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Tolosa, AR
martes, diciembre 1, 2020
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Imperfecto y genial

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Chau Diego, y mil gracias. Fuiste contradictorio, intenso, ambiguo, provocador, y un interminable etc; eso no es ninguna novedad e incluso no estuve de acuerdo con ciertas cosas.

Tal vez tu carácter haya sido (para bien de algunos y mal de otros), una condición necesaria para desarrollar tu genialidad, no lo sé.

Porque fuiste un genio imperfecto, y no puedo juzgar tu imperfección desde la mía.

Porque nadie está ni cerca de ser esa “perfección” que pretendían que seas.

Yo te acepto y te quiero así, imperfecto y genial.

En el fútbol sos y serás “un Dios pagano sin fronteras”; el mejor de todos los tiempos.

A mí me interesa esa parte, tu parte de barrilete cósmico que no se sabe de qué planeta vino, como relató Victor Hugo en el 86; esa parte bestial e inteligente que me produjo emociones únicas y que llevaré en mí alma hasta el final de mi vida.

Me hiciste muy feliz en momentos que no tenía muchos motivos para serlo, y eso no lo logra cualquiera.

Sos un tipo especial (porque estás vivo y respirás con tu aura celeste y blanca)

GRACIAS DIEGO, por tu talento y magia inexplicable.

Carlos Sberna

Panchi, “la jocketa”

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En el barrio todavía hoy los vecinos la recuerdan como la “jocketa”.

También muchos amigos y conocidos le decían Panchi, por derivación del apodo de su nombre: Olga Francisca Lanzoni.

Aquella denominación, reconocía como antecedente su vinculación con el mundo del Turf, ya que desde pequeña había vivido en la calle 116, entre 528 y 529, y la relación con los caballos la afianzó en el stud de su padre, el cuidador don Pancho Lanzoni, lugar de donde no pocos la recuerdan, aunque en verdad jamás se dedicó a la actividad a la que refiere el apodo vecinal.

Unos años más tarde, alcanzó el título de Licenciada en Educación, que la llevó a ejercer la docencia en dos escuelas de Ensenada, las técnicas 2 y 4. Al mismo tiempo, comenzó también a trabajar como boletera en el Hipódromo de La Plata.

Pero fue a partir del año 1966, que consolidó la relación institucional, al ser designada al frente del Gabinete Psicotécnico, que ese año se agregó a la Escuela de Jockeys Aprendices del Hipódromo local, creada en el año 1958, siendo su director fundador el Dr. Rogelio Gamboa.

El citado Gabinete, a cargo de Olga Lanzoni, tenía como tarea específica la evaluación intelectual y socio económica de los aspirantes al ingreso y la preparación de todos los alumnos que no hubieran concluido la escuela primaria, quienes rendían a fin de año, en la Escuela N° 1 de Ensenada, en una mesa examinadora formada especialmente.

Hasta el año 1976, conforme la página web oficial de la entidad, el Hipódromo de La Plata, incluida la Escuela de Jockeys Aprendices, pertenecieron a la Dirección Provincial de Hipódromos de la Provincia de Buenos Aires. En el año 1978 su administración pasó al Jockey Club de La Plata y durante los años 1983 y 1997 el Hipódromo de La Plata estuvo administrado por la Empresa Hípica Argentina.

En el año 1993 la Lic. Olga Lanzoni, fue designada para ejercer la Dirección de la Escuela de Jockeys Aprendices, período en el que se hace cargo del Hipódromo el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires.

Durante esa etapa y por iniciativa de su espíritu docente y en su condición de Directora, comenzó a elaborar una propuesta que luego impulsó con mucho esfuerzo. Así, en 1994 se creó el primer Centro de equitación para personas con discapacidad y carenciados. Fue un tiempo después que comenzó a llamársele por la sigla Cedica.

Se trataba de una entidad sin fines de lucro, asistida mediante becas que otorgaba el gobierno provincial (inicialmente fueron eran 18), dedicada a la asistencia de niños y adolescentes con discapacidades diversas y especializada en tratamientos mediante la equinoterapia, o como la propia institución lo define actualmente, la implementación de Terapias Asistidas Con Animales (TACAS) y con el objetivo de su inclusión social. De las actividades también participaron niñas y niños derivados de distintos centros de atención vinculados al Ministerio de Desarrollo Social bonaerense.

Aquella idea de Panchi, tendiente a la contención e incentivación de tantos pibes que encontraron en los caballos a sus compañeros fieles para crecer, pese a sus limitaciones, en modo integral, se prolongó en el tiempo, aún después de su retiro en 2007, hasta la actualidad.

Como conclusión de su biografía, bien se puede señalar que desde su infancia, su vida siempre estuvo impregnada por el influjo de los sonidos, colores, olores, de ese paisaje abarcativo del barrio del hipódromo, su vecindad tolosana que acompañaron siempre su vocación docente y el amor por la/os niñas y niños. Fundamentalmente los más necesitados, cumpliendo sin dudas el mandato de su amor por Evita.

Ella siguió viviendo hasta el final de sus días en la calle 118 bis entre 524 y 525; fue otra víctima del coronavirus que se la llevó de allí el 17 de julio pasado.

Su casa fue usurpada desde ese mismo día.

Un mercadito a precios populares para toda la región

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A partir de la semana próxima, un paseo de la economía popular y la agricultura familiar se montará en Ringuelet dos veces por semana. Los vecinos se encontrarán con frutas, verduras, panificados, quesos de campo y mucho más a precio justo.

La feria se instalará los días lunes y jueves de 8 a 16 horas en calle 514 entre 12 y camino Centenario. Se solicita respetar los protocolos de distanciamiento social, uso de barbijo, e higiene de manos para evitar la propagación del Covid 19.

Esta iniciativa coordinada por el Frente Agrario Evita, y la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular, busca acercar alimentación básica y saludable a bajo costo para paliar la difícil situación económica que atraviesan los vecinos en el marco de la pandemia.

Freestyleando entre las Mil Casas

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En septiembre comenzó una movida que cada semana convoca a más fanáticos de la cultura rap. Todos los domingos, en la placita de 3 entre 523 y 524 se juntan pibes y pibas artistas u oyentes de las rimas más ingeniosas que se puedan cranear.

