Aprender música sirve para conocer nuevas formas de aprender… incluso la tuya

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Por Roxana Lasala (*)

Por todo esto hacer música se convierte no solo en un fin en sí mismo, sino en una herramienta privilegiada para trabajar sobre las estructuras sobre las que hemos construido nuestro ser (personalidad) que ya tenemos conquistadas y sobre las que deseemos conquistar.

Tal vez nos reconocemos estructurados, donde la seguridad de un esquema nos permite avanzar confiados por una trama de aprendizajes… así, los profesores aprovecharemos esta cualidad para progresar rápidamente en el aprendizaje de la música.

Una vez que este mecanismo de apropiación “natural” permita la autoconfianza podremos proponer los rasgos musicales menos esquemáticos como la improvisación o el juego para incorporar no solo esta habilidad específica musical, sino a partir de ella, inaugurar la posibilidad de generar otra manera de producir, quizás atreviéndonos a explorar mecanismos “no tan previsibles o seguros”.

Así no solo nos llevamos la música “a casa” sino otra manera de aprender…de interactuar con nuestro entorno.

Por esto hacer música es una oportunidad de focalizar en algunos aspectos que en general pretenden pasar desapercibidos en otros espacios de aprendizaje, como el reconocimiento del mapa o territorio emocional que nos define y desde el cual también nos conectamos a lo musical, o aquellos marcos y contextos históricos sociales a los que constantemente nos invita la música mostrándonos quiénes somos como miembros de una cultