niños jugábamos en las veredas sin temor ninguno. Fui criada con un régimen no severo pero si recto. Con un afecto que aunque no se demostraba con palabras y formas exteriores se sentía y se siente y acompaña hasta ahora.

Tengo una hermana, dos años menor que yo, que nació cuando ya estábamos viviendo en 3 y 39, que era casi los límites de la ciudad entonces. Por la 38 iba el tranvía, donde empezaban las calles de tierra hacia la 32.

Recuerdo que parándome en la esquina, teniendo siete años, mirando para Punta Lara en una oportunidad vi aparecer el Cometa Halley, que era enorme y hermoso, no se puede describir.

También mirando hacia Punta Lara vi un dirigible que se llamó el Graft Zeppeling, había venido desde Europa, pasó por Montevideo, cruzó hacia la Capital y después bordeando siempre por la costa, llegó hasta La Plata y después ya se fue. Esto sucedió allá por el año 32 o 33.

Pude ingresar a la Escuela Normal Nacional Nª 1 “Mary O. Graham”, aunque había pocos bancos disponibles, porque la mamá de una amiguita del barrio tenía una parienta (profesora de dibujo en la Escuela Normal) que acompañó con una carta de recomendación suya, el pedido de ingreso hecho por mi mamá.

A mí me gustaba mucho, y aún me gusta, estudiar, sigo leyendo todo lo que puedo, por eso mi madre me anotó en la Escuela Normal donde había que estudiar sí o sí. En cambio, a mi hermana no le gustaba nada estudiar y por eso la anotó en una Escuela de Comercio en la que eran bastante más flexibles y menos exigentes.

En la Escuela de Comercio le daban muchísima importancia, lógicamente, a todo lo referente a la contabilidad y todas esas cosas, mientras que en la Escuela Normal desde la primera materia hasta la última nos preparaban para ser maestras, nos iban moldeando el carácter, porque lo que nos quedara de eso era lo que íbamos a volcar en los chicos.

En el Normal hice la primaria y la secundaria. Era muy diferente al estudio que se hace hoy en día en la carrera de maestro, en aquel tiempo era más corto. En el secundario, con cuatro años, nos recibíamos de maestros, pero desde primer grado nos enseñaban a ser maestros, de manera que nos recibíamos con 11 años de carrera, no solo con cuatro.

Desde chiquitas nos corregían la postura, nos enseñaban hacer la letra un poco más grande para que se pudiera leer en el pizarrón, letras bien derechas y prolijas para que se pudieran entender, nos enseñaban hablar con voz un poco más alta para que hasta los de más atrás en el aula pudieran escuchar. Todo como de pasada.

Mi juego preferido, con mi hermana y alguna amiguita del barrio, era jugar a la escuela. En casa sabían traer, a veces, la verdura en cajones de manzana o de mandarina con los que me armaba el grado, ponía el cajón de manzanas con la parte más larga vertical para que hiciera de escritorio, y ponía los cajones de mandarinas para que hicieran de asientos.

Como armaba el aula en un galponcito de madera (que todas las casas tenían al fondo para guardar las papas y el carbón) usaba la pared como pizarrón donde escribía con tizas que me compraba mi mamá.

Allí empecé a enseñar a mi hermana, que cuando fue al colegio ya sabía los números y las vocales. Mi hermana, que tiene un carácter muy diferente al mío (es muy risueña y movediza), tomaba en serio mis clases, como me las tomaba yo.

Como no teníamos tantas cosas para entretenernos, inventábamos juegos, lo que incentivaba nuestra imaginación para idear personajes y situaciones, por ejemplo, donde estaba el espacio para la ventana (en donde no había ventana) lo usábamos como una especie de escenario donde mi hermana, asomándose, parada por detrás, recitaba poesías de memoria que yo le enseñaba.

La Escuela Normal fue una escuela modelo, de modelos, de modelos. Las maestras estaban muy bien formadas, cosa que me parece que hoy en día no ocurre, para mí el bajón en las escuelas y de la educación depende de la formación de las maestras.

Gente que me conoce y ex alumnos me muestran los cuadernos de hoy donde veo notas de maestras con faltas de ortografía. Si nosotras hubiéramos hecho eso nos hubieran colgado en la Plaza Moreno.

Nosotras teníamos programas de estudios diferentes, mucho más exigente que en el resto de las escuelas. Estudiábamos psicología, física, química, zoología, botánica con un nivel casi universitario.

Los profesores eran eminencias, como el Dr. Calcagno, profesor de psicología, al que le teníamos terror, llegó a ser presidente de la Universidad, era un hombre muy preparado. Nos dictaba apuntes mientras se paseaba por el aula, si nos hacía una pregunta, para contestar, nos parábamos bien derechitas y no podíamos evitar temblar.

Lo mismo pasaba con una profesora de física. Esa gente no estudiaba para enseñarles a niñas de tercer o cuarto año, eran doctores que sabían mucho más de lo que pedía el programa.

Me recibí a los 18 recién cumplidos. Unos años antes mi papá había perdido su puesto de trabajo por cedérselo a un hermano, al que quería ayudar, quien lo supo aprovechar bien porque llegó a comisario con un sueldo excelente. Mi papá trabajaba en el departamento de identificación dactilar de la policía en la calle 2, 51 y 53.

Sabía clasificar las impresiones digitales según si tenían, por ejemplo, un espiral o si tenían una rayita. Como andaba en la legislatura, lo interesó un diputado para que fuera su chofer y a mi mamá para que cuidara a sus hijas. Pero trabajo no duró y quedó desocupado hasta que consiguió un puesto en el frigorífico de Berisso, donde ganaba lo justo para sobrevivir.

Cuando perdió el trabajo estaba comprando una casita en 13 y 41, como no la pudo seguir pagando nos fuimos a vivir a 10, 32 y 33. Entonces mi madre me dijo algo que me repitió muchas veces: “Yo del Normal no te saco”. Así que tenía que seguir estudiando contra viento y marea. Me iba caminando de 10 y 32 hasta 14 y 51, por cuadras de barro.

En el secundario tuve una compañera que vivía en 10, 39 y 40, entonces yo me iba con zapatos viejos hasta la casa de Aida Casagrande (así se llamaba), dejaba los zapatos embarrados en su casa, me ponía unos zapatos limpios, y me iba con ella caminando una cuadra hasta la calle 40, donde tomábamos el tranvía 14 que nos llevaba a la escuela, haciendo un largo recorrido durante el cual íbamos estudiando.

Aida tenía una familia muy grande y muy feliz, que se reunía todos los domingos. Fue una buena compañera conmigo.

Egresé el año 1943. En esa época no se decía cultura, se decía educación, todos los pasos que daba la escuela apuntaba siempre a poner un granito en pos de esa educación. La Comisión cooperadora de 1943 nos regaló un botoncito dorado que dice: EDUCA. La consigna no dice “enseña”, dice EDUCA.

Ya antes de egresar, desde los 14 años, venía dando clases particulares a italianos que habían venido después de la guerra y apenas hablaban español. Los ayudaba hacer los deberes y me pagaban un 1 peso por mes. Por eso cuando me recibí tenía más experiencia práctica que cualquiera de mis compañeras.

Mi papá ya había fallecido, a los 48 años. Como tenía un primo en la Dirección de Escuelas empezó a ver que me podía conseguir. Tenía la oficina cerca del director y fue hablar con él para preguntarle si me podía llevar para que me conociera porque yo era una maestra de vocación y estaba dispuesta a comenzar en cualquier lugar de la Provincia.

El señor nos recibe a mi mamá y a mí, conversamos hasta que nos dijo: “Le voy a conseguir un puesto, no le prometo en la ciudad de La Plata”.