A las 4 de la tarde van llegando al corazón del barrio las Mil Casas, y para las 18 se arman batallas, dos raperos se baten a un duelo de palabras, improvisando en el centro de una ronda, que arenga en cada round a quien se lo merezca.

“Empezaron a venir chicos del barrio, hasta que arrancamos a hacer torneos entre nosotros. Habremos hecho tres o cuatro sin público, uno dijo ¿por qué no grabamos las batallas?, y otro dijo ¿porque no abrimos una cuenta en Instagram y subimos?”, recordó Miqueas Quiroga, uno de los creadores de esta iniciativa.

En una charla con Tolosa Vive, contó que el primer torneo “explotó de gente” y que se emocionaron mucho. De inmediato llamaron la atención del programa radial Somos Tolosa, que les dio una mano con la difusión, y de una fotógrafa de la que se hicieron amigos, y a quienes están profundamente agradecidos.

“Tuvimos nuestras luchas, hubo veces que no lo hicimos, que en el barco remaban dos nada más. Hace dos domingos vino un rapero súper conocido acá en la plata que se llama Cotto Rng, el representante de La Plata por lo menos en el ámbito del rap”, destacó el entrevistado.

Finalmente comentó que las batallas de freestyle son solidarias. Para inscribirse, los participantes deben abonar un alimento no perecedero, que se destina a comedores de la zona: “Nos llena de orgullo saber que gracias a lo que estamos haciendo, hay gente muy humilde que puede comer”.

Historias de Tolosa: Alberto Osvaldo Sánchez

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Entrevista de Oscar Labadie publicada el 8 de octubre de 2017