Yo tenía la idea de que me iban a mandar al interior de la Provincia como lo hacían con muchas de las maestras que empezaban. Me hubiera encantado ser maestra de campo. Pero me nombran en Adrogué, en 1946, donde tuve un cuarto grado y comencé a saber lo que es la variedad de los chicos, de las familias.

Para comenzar me dice la directora: “bueno, le voy a pedir un favor, tiene dos mellizos que son la piel de Judas, son hijos de un delincuente, así que por favor no vaya a llamar al padre como hicieron otra maestras sin saber, porque la voz de este hombre se oye a 20 cuadras a la redonda, así que sepa manejarlos cuando están molestos, si no se ponen muy insolentes deje pasar como si no los viera”.

¡Pobres chicos, no es fácil ser hijos de un delincuente y vivir teniendo miedo! Me pude arreglar bien con ellos.

Viajaba en tren, vía Temperley, hasta Mármol que está al lado de Adrogué. Salía a las 10 y media, llegaba a la Escuela alrededor de las 11, a las 4 terminaban las clases y apurando la carrera alcanzábamos un tren que pasaba 4 y 15. Viajaba en un vagón de no fumadores, donde iban todas las maestras.

Una vez, una vice directora que iba hasta Lomas, dice: “escuchen chicas, una chica que está 25 de mayo se quiere pasar a Adrogué pero como los padres tienen la casa en Villa Elisa, se puede hacer la permuta si alguna quiere trabajar allí”. Así que le cedí mi lugar en Adrogué y me fui a Villa Elisa, a la Escuela Nª 17. Un año después, por otra permuta, pasé a la Escuela 31 de Tolosa, en 1948.

En esa época los grados eran o todos varones o todas chicas por pedido de la curia. La vacante se había producido en un sexto grado de varones. Pero hay gente buena en Tolosa, la chica que tenía el sexto de niñas le dijo a la directora: “Mire, señora, nosotras conocemos que en ese grado hay una pandillita que va a tener a mal trae a esta chica que viene con poco ejercicio”.

“Démelos a mí los varones que yo los se manejar, los conozco desde el primer grado, se sus mañas y deje a las niñas con ella”. Así que cuando dicen: todo el mundo es malo, todo el mundo es una porquería, yo digo: “¡No! hay gente buena”.

Durante 9 años, o sea mientras fui soltera, hasta los 30, yo tuve sexto grado de niñas. Después una maestra de primero superior se jubiló y me dice la directora: “Le vengo a hacer una oferta, piénsela, que pocas veces se presenta en la vida, nosotros tenemos que pedir la maestra de reemplazo para primero superior, si quiere aproveche la oferta tome el primero superior, se va a cansar la voz porque tiene que explicar, explicar, explicar”.

“Pero la corrección se hace en el momento para ver si el niño entendió o no entendió, así no se lleva cuadernos a la casa, en cambio en sexto explica poco y después viene la exposición de los chicos pero tiene que llevarse los cuadernos para corregir en la casa”. Así que pasé a primero superior y la nueva que vino tomó sexto. Y con ese grado me quedé hasta que me jubilé en 1970.

En todos los grados siempre había en dos o tres niños difíciles, generalmente los chicos con problemas es porque vienen con problemas desde la casa, entonces había familias a las que no se podía abordar.

Y había otras familias más accesibles que si uno llamaba a la mamá primero, luego al papá, se le podía pedir ayuda en el sentido de decir: “Mire, los maestros hacemos nuestro trabajo en la Escuela, yo les pido para la lectura que ustedes insistan para que su hijo lea porque para ingresar a la secundaria la lectura es muy importante” y los padres colaboraban.

Leer no es solamente pasar los ojos sobre las letras, es entender lo que se lee, por eso a mis niñitos les decía: “lo leen en la casa muchas veces, después cierran el libro y le cuentan a la mamá o al papá, el que tenga tiempo, lo que leyeron”.

Así leían mejor mis niñitos de primero superior que los niños que actualmente salen de sexto, que van trastabillando, que no hacen las pausas, se comen los puntos y las comas.

Me casé, me vine a vivir a Tolosa, tuve un hijo que estudió en la Escuela Industrial de 7 y 33 donde había muy buenos profesores, me compré un terrenito de 10 por 10 sobre la calle 526, donde me hice la casa.

Por mi cuenta hice un dibujo de cómo quería que fuera, un plano, se lo entregué al maestro mayor de obras, lo miró y me dijo que había respetado todas las normativas como si supiera arquitectura.  Luego, construyó la casa tal cual yo la había dibujado.

Un hacer, un mirar y un sentir holístico en educación musical 

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Por Roxana Lasala (*)

¿Para qué sirve una escuela de música?

Una escuela de música en una ciudad tendrá seguramente una misión especial, la de devolver a quien aprende su memoria musical, su poder, su autoría; la de recordarle lo que había olvidado pero que está ahí intacto, esperando que lo despertemos, lo estimulemos, lo pongamos “en acto”.

Tendrá la función de acercarnos en un cálido vínculo a la memoria de que somos dueños de ese lenguaje y que está allí para mostrarnos una gran opción de belleza, de salud, de bienestar, y de conciencia.

Parece que nos hemos conformado con ser auditores pasivos de un lenguaje que sabemos hablar (pero se lo dejamos solo a unos pocos, como si fuera un idioma que solo se puede hablar en un escenario).

Las ciudades nos han atrapado y entrampado en un ritmo que no nos deja sentirnos. Producir se ha convertido en una inercia tan grande de nuestra época que vivimos una especie de amnesia colectiva. Ya no sabemos bien quiénes somos. Cansados, no hay tiempo… y si no hay tiempo, no hay forma de hacer música, no hay ocio, no hay silencio, nos contracturamos sólo por vivir.

Vivir debería ser una constante actitud de celebración, donde cantar y tocar podrían ser una natural consecuencia de vivir, como nos cuentan los antropólogos o historiadores. Hoy en día habemos profesores de música, y nuestra función social, así como yo la entiendo desde nuestro espacio de #Querencias, es la de “despertador”.

(*) Reflexión escrita en 2012 por la profesora y directora de la Escuela de Música Querencias.

Energía productiva: buscan reactivar la economía local

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El diputado provincial Guillermo Escudero junto a los representantes del empresariado local Néstor Prades y Francisco Gliemmo se reunieron con Roberto Daoud, vicepresidente del Oceba (Organismo de control de energía eléctrica bonaerense) para solicitar medidas que ayuden a reactivar la actividad económica local en este momento de pandemia.

En ese sentido, Escudero resaltó que “una de las medidas más solicitadas por el empresariado local es que, debido a la situación de emergencia e imprevisibilidad que atravesamos por la pandemia las empresas prestadoras del servicio energético en la provincia envíen las facturas a las industrias y comercios por costo energético consumido efectivamente y no por lo conveniado”.

Este proyecto que cuenta media sanción en la Cámara de Diputados requiere a las autoridades provinciales una resolución para intermediar ante las empresas prestadoras.

Durante el encuentro se trabajaron proyectos concernientes a la situación que atraviesa la industria para lograr una pronta reactivación.

Reacondicionan la Biblioteca para su vuelta a las funciones

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Esta semana, la comisión directiva de la Biblioteca Popular Mariano Moreno inició los trabajos de reacondicionamiento. Con vistas al próximo regreso de las actividades, elaboró un Protocolo de seguridad en los servicios que brindará a sus usuarios para evitar la propagación del Covid 19.

“Esto es una construcción entre la biblioteca y su comunidad, por lo que estamos abiertos a cualquier sugerencia o cambio necesario para garantizar un servicio seguro y libre de contagios”, expresaron a través de Facebook.

Desde la institución de calle 1 entre 528 bis y 529 perteneciente al Círculo Cultural Tolosano, informaron las medidas que se implementarán a fin de preservar la seguridad y salud tanto de los trabajadores de la biblioteca, como de los usuarios.