El Rotary Club de Tolosa se fundó el 11 de junio de 1969 y se disolvió el año pasado (2016). Los socios fundadores fueron Ricardo Ortiz (como primer presidente) acompañado por Carlos Angeloni, Carlos Alonzo, Carlos Angelinetti, Héctor Ainziburu; Antonio Brischetto; Norman Barclay; Bartolomé Balaguer, Francisco Ctibor; Rafael Cavalieri, Nevio Correa, Amadeo Cejas, Oscar Geijo; Juan García, Andrés Lundig; Raúl Lagomarsino, Roberto Panei; Raúl Portela, Antonio Piñeiro, Pascual Sisti, Lorenzo Speranza, Ernesto Marchioni y Carlos Fernández.
El Rotary Club Internacional nació en Estados Unidos, el 23 de febrero de 1905, fundado por Paul Harris, que había nacido en un pueblito. Recibido de abogado, Harris fue a Chicago donde no tenía relaciones y se juntó con tres conocidos: un sastre, un ingeniero de minas y un vendedor de carbón, con el objetivo de forjar lazos de amistad, intercambiar ideas, promover el servicio a la comunidad en la cual trabajaban y emprender acciones para mejorar el bienestar general de las comunidades del mundo entero.
Eran cuatro personas que se reunían, a veces una vez por mes, a veces una vez por semana, en las casas de cada uno, después se fueron sumando más, y empezaron a rotar las reuniones que eran primero en la casa de uno, luego la de otro, y así sucesivamente. Así nace la idea de llamar al club “Rotary” (Rotario) por la rotación que se hacía por las distintas casas para hacer las reuniones. De los cuatro iniciales fundadores, fue creciendo hasta llegar hoy a 1.220.000 rotarios en el mundo, que pertenecen a los 27.486 clubes rotarios ubicados en 152 países.
Con el tiempo muchos clubs fueron teniendo casa propia, aunque no todos, por ejemplo, el club más viejo de acá es el Rotary Club La Plata, al que le decimos La Plata Centro, fundado en 1925, no tiene casa propia, siempre se reunió o bien en el Jockey Club o bien en el Centro de Retirados Navales de 50, 4 y 5 o en algún club de la zona, llegó a tener 100 socios y en la actualidad son 20.
Del Rotary Club La Plata fueron surgiendo otros clubes, a lo que fue apadrinando, como La Plata Norte que está en 118 entre 37 y 38 que tiene casa propia, un socio, Di Domenicantonio, el de la fábrica de baldosas, fue el impulsor de comprar el lugar, hizo el salón y lógicamente las baldosas son de su fábrica. Después está La Plata Tribunales que no tiene sede propia, está también La Plata Oeste, que no tiene casa propia, La Plata Sur del cual soy socio honorario y no tiene casa propia.
Saliendo de La Plata también se fueron haciendo clubes en la zona, uno de ellos fue el de Tolosa que surgió de un desprendimiento del Rotary Club de La Plata. También hay en Gonnet, en City Bell, que fue un club muy importante y tiene casa propia, hoy tiene poco socios; y en Villa Elisa, este último también desapareció hace dos años. Después está el Rotary de Ensenada, que es, en la actualidad, uno de los más grandes, tiene 32 socios y casa propia, está el de Berisso que es antiguo pero tiene poquitos socios.
El objetivo central del rotarismo es trabajar en bien de la comunidad, hacer cosas para la comunidad que requieren gestiones, por eso el rotario debe tener el deseo de colaborar con los demás, el deseo de ayudar a personas que no conoce, el deseo de hacer cosas que no van a beneficiarlo a el mismo sino al prójimo. Rotarios verdaderos eran, por ejemplo, Ricardo Ortiz, Román Jaros (que fue mi padrino, quien me hizo entrar el Rotary) y Oscar Grassi.
¿Cómo se entra al Rotary? Al que le interesa ingresar lo lleva un socio, lo presenta, se lo invita a que durante seis meses o un año participe en las reuniones, el día en que se lo acepta los demás socios leen el currículum del aspirante y se produce el ingreso en el club como socio, enseguida se le da una actividad que debe realizar acompañado por el padrino o por un socio a cargo de un comité.
Primero ocupa el cargo de macero, que es el que se encarga de organizar las reuniones del club y de la comida de las cenas, después va pasando por la tesorería, y otros cargos, hasta llegar a secretario que es el paso previo a la presidencia. Todos los años se cambian las autoridades, por lo tanto la presidencia dura un año, al año siguiente asume el secretario del año en curso.
De esta manera se produce, también, una rotación en los cargos. El nuevo presidente puede continuar los proyectos de la presidencia anterior si son buenos o puede cambiarlos y empezar de vuelta si lo considera conveniente. Yo fui presidente tres veces: 1996-1997, 2005-2006, 2009-2010.
Mi política fue la de sacar el club a la calle, sacar al club de su encierro, mostrar las cosas que hacía, publicarlas, darlas a conocer. Como comerciante que fui sabía que si queríamos atraer gente teníamos que decir lo que hacíamos, porque si esto no se hace nadie sabe lo que es un club rotario.
Rotary Club Internacional es un club mundial que tiene clubes adheridos. Para formarse un club que quiera adherirse se tienen que juntar un mínimo de 20 personas destacadas de una localidad, armar el club y presentar una petición al gobernador del distrito de la zona, por ejemplo, nuestro distrito abarca desde Avellaneda hasta Verónica, Chascomús y Montes, toda esta superficie tiene en este momento 130 clubes. Hay clubes en Ranchos, Avellaneda, Etcheverry, Brandsen, Olmos, Avasto, Los Hornos (que tiene cede propia, está en 60 y 135) y muchos lugares más.
El Rotary Club de Tolosa nació como consecuencia de que un vecino de Tolosa, Ostrowiecki (que tenía una óptica y era socio de La Plata) se juntó con Ricardo Ortiz y Rubén Mackaden quienes se encargaron de ir hablándoles a sus vecinos y a sus amigos para juntar la gente. Empezaron a reunirse en el club Universitario de Gonnet, después se reunieron en la calle 3, en el Salón de Actos de DEBA, después siguieron las reuniones en la planta alta del Club Unión y Fuerza, aquí es donde se reunían cuando yo entré, en el año 1990.
Entre los socios estaba Oscar Grassi como encargado de lo que se llama “servicio en la comunidad”, había sido presidente del club Club Union y Fuerza, era muy conocido y tenía contactos. Oscar Grassi fue un tipo espectacular, siempre estuvo al servicio de la comunidad, un señorazo, un caballero, falleció representando al Rotary Club de Tolosa en una reunión que se había hecho por el cruce de la vía en 530, donde había muerto una nena atropellada por el tren; se estaba gestionando para que pusieran allí una barrera (barrera que, al final hasta hoy, nunca hubo) dando el discurso en la reunión, dijo: “estuvimos haciendo gestiones en la Municipalidad…” y se desplomó, ahí quedó. Murió trabajando por su barrio.
Me tocó ser su reemplazo y ahí me dije que en su honor lo que tenía que hacer era sacar el club a la calle, que todos lo conozcan y que todos sepan y recuerden que en Tolosa existió gente como Oscar Grassi. Después de su muerte gestionamos que le pusieran su nombre a la calle 2 bis en el tramo que va desde 528 hasta 532 y lo logramos en el año 2001.
En 1996 asumo la primera presidencia.
Todos los clubes rotarios tienen el símbolo con el engranaje, Tolosa no tenía ningún escudo físico para colocarlo durante las reuniones, me dije: ” voy a comprar uno para que el club tenga un escudo”, fui a la casa de Buenos Aires a la que el Rotary Internacional le dio la exclusividad para vender todas las cosas del club: los escudos, las banderas, los banderines, los pin (esto por el año 94),y me pidieron una fortuna por un escudito diminuto, me dije: “no puede ser”, ¿qué hice?: hice el escudo de mi club, que tenía que ser distinto a todos los demás y muchos más barato.
El Rotary Internacional no permite que se modifique en nada el escudo rotario (la rueda rotaria), yo no lo modifiqué, lo dejé tal cual es: la misma cantidad de dientes, la misma cantidad de rayos, el centro es igual, pero le agregué, por debajo, parte de otra rueda rotaria con la mención de la localidad a la que pertenece (Tolosa) engranando con la de arriba.
Cuando presenté el diseño en el club me dijeron: “está hermoso, pero no te lo van a aceptar”, pero me lo aceptaron, sin decir nada le escribí a la revista Vida Rotaria (que se edita en la ciudad de Rosario) comunicándole la novedad, cuando la revista llegó y los socios vieron el artículo informando la aceptación del escudo de Tolosa no lo podían creer. Como el club no tenía banderín, también diseñé uno.
Hicimos una plaza en 122 y 522, ahí viven casi todos los que andan con carritos, limpiamos el terreno, con los amigos de YPF conseguí que me dieran los caños para hacer las hamacas, le pedí las tablas a la maderera Nelson para hacer lo subí-bajas, le pedí a Carlos Fernández los ladrillos para el mástil y armamos la plaza. Se llama “La plaza de los carreros”. Le pusimos bancos y mesitas. No podíamos terminar de pintar las hamacas porque todos los pibes del barrio venían a querer usarlas.
En plena crisis del 2001, a través del Rotary, entre todos los clubes del gran La Plata armamos lo que se llamaba el PAS, programa asistencia solidaria, nos juntábamos todos los rotarios, poníamos todos los meses un kilo de alimento no perecedero y lo repartíamos en los comedores comunitarios; nos relacionamos con el Banco Alimentario de La Plata que recibe donaciones de mercadería, y con la ayuda de ellos juntábamos hasta 1000 kilos de alimentos no perecederos por mes que repartíamos por las zonas más necesitadas.
Desde 1982 empezamos a querer poner el reloj de sol en Tolosa, recién lo logramos en el 2010. En el 96, al asumir mi primer presidencia, yo le dije a Ricardo Ortiz que íbamos a hacer lo del reloj, y Ricardo me dijo: “sé que vas hacer lo imposible por ponerlo, pero yo ya he perdido la esperanza de ver puesto el reloj solar”, le dije: “mirá, Ricardo, yo no sé si va a ser este año, o el año que viene, o el otro, o el otro, pero me comprometo que vas a inaugurar el reloj”.
Me enteré que el intendente Bruera iba a ir a Abasto hablar sobre el reciclado de las pilas, agarré una carpeta con todo el tema del reloj, con las fotos, con el proyecto, fui, me aguanté lo de las pilas como un señorito francés y cuando termina el acto Bruera pregunta: “¿alguno tiene algo para proponer?”, me acerqué con la carpetita, se la mostré y le expliqué el proyecto; me preguntó: “¿y que necesita?”, le dije: “nada, sólo que me dé un lugar para ponerlo, no le va costar ni un peso a la Municipalidad porque ya está todo listo para armarlo”. El intendente llamó a uno de sus asesores y le dijo: “ocupáte de esto”.
Bueno, de parte la Municipalidad no había ningún problema, el problema era que el terreno para ponerlo pertenecía Vialidad Provincial, fuimos a Vialidad, y nos pusieron el asunto difícil, teníamos que llevarle la personería jurídica, la primera acta constitutiva del club, una responsabilidad civil por la construcción firmada, conseguí todo esto pero seguían sin darme el permiso y pidiéndome mas requisitos, volví a 122 y 45, pedí hablar con el director y le dije: “pedí hablar con usted porque es lo último que voy hacer, explicarle en qué consiste el reloj de sol y si no me llevo una respuesta positiva, como el reloj ya está hecho, voy y lo tiro en 4 y diagonal 80, frente al diario El Día con un cartel que diga: Vialidad: el único organismo que logró atrasar un reloj de sol”, me dice: “bueno, vamos a resolverlo, ¿qué necesita?”, le dije: “solo la autorización”, y me firmó la autorización.
Colocamos el reloj en la bajada del Distribuidor Pedro Benoit, que va en dirección a Ensenada. Tiene un cilindro de acero calado con los números que permiten identificar las horas y un óvalo de chapa en el que se proyectan las sombras. Ambas piezas están empotradas en una base circular de concreto. Emula al reloj que se encuentra en la localidad valenciana de Beniganim; fue diseñado por el experto español Joan Olivares Alfonso con la colaboración del artista plástico Rafael Amoros. Ricardo Ortiz, cuando viajó a Beniganim, quedó impactado por este reloj y pensó colocar uno igual en Tolosa.
Al fin, se inauguró el día 15 de mayo de 2010, Ricardo pronunció el discurso durante la inauguración. También organizamos las exposiciones de autos en la Escuela Técnica Número 8, de 7 y 526. Para una de esas exposiciones pude conseguir una réplica del auto de Fangio.
Mi relación con Tolosa fue siempre a través del club, nunca viví en aquí. Soy porteño, nací en Marcelo T de Alvear entre Esmeralda y Suipacha, pleno centro de Buenos Aires, donde viví hasta los seis años. Mi papá se llamaba Alberto Sánchez y era de origen asturiano y mi mamá se llamaba María Teresa Scocco y era de origen italiano.
Después mis padres se mudaron a Glew, vivía a dos cuadras de la estación en una manzana que sólo tenía ocho casas, Glew es un pueblito famoso por la capilla Santa Ana pintada por Raúl Soldi, tarea que le llevó 30 años. Soldi vivía en la esquina de mi casa, en una de las ocho que había en toda la manzana. Los hijos de Soldi eran de mi edad, así que nos criamos juntos.
Vine a La Plata en 1970, con 30 años, por un contrato de trabajo de un año en la estación de servicio Esso de Plaza Italia, el contrato se prolongó durante 14 años, después tuve la administración de la YPF de 7 y 32, después la de YPF de 7 y 39. Pero fue la estación de 7 y 32 la que me acerco a Tolosa, ahí conozco a Román Jaros, que era inspector de YPF y fue quien me hizo ingresar al Rotary de Tolosa.
Quedé encantado por la gente del barrio, por Grassi (un caballerazo), por Ortiz (una eminencia), por muchos otros que no eran potentados, eran gente de barrio, pero de acción, de hacer cosas. Cuando empecé a participar en la comunidad tolosana el recibimiento fue muy amable, muy cordial.
Me voy del club cuando fallece Jorge Signorio, que había entrado después que yo. La muerte de este gran amigo y gran rotario me afectó tanto que lo llamé al secretario del club, que era muy amigo de él también, y le dije: “no voy más al club, así que borráme que no sigo más”. El resto de los socios, poco despues, tambien pidió la baja y el club se disolvió al año siguiente.
Para refundar el club es necesario encontrar gente como encontró, en ese entonces, Ricardo Ortiz, gente como Oscar Grassi, Román Jaros, Carlos Fernández, Rafael Cavalieri, Gabriel Asenjo, Rubén Mackaden, Amadeo Cejas, Oscar Geijo, gente dispuesta hacer cosas por los demás, gente dispuesta a ceder lo más valioso que uno tiene: tiempo.
Como mínimo tendrían que ser 20 personas, porque 9 ocupan cargos directivos, y cada uno de ellos necesita otro que lo ayude, de manera que desde el vamos necesitamos 18. Hay que tener en cuenta los costos fijos de la pertenencia al club, el club tiene tres costos: el aporte al Rotary Internacional (que usa para hacer donaciones en países con carencias económicas o con crisis naturales o sanitarias), el aporte a la Gobernación del Distrito y el costo de la Revista Rotaria, esto significa 300 pesos mensuales por socio.
A esto hay que sumar el costo de las cenas durante las reuniones, que su frecuencia pueden ser variables, puede ser una o dos por mes, el resto de las reuniones de trabajo se pueden realizar más económicamente tomando un café o un té. Los interesados deberían empezar a hacer reuniones en las que se explique qué es lo que hace el Rotary, yo estaría dispuesto a asesorarlos, todo lo que sea para cuestiones solidarias puede contar con mi colaboración.