Estas son en relación al uso del servicio de préstamo de libros, el uso de las instalaciones, el horario de atención, el protocolo de higiene de las instalaciones, el del personal de la biblioteca y las modificaciones eventuales del protocolo.

Las tareas se realizan los lunes y miércoles de 9 a 12. Por otra parte, las autoridades informaron que “se están adeudando muchos servicios como la luz, el gas, internet, teléfono, y aquellos que se quieran acercar a pagar el bono contribución de 100 pesos pueden hacerlo en esos días”.

Amenazas de muerte por militar en un barrio tolosano

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Militantes de la CTA Autónoma Regional La Plata Ensenada que realizan desde hace tiempo un trabajo social en el barrio Los Eucaliptos de Tolosa, recibieron graves amenazas telefónicas.

Luego de algunos planteos por parte de un grupo de personas que objetaban las actividades desarrolladas, comenzaron a sucederse llamadas anónimas al teléfono fijo de una de las vecinas.

Primero eran preguntas sobre los familiares que articulan con la CTAA en el territorio, hasta que este sábado, subieron de tono: “Si no se dejan de joder, a tu hija y el resto los van a encontrar muertos en la puerta de tu casa”.

Desde la CTA Autónoma manifestaron su repudio. Exigieron que se investigue el hostigamiento y que se garantice la integridad de los militantes, que son vecinos del barrio que comprende las manzanas de calle 25 a 31 y de 525 a 520.

“Lo único que han hecho es aportar su granito de arena para organizar la solidaridad barrial”, argumentaron. El Comité de Tolosa contra la crisis sanitaria, alimentaria y social en pandemia, adhirió al pedido de urgente investigación.

Historias de Tolosa: Guillermo “Bocha” Scola

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Entrevista de Oscar Labadie publicada el 7 de abril de 2017

La casa en que vivo la hizo, en 1930, mi abuelo paterno, Juan Anastasio Scola, que era ferroviario. Mi abuela paterna, Virginia Macchi, era oriunda de Castelli. Mandaron a mi abuelo a trabajar a Castelli, ahí se conocieron con mi abuela que cuando se casó con él se vino a vivir a Tolosa junto con varias hermanas.

Mi viejo, Horacio Serafín Scola, nació en el año 1929, en la casa en la que ahora tienen el templo los Testigos de Jehová en 5 y 526. También fue ferroviario hasta que murió mi abuelo materno, Julio Mazzucchelli, que tenía un bar, donde sustituyó a un pariente y dejó el ferrocarril.

Mi viejo era el más joven de tres hijos: dos hermanas, Ermelinda y Ethel Scola y él. El marido de Ermelinda fue senador por la UCR, Edgardo Ferrari.

Mi madre y mis abuelos vivieron un tiempo en uno de los departamentos de arriba de 6 y 49, antes de comprarse el local de abajo para instalar un bar y después se mudaron a la esquina de 4 y 526, donde mi madre y mi padre se conocieron, ya que eran vecinos que vivían a media cuadra de distancia. Cuando mis viejos se casaron, en 1955, vivieron en 5 y 528 bis.

Mientras trabajó en el ferrocarril mi viejo estaba en la oficina de mantenimiento de los galpones ferroviarios. Habían llegado los trenes Fiat de Italia y con ellos un montón de italianos que eran los mecánicos que los arreglaban. Mi viejo se juntaba con los italianos en la oficina del galpón de los diésel a comer todos los sábados al mediodía.

En esa época el ginchero era el Chuleta Gonzalia, vivía en 526, entre 3 y 4, el llamador era el Cholo Irigoyen, que vivía en 4, entre 525 y 526, el Tanga Ingrisani, de 3 y 526, era el chofer del tren Fiat que hacía el trayecto La Plata-Atalaya.

Horacio Serafín Scola, padre de Guillermo.