Este sábado vuelve a girar La Pituquita

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Luego de recibir la autorización por parte de la Provincia y tras ocho meses de inactividad, este sábado la calesita de Plaza Martín Iraola, ubicada en calle 2 y 530, volverá a funcionar de 15 a 20 horas, todos los días.

Según informó Pablo, propietario de La Pituquita a Tolosa Vive, en la reinauguración también habrá inflables, cama elástica y metegol, entre otros juegos.

Más de una decena de calesitas emplazadas en distintos espacios verdes de la ciudad volverán a girar bajo estricto protocolo, que incluye distanciamiento social entre niños, uso obligatorio de tapaboca-nariz, controles de temperatura y una ocupación máxima del 50 por ciento.

Se determinó que sólo podrán compartir asientos hermanos o niños que hayan llegado juntos al lugar; podrá sentarse sólo un niño por línea de juego; además no se podrán ingresar con juguetes, comida u objetos personales.

Atendiendo al valor histórico, emocional e identitario de las calesitas; las medidas sanitarias adecuadas para garantizar un entorno seguro; y la necesidad de apoyar a propietarios y concesionarios ante la difícil situación económica, la Secretaría de Espacios Públicos elaboró durante la etapa del ASPO el plan integral Volvé a tu calesita.

Según se informó, el Plan propone la aprobación de una ordenanza de reconocimiento por su valor histórico y patrimonial a 11 calesitas de la ciudad.

Además, incluye la confección de un archivo histórico sobre las mismas; la exención del pago del canon durante el período del aislamiento hasta la fecha de la reapertura; un plan de restauración y puesta en valor junto al sector; y la sanitización de las instalaciones y del entorno inmediato a las calesitas.

Calles abiertas

La iniciativa de peatonalización que viene llevando adelante el municipio, continuará este fin de semana largo, en zonas comerciales, gastronómicas y espacios verdes de distintas localidades. El domingo será el turno de la Colectora Antártida desde avenida 526 a 12, en el horario de 13 a 18.

¿Cuál es el principal enemigo para aprender música?

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Por Roxana Lasala (*)

Por un lado el “endiosarla” y asignársela exclusivamente a quienes “tienen un don”, a quienes “nacen virtuosos”, en vez de tomarla, aceptarla como una herramienta de acción natural, nuestra. Otras culturas en el mundo no han perdido el contacto esencial, vital, “biológico” con la música que se hace; interactúan con ella fuera de las academias durante toda la vida, la hacen con espontaneidad.

Los países nórdicos cantan a varias voces fluidamente durante toda la vida sin formar parte necesariamente de ningún coro formal. Los países africanos cantan y tocan simultáneamente tambores como parte de su cotidianeidad. Los santiagueños cantan y tocan el bombo desde pequeños sin haber estudiado nunca en las escuelas de música. Los hombres del norte de nuestro país cantan desinhibidamente, sin pruritos con los agudos.

Una ciudad necesita una escuela de música solo para recordarte que la música te pertenece. Es un oficio para hacer, un oficio humano, una forma más de expresarte, no solo un arte para apreciar y endiosar escuchando solo “desde afuera”.

Otro enemigo para aprender es la falta de confianza. El temor a sentirnos rechazados, inadecuados, burlados, ridiculizados solo por mostrar lo que sentimos, con o sin sonidos… sentir lo sentido.

Estamos hablando quizás de la herida más profunda y generalizada: el descuido de una de nuestras necesidades básicas, el déficit de autoconfianza.

Por eso es tan importante construir confianza, prepararla y sostenerla generando climas, esperando del otro, trabajando con la música del entorno sonoro de quien aprende, partiendo de su lenguaje en “acto”, interactuando con él, escuchando y conversando, permitiendo que se instale un vínculo humano, cambiando de estrategia metodológica cuantas veces sea necesario, planteando y replanteando metas constantemente, permitiendo la diferencia, estimulando, estimulando, estimulando. Casi exclusivamente: estimulando.

Esta confianza herida es un integrante habitual del mapa emocional de quien tenemos en frente y también nuestro, solo por pertenecer a nuestra cultura.

(*) Reflexión escrita en 2012 por la profesora y directora de la Escuela de Música Querencias.

La Plata Solidaria cumplirá 21 navidades alegrando a los pibes

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Hace 21 años, un grupo de amigos tolosanos decidió recrear la magia de Papá Noel, para darle una alegría a los que menos tienen. De la mano de La Plata Solidaria, la colecta de juguetes y golosinas se convirtió en un clásico al que cada vez se suman más ciudadanos.

Hasta el 25 de noviembre, comercios e instituciones son convocados para inscribirse como centros de recepción de la campaña Ni un chico sin Papá Noel. En el 2019 hubo 24 puntos de acopio en la región capital que comprende La Plata, Berisso y Ensenada.

“Este ha sido un año muy duro y queremos llegar a la mayor cantidad de niños y niñas posibles con la magia de la Navidad”, señaló Pablo Pérez, coordinador de la organización solidaria.

Quienes quieran participar, pueden contactarse por Instagram, Facebook o vía Whatsapp, escribiendo al 2215669819.

“Queremos agradecer a los vecinos, comerciantes, empresarios e instituciones que durante estos meses de pandemia nos han brindado tanta ayuda. Esperamos el 24 de diciembre poder decir por 21° vez, que no hubo Ni un Chico sin Papá Noel”, finalizó Pérez.

Historias de Tolosa: Ricardo Ianinni

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Entrevista de Oscar Labadie publicada el 8 de octubre de 2017