A las 4 de la mañana yo iba con mi viejo y con el amigo de mi viejo, el Chuleta Gonzalía, y lo pasábamos a buscar al Tanga Ingrisani, nos subíamos acá, en Tolosa, viajábamos hasta La Plata, hacíamos el empalme Magdalena, llegábamos a Atalaya, volvíamos al empalme e volvíamos a Magdalena, todo tomando mate en la cabina.

Aunque estaba prohibido el tren paraba, en cualquier lugar, para que nos bajáramos en medio del campo a pasear. Un día, justo que yo no fui, mi viejo y Chuleta se habían bajado lejos de la estación, y tenían que esperar que los levantara el último tren a Atalaya que manejaba el Tanga.

Pero el tren no paró, pasó de largo. Y tuvieron que ir caminando, varios kilómetros, por la vía, hasta Magdalena. Resulta que iba un inspector en el tren y el Tanga no pudo parar.

Me encanta viajar en tren. Una vuelta fuimos en una máquina que iba sola hasta Villa Elisa porque mi viejo conocía al que manejaba y nosotros íbamos a Pereyra que está al lado. Me acuerdo que en ese viaje vino con nosotros Gustavo Panei.

Gustavo estaba fascinado porque una maquina sola se mueve muy distinto a un vagón, se bambolea mucho. Yo iba a la cancha a ver a Estudiantes con la tía de Gustavo, Beba Micelli y una prima mía, Ethel Fascio (mujer de Enrique, sobrina de mi abuelo).

Ethel tenía auto, me pasaba buscar a mí, y después pasábamos buscar a Beba y a Gustavo. ¡Cómo gritaban Beba y mi tía Ethel en la tribuna! Siempre nos poníamos al lado de la techada.

Gustavo Panei, Oscar Labadie, José Luis Pinatti, Daniel Carnevalini y yo jugamos en el mismo equipo en un campeonato que organizó Jorge Massera (El Turco) en 1969, en el campito de 528.

El referí de todos los partidos era el viejo de Jorge, no ganamos porque el viejo de Jorge nos bombeó mucho. Ganó el campeonato el equipo de Nuestra Señora del Carmen. Pero al año siguiente, se formó el equipo llamado El Cocoteiros Futbol Club, en el que jugaba Panei, Labadie y Pinatti que salió campeón.

Al año siguiente, el Cocoteiros se disuelve y muchos de sus jugadores se pasaron a nuestro equipo Estrella de Tolosa y la copa de campeones fue nuestra.

Compraba muchos discos en el Museo del Disco, que en realidad se llamaba casa Néstor, en 39, entre 6 y 7. Me acuerdo que una vez fui al Museo del Disco con el Chala Labadie que se compró uno de un grupo que entonces no conocía: Pink Floyd, el disco era Meddle. El disco tenía en la tapa una etiqueta que decía No comercial. Yo no me acuerdo que compré.

Zulema Mazzuchelli, mamá de Guillermo.

Mi mamá, Zulema Mazzucchelli, nació en La Plata, era maestra pero nunca ejerció. Su padre, don Julio Enrique Mazzucchelli, también vivió en Tolosa. Mi abuela materna, Lucía Grasso, vino de Sicilia, a los cinco años. Sus dos hermanas también vivían en Tolosa, una vivía en 2 bis entre 528 y 529, la otra, en la misma manzana (se juntaban los fondos) en 3, 528 y 529.

Las hermanas de mi abuelo materno también vivían en Tolosa en 529 entre 1 y 2. Ahí se juntaba toda la familia a cenar y jugar a las cartas. Eran muy familieros. Mi abuelo don Julio tenía parientes en General Hacha, La Pampa, con campos donde fue a laburar e hizo la guita con la que pudo comprarse un local para un bar en La Plata.

Al padre de mi abuelo (mi bisabuelo) que trabajaba en Tolosa, lo trasladaron a los galpones de Liniers. Yo me acuerdo que mi abuelo Julio me lo contó esto, porque me hablaba de su infancia en Liniers y que era hincha de Vélez.

Mi abuelo Julio era muy compinche conmigo, aunque tenía ocho años cuando murió, me acuerdo que él me llevaba la cancha, los domingos siempre almorzamos juntos, si era lindo día íbamos al campo, si era un día feo íbamos los dos solos al museo de Ciencias Naturales.

Me organizaba siempre los cumpleaños trayendo la comida y los adornos. Como se había mudado a diagonal 75, entre 14 y 15, a media cuadra del Parque Saavedra, me pasé una infancia bárbara porque mientras ellos dormían la siesta yo me iba a pescar y a jugar al fútbol al Parque, incluso iba al club Everton.

Todos los domingos íbamos a almorzar a lo de mis abuelos, pero cuando Estudiante jugaba de local el abuelo me llevaba a ver sólo el partido de la tercera que era a las 11 de la mañana, terminado el partido nos íbamos a almorzar a su casa.

Mi abuelo tenía una discoteca muy grande (un armario lleno) de discos de pasta, de música clásica y de tango, que escuchaba en un combinado grandote. Después que murió esos discos fueron donados al club villa Rivera.

Julio Mazzuchelli, abuelo de Guillermo.

Mi abuelo puso el bar en 1936, en la esquina de 6 y 49, se llamaba La Lechería, vendía lácteos, sánguches, licuados, no vendía bebidas alcohólicas. Y los clientes le decían que ¿cómo se iba a llamar La Lechería si él era don Julio? Así que le cambió el nombre por el de Don Julio.

Ahí laburaba el marido de una hermana de él, Norberto Guri, que vivía en 1 entre 528 y 529. También laburaba su sobrino, Enrique y mi tío Albano (mi padrino) hermano de mi vieja.

Laburaba todos parientes. Salvo dos, que no eran de la familia, Américo Cicerale, que de pendejo entró como lava copas y se quedó toda la vida y Julio “Polito” que siempre me decía, en broma, que él entró el mismo día que yo nací y no era pariente.

Cuando fallece mi abuelo, en 1964, en el bar siguen los que estaban. Mi viejo reemplaza a Norberto Guri cuando muere en 1968, deja el ferrocarril y se hace cargo del bar. Yo laburé dos años en el Don Julio, primero a la tarde, atendiendo la barra y después como lava copas por la mañana. El Don Julio cerró en 1982.

La primaria la hice en la Escuela 31. Me acuerdo de dos maestras, la de primero superior, Nelly Deledonne de Sturla y a la de cuarto, que venía de Florencio Varela a dar clases, la señorita Ravier.

La secundaria la hice en el Colegio Nacional. Terminé en 1974 y estudié dos años veterinaria. No me gustó, dejé. Por un amigo de Tolosa, Hugo Cechini (El Chino), que conocí en 1967, entré a Bellas Artes. Iba a jugar con Hugo y su hermano Daniel (El Pepo) a la casa del padre de ellos (Emilio) en la calle 2.

En realidad conocí primero al Pepo porque íbamos a la misma profesora de inglés que era de acá a la vuelta. El Chino quería mucho a mi vieja, que era conocida del viejo de él, porque cuando jóvenes las primas de mi vieja vivían a la vuelta de Emilio, y mi vieja iba a jugar con ellas y por eso habían formado parte de la misma barra.

El Chino Cechini, que había estudiado un año de medicina y no le había gustado, viene y me dice que una carrera podría llegar a gustarnos: Diseño en Comunicación Visual. Nos anotamos los dos, en 1977, en esa carrera. Cuando fuimos a dar el examen de ingreso estaba el Ejército en la puerta de la facultad con listas, sólo dejaba entrar a los que figuraban para rendir.

Cuando entramos al aula donde nos iban a tomar el examen había en la puerta un soldado custodiando con un FAL. Así hicimos nuestro examen de ingreso. Ingresamos los dos, yo seguí hasta recibirme pero el Chino, a los dos años, dejó y se fue a vivir a Suiza, donde se casó.