Mi abuelo paterno, Egildo Ianinni, italiano, vino después de la guerra del 14, con su hijo de cuatro años, Antonio (mi viejo). Eran de Cosenza, del sur de Italia. Se radicaron en Biedma, donde mi viejo pasó la infancia. Como no era de hablar mucho de su juventud hay cosas que las he perdido y de otras me he enterado por alguna tía. No sé en qué momento de su historia personal vinieron a La Plata. Mi abuelo era zapatero. Primero estuvo en la banda de música de la Policía, allá por 1945, pero como durante la presidencia de Perón lo quisieron obligar a portar armas por las revueltas que había en la época, renunció y ahí puso una zapatería.
Mis abuelos maternos eran de origen francés, al padre de mi mamá (Nélida Vallone) nunca lo conocí porque los abandonó cuando ella era chica, así que mi abuela, Berta Vallone, crió sola a mi mamá y a sus hermanos en un conventillo de la capital Federal de no sé dónde y en algún momento se mudaron a La Plata no sé cuándo ni porque motivo.
En la zapatería de mi abuelo paterno hoy hay una casa de compra-venta de libros usados, la librería El Nacional de 42, entre 3 y 4. Ahí pasé mi infancia cuando iba a visitar a mi abuelo que, como mi viejo, también era un tipo callado, con un castellano bastante bueno, se le notaba poco el acento de italiano. Cuando nació mi hermano, que es cinco año menor que yo, fui a pasar unos días a su casa donde lo vi laburar en un banquito chiquitito arreglando los zapatos, meta clavar suelas o dándole con el cuchillo (unas hojas de acero afiladas) para cortar el cuero. Todo era muy humilde, muy ascético, sin lujos, bien típico, creo yo, de la gente que ha vivido la guerra. Delante de mi abuelo no se podía tirar ni la cáscara de la papa porque se enojaba. Los inmigrantes de posguerra, como habían pasado hambre y necesidades, cuidaban mucho todo.
Cuando se vino acá, mi viejo, junto con Velasco y Farnoquia compraron, al mismo tiempo, tres casitas, en 531 y 4 bis, una al lado de la otra, en 1952. Éstas eran las únicas tres casas de la manzana, el resto era terreno donde pastaban vacas. Recién se empezaba construir el Barrio Ferroviario. Había una familia que vivía en 4 bis, entre 529 y 530, que tenía vacas, a las que ordeñaban y después vendían la leche.
Parisi, un abogado, era el único tipo en la zona que tenía auto cuando yo era chico, un Fiat 1100. Las calles eran de tierra, no había cloacas, las casas tenían pozos negros a los que se les tiraba carne para que los gusanos se comieran la porquería y se llamaba al camión atmosférico para que los desagotara. Tuve una infancia linda, feliz, en la que me despertaba cuando entraba un poco de sol por la ventana, en la que veía a mi vieja empezar muy temprano con los quehaceres de la casa.
Mi viejo trabajó en la vieja Casa Peuser, de 7 y 51, después trabajó en una delegación que tenía la Shell en La Plata, en 115 y 37. Cuando yo estaba en quinto de primaria cerraron la filial y empezó a laburar en Buenos Aires, en la casa central de Diagonal Sur, a dónde iba todos los días; en el viejo tren de madera que tomaba en la Estación de Tolosa. Era empleado administrativo, no tenía estudios pero dibujaba muy bien por lo que colaboró con algunos carteles de propaganda de aquella época, que se hacían en cartones y se ponían en las estaciones de servicio. Era un padre que se iba en la mañana, muy temprano, y volvía, muy de noche, hasta que falleció cuando yo estaba en el último año del Industrial y tenía 17 años.
Hice la primaria en Escuela del Carmen. La rutina era: a la mañana ir a la escuela, volver, ponerte la ropa de entre-casa, salir a jugar a la pelota con alguno de los vagonetas amigos en alguno de los tantos potreros que había, después hacer los deberes y a la cucha.
No tuve vacaciones de niño (mis primeras vacaciones fue con mi propia familia), con mis padres nunca salí de vacaciones, era un lujo que uno no se podía dar, del mismo modo que no teníamos teléfono, ni auto, ni televisor. El televisor apareció por mi casa cuando yo tenía 12 años. Nuestro vecino, Oscar Velasco, que trabajaba como electricista en los Astilleros de Río Santiago tenía un tallercito de armado de televisores valvulares, mi viejo, de a poco, le fue pagando a lo largo de un año para que fuera armando, pieza a pieza, un televisor que fue el regalo de Navidad para mi hermano y para mí.
Todas las Navidades las pasaba con mi abuelo paterno, los Año Nuevo con mi abuela materna y todos los 1 de enero, religiosamente, nos juntábamos con Velasco que hacía un asado (el vecino tenía una amistad casi de hermanos con mi viejo). Tolosa era un barrio-barrio en el que pasé una infancia que me gusta recordar.
En el Industrial me recibí de técnico con mi viejo ya fallecido, con la casa en arreglo porque estábamos construyendo, arriba, una pieza para mi hermano y para mí, mi viejo se murió en medio de la construcción, así que, recién recibido de técnico, tuve que salir a buscar laburo. El primer laburo que enganché fue con un tipo que hacía instalaciones de plomería y gas, como cada 2 × 3 se encontraba con algún tablero eléctrico y no tenía ni idea de electricidad, necesitaba un pibe que le sacara esas cuestiones del medio, pero eso era de vez en cuando, el 90% del tiempo me la pasaba haciendo canaletas con la masa y el corta fierro, para poner los caños de agua o de gas. Hicimos trabajos grandes en el Hospital de Niños. Después formé con Enrique Umbide (un amigo que vivía en El Dique) una empresita con la que hicimos durante bastantes años el mantenimiento al edificio de lo que era el Correo y el Ministerio de Bienestar Social que estaban en el Pasaje Dardo Rocha en el primer y segundo piso respectivamente.
Nos enteramos que ahí necesitaban gente que brindara servicios de mantenimiento eléctrico (iluminación, telefonía) pero tenías que ser proveedor del Estado de servicios eléctricos, por eso nos inscribimos en la DGI, con 19 años y trabajábamos por expediente, se juntaban una serie de cosas para arreglar, con eso se armaba un expediente, nosotros hacíamos las reparaciones, un encargado llamado Camaratta, revisaba que estuvieran hechos los arreglos pedidos, le daba el OK al expediente y 30 o 40 día después te lo pagaban con un cheque.
Habíamos juntado una pila de expedientes, habíamos estado muchos meses trabajando sin cobrar, habíamos hecho la cuenta y calculamos que si nos pagaban, todo junto, nos podíamos comprar una Citroneta para poder llevar las herramientas y también una acanaladadora para hacer canaletas mucho más rápido que manualmente. Y nos agarró Celestino Rodrigo, se vino rodrigazo con todos los expedientes adentro. Cuando nos pagaron yo me compré un maletín de herramientas que todavía tengo, un alicate y mi compañero se compró un juego de pinzas y un juego de destornilladores. O sea, con la guita que podría haber alcanzado para una camioneta terminamos, apenas, comprando unas pocas herramientas. Nos hizo pelotas.
También habíamos incursionado en alarmas anti robo para autos, yo hacía los circuitos electrónicos, y con un compañero de escuela que era el hijo del de la Cerrajería Artística, habíamos reformado una cerradura del tipo de los muebles de oficina que se aprietan, a la que le adicionamos un interruptor atrás; con sólo pisar la alfombra sobre esta cerradura al advertir un robo a mano armada se activaba el circuito que, después de 45 segundos, ponía masa a los platinos del vehículo y no había manera de arrancarlo.
A mi vieja, con el tema de la pensión, se le había puesto todo muy cuesta arriba así que le dije a mi socio que dejaba la empresa y los emprendimientos tecnológicos. Necesitaba un laburo que realmente me diera guita todos los meses. Y mi vieja me dice: “vos sabés que la otra vez me encontré con una señora cuyo hermano trabaja en una empresa que se llama DEBA que es jefe ahí, ¿por qué no te fijás y vas a ver?”
Un día andaba por la calle dando vueltas repartiendo tarjetas de electricista de obras y al pasar por DEBA (Dirección de Energia de Bs As) entré y dije: “vengo a ver a el señor Currado” me contestaron: “si, como no, ¿de parte de quién?”, le dije: “del hijo de una amiga de la hermana”. Lo cierto es que me lo presentan, un tipo a la antigua, Horacio Currado, derecho, serio, todo un funcionario, me escucha y me dice: “vení, seguime” y lo va a ver a un jefe del departamento de distribución, Armando Colusi, y le dice: “mirá, tengo este pibe que te va venir bien como técnico principiante en la división de estudio de redes”.
Me tomaron los datos y Armando Colusi me dijo: “esto va llevar un tiempo pero quédate tranquilo que te vamos a llamar en algún momento, ya se inicia el expediente para hacerte entrar en DEBA, pero lo que puedo hacer ahora, si estás necesitado laburo, es contactarte con un amigo que tiene una empresa de montaje electromecánico que está acá a la vuelta, andá a verlo de parte mía que algo te va a tirar”.
Así fui a ver a la Empresa Eleprint, hablé con la persona que me indicaron, el ingeniero Tudor, quien me dice: “estamos empezando una obra en Pergamino ¿vos podés viajar?” Le dije que sí y me contestó: “bueno mañana vas para allá”. Así empecé a trabajar en el interior de la Provincia de Buenos Aires en algo que ni me había imaginado que podía laburar, en obras eléctricas de alta tensión, en la Subestación 12-33-13 de Pergamino. Después estuve en una obra en Laprida, otra en Bragado y en otros los lugares donde esta empresa tenía obras.
Trabajando en Bragado, como tenía una prima en Pehuajó, me iba los fines de semana a bailar ahí porque había una piba que me interesaba, después, a la madrugada, de Pehuajó a Bragado, me volvía a dedo (esas cosas que uno hace cuando es joven) y volviendo de uno de estos bailes de fin de semana, cuando llego a la subestación (donde vivía), me dice uno de los muchachos que trabajaba ahí: “che, te estuvo buscando la policía”. En esa época no había celulares, me voy caminando hasta la caminera, alarmado, (estábamos en 1977) y me dicen los policías: “lo que pasa es que te anda buscando tu madre”
¿Qué había pasado? Mi vieja, en La Plata, había ido a la comisaría y había pedido que por radio se comunicaran a Bragado para ver si la policía me podía ubicar. Y la policía de Bragado había mandado un móvil a la Subestación para encontrarme, pero no estaba: me había ido a bailar a Pehuajó. Me dije: “¡pasó algo en mi casa!”. Me vuelvo a la Subestación y pido que me lleven a la Terminal de Micros para regresar a La Plata.
Cuando llegué le pregunté a mi vieja que pasaba, y me dijo: “es que hace unos meses yo vi en el diario que la embajada de Italia daba becas para técnicos, te inscribí y me olvidé de contarte, ayer me vinieron avisar que te la ganaste”. ¡Ésa era la urgencia!: me tenía que hacer el pasaporte de un día para el otro y un montón de trámites para ir, durante siete meses, a hacer un perfeccionamiento técnico en Italia.
Fui a la empresa, les expliqué la situación, me dieron una licencia sin goce de sueldo, y fui a verlo a Currado, a DEBAS, no quería quedar mal con él despues de lo amable que habia sido conmigo, fui a decirle que suspenda el proceso de incorporación para evitar que me nombraran y yo no estuviera para ocupar el cargo. Currado me dice: “vení conmigo” y fuimos a verlo al gerente, Bué de nombre, y le dije: “mire, a mí me habían propuesto para un puesto en la categoría 11, pero me tengo ir a Italia a un curso de perfeccionamiento”, Bué dijo: “Mire, Currado, a este chico que se va estudiar Italia no le puede dar una categoría 11, tiene que darle la categoría 12 y guardarle el puesto para cuando vuelva”. Así es que yo me fui a Italia con un puesto asegurado en DEBA que en esa época te arreglaba la vida laboral de por vida.
De golpe y porrazo me encontré subiéndome, por primera vez, a un avión rumbo Italia. Me subo al avión, busco mi asiento, me quedo ahí quietito, sin saber bien lo que iba pasar y en eso vienen tres tipos caminando por el pasillo y uno dice: “y ahora el único que nos queda por encontrar es un tal Ianinni” y yo les dije: “eh, acá estoy” Eran otros tres de Capital Federal que habían ido a unas charlas previas de la embajada de Italia, a las que yo no había ha podido ir, y le habían dado la lista de todos los que iban becados en las distintas especialidades. Había una chica que se llamaba Raquel que iba estudiar escultura, estaba Daniel Bronca que también iba por la parte eléctrica como yo, estaba Florindo Mignona que sus padres eran los dueños de la panadería de 7 y 34, que iba a especializarse en química.
Mi estadía en Italia fue como vivir una película. Estuve en Roma durante una semana, después hice, durante tres meses, un curso de idiomas en la Universidad para extranjeros de Peruggia, donde tuve un profesor llamado Angelo Piupiu que lograba hacerse entender, en su propia lengua, ante alumnos alemanes, árabes, españoles, chinos. En ese curso conocí a una bisnieta de Cornelio Saavedra, Maria Camer Lindo, una chica muy bonita y muy inteligente que me invitó a su casamiento.
Después empecé el curso técnico en Urbino, una ciudad divina, que está en la cima de una montaña, el tren para llegar tiene que ser enganchado en una cremallera para hacer una subida que es super empinada. La ciudad es el palacio ducal de Urbino con la fortaleza, dentro de la cual estaba el Colegio Industrial al cual íbamos a hacer el curso que era para todos los países del Tercer Mundo. Así que tuve compañeros de prácticamente toda la América latina pero también tenía compañeros de Siria, Irán, Mozambique, Egipto.
Volví a la Argentina, fui a DEBA y me dijeron: “mañana empezás”. Renuncié a Eleprint y estuve muchos años en DEBA. Me volví a comprar una moto. La primera la había tenido a los 11 años, cuando estaba en primero de la secundaria, la había cambiado por un rifle de aire comprimido que mi vieja no me dejaba usar, se la cambié a un compañero por una Paperino 45, que no andaba por supuesto y me la arregló Gino Pinatti, el padre de José Luis. Desde esa época siempre que podía había andado en moto.
Empecé a estudiar ingeniería en la Tecnológica, me puse de novio con una chica que había conocido en DEBA y yendo en moto a ver los muebles para casarme me atropella un auto que da la media vuelta en U, a contramano, en 7 y 42, destrozándome una pierna. Estuve un año y medio sin caminar, inválido, me operaron siete veces. Los que más me apoyaron, los que más me vinieron a visitar mientras estuve pasando ese mal momento fueron mis amigos de la infancia: José Luis Pinatti y Rubén Jáuregui, compañeros míos del Colegio del Carmen y del Industrial.
Perdí la condición de regular en la facultad, me casé con la novia que se había quedado a mi lado durante todo ese tiempo y tuvimos tres hijos. Me fui a vivir a un departamento de 56, 6 y 7. Empecé estudiar de nuevo y a los tres años cuando se cierra el juicio que le había iniciado al tipo que me había atropellado, con lo que me pagó, me pude comprar una casa semi abandonada en 5, 72 y 73. La reconstruimos, nos mudamos ahí, donde viví unos cuantos años, hasta que terminé la carrera de ingeniero en la Tecnológica.
Recién entonces me pude comprar una casa en Tolosa. No sé porque los que vivimos en Tolosa, de una o de otra manera, tratamos de volver. De los que conozco pocos son los que no han vuelto. En el año 92 empiezo a trabajar en Transener en Capital, mi señora fallece en diciembre de 2001, me quedo viudo con los hijos chicos y tuve que apechugar siguiendo adelante como podía. Tiempo después conocí una compañera de trabajo, divorciada, con un hijo, de Caballito, con quien contraje segundas nupcias. Me agoté de trabajar en Capital y conseguí, hace cuatro años, pasar a la Central Térmica Ensenada de Barragán, mi compañera también pudo conseguir el traslado.