Hace más de 30 años que soy docente. Enseguida de recibirme me puse un taller de serigrafía en el garaje de mi casa, que dejé hace 10 años. Una serigrafía es una pantalla de seda, con una tela permeable, a la que se le pasa la “racleta” para que la tinta pase a través de la figura que uno armó en la pantalla y se imprime en el soporte que puede ser papel o casi cualquier cosa que sea plana.

Estuve dando clases de serigrafía en la Escuela de Arte de Berisso de 1999 al 2004. Dos años después empecé a dar clases en la Secretaria de Extensión en Bellas Artes, donde estoy desde hace 10 años. Tengo una hija, Mercedes Soledad Scola, que vive actualmente con su marido en Tolosa.

Iba a todos los recitales de Atenas, donde vi a Pescado Rabioso, a Aquelarre, a Reloj, a Montes, Sui Generis, incluso estuve en el “rompan todo” de Billy Bond y La Pesada del Rock en el Luna Park.

Fue en 1972, La Pesada, aquella noche solo tocó medio tema. Después se armó. Fuimos seis, 3 varones y 3 mujeres, yo era el más chico. Me dejaron ir porque iba Susana Carvallo, el marido Jorge Ramallo, la hermana de Susana, Marta, Ana Emanuele y el novio de ella de aquel entonces que era fotógrafo.

Sacamos platea, fuimos, entramos, las gradas de nuestra platea estaba atrás de todo el espacio del Luna Park. Así que estaban las dos tribunas laterales y el espacio frente al escenario donde habían establecido la platea preferencial, la más cara. En la platea preferencial no había casi nadie. El resto estaba hasta las bolas.

No había lindo clima. La gente de la tribuna, que estaba toda apretada, quería copar la platea preferencial que estaba vacía. Entonces empezaron a mover las rejas. La Pesada sale al escenario y empieza a tocar “Fiebre de la ruta”, el tema de Claudio Gabis, la tuvieron que cortar a la mitad por qué el quilombo iba in crescendo.

Pinchesky llegó tarde al recital, todo apurado, abrió la caja, sacó el violín, miró al público y cuando vio el quilombo que había, guardó el violín y se fue a la mierda. Voltearon las rejas y entonces Billly Bond gritó “rompan todo” y el público le hizo caso.

Esa noche iba tocar todo el mundo, Pescado Rabioso, Color Humano, todos. Pero no se pasó del primer medio tema. Nosotros nos fuimos mientras entraba la caballería al Luna Park. ¡Andaban los caballos por arriba del escenario y los policías iban dando palos a diestro y siniestro!

Yo era amigo de la actual mujer del Indio Solari, incluso desde antes que ellos se conocieran, Virginia Monez Ruiz, cuando vivía en 6 entre 36 y 37. Y ella y el Indio vinieron, allá por 1984, un par de veces a casa a grabar música en casetes porque yo tenía muchos discos de vinilo. Siempre fui un coleccionista compulsivo.

A los 12 años estuve en La Casa de la Luna, fuimos con Gustavo Panei. Uno del barrio me había dicho que unos hippies estaban viviendo en una casa de Tolosa. La casa era tipo japonesa, de madera, de manera que se podían modificar los ambientes.

Le dije a Gustavo “¿querés venir conmigo a verla?”, me contestó “bueno, vamos”. Cuando entramos vi mucha gente joven haciendo artesanías, vi gente que en el fondo de la casa vivían en carpas, vi que en un terrenito baldío, de al lado, había un micro abandonado y ahí dentro del micro se juntaban a tocar la guitarra.

Las chicas andaban con unas pollerita muy cortas y cuando salían hacer mandados se ponían pantalones para no escandalizar a los vecinos.

Poco tiempo después se fueron corridos por la policía. La dueña de la casa vivía del lado de 528, porque la casa atravesaba todo el terreno, y del lado de 528 vivían sus padres.