Comenzaron las tareas de prevención contra el Dengue

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En el marco de la llegada de los días de calor, la Municipalidad de La Plata continúa con la campaña para prevenir la aparición del mosquito del Dengue mediante operativos de fumigación en barrios y espacios públicos. Buscan promover el descacharreo intradomiciliario.

Con controles y fumigaciones en distintos barrios de la ciudad, esta semana las acciones preventivas se desarrollaron en las localidades de Melchor Romero, Arana, Los Hornos y Abasto, donde -además de fumigar- se brindaron recomendaciones para que las familias apliquen en sus hogares, haciendo hincapié en la importancia del descacharreo intradomiciliario.
Cabe recordar que la presente campaña está basada en los ejes de prevención temprana y concientización para evitar la circulación del mosquito Aedes Aegypti; al tiempo que las autoridades sanitarias elaboraron un mapa epidemiológico para intensificar las acciones preventivas en las zonas mayormente afectadas durante el último verano.

Cronograma de trabajo

Tras haber desplegado operativos de prevención en diversas localidades, la Comuna dispuso durante las últimas semanas acciones en Abasto, Etcheverry, El Peligro, Olmos, Romero, San Carlos, Arturo Seguí, City Bell, El Rincón, Hernández, Gonnet, Gorina, Los Porteños, Ringuelet, Savoia, Tolosa, Villa Castells y Villa Elisa.

Asimismo, a partir del lunes 16, los agentes municipales harán lo propio en Arana, Los Hornos, Altos de San Lorenzo, Sicardi y Villa Elvira. Se informó que durante las próximas semanas también se realizarán fumigaciones en los espacios verdes del casco urbano.
En esta línea, cabe destacar que el cronograma pautado por las autoridades municipales puede variar en caso de lluvia o de que se generen condiciones climáticas adversas.

Cómo evitar la presencia del mosquito

Vale recordar que, para evitar la reproducción y proliferación del mosquito transmisor, así como una posible picadura, desde la Municipalidad se recomendó a los vecinos y vecinas cuidar y desmalezar los jardines; y cortar el pasto una vez por semana.

Del mismo modo, se aconseja secar el agua de veredas y terrazas; eliminar cualquier elemento, envase o recipiente al aire libre capaz de acumular escasos volúmenes de agua limpia, como cubiertas y macetas en desuso; destapar canaletas y desagües obstruidos.

También se indica usar repelente en forma permanente y ropa que cubra las extremidades; cambiar cada 24 horas el agua de los floreros y bebederos de animales; pulverizar con insecticida para mosquitos los muebles que no tocan el piso; y colocar mosquiteros en las ventanas.

¿Qué lugares se pueden convertir potencialmente en criaderos?

En los hogares, los lugares donde pueden existir criaderos son: patios externos e internos, fachadas rotas con recovecos, cocinas, comedores, lavaderos, depósitos de materiales, baños, cocheras, entrepisos, balcones, maceteros, piletas rotas u obturadas que generen charcos, neumáticos, tanques de agua sin tapa, muebles en desuso, terrazas.

En los barrios se puede detener el ciclo evolutivo del mosquito controlando especialmente vehículos en desuso, malezas y veredas rotas o desniveladas, canaletas rotas o tapadas, desagües rotos o tapados, caños rotos, charcos, recipientes de residuos sin tapa, envases de plástico o vidrio y árboles rotos. Además, se considera fundamental no generar microbasurales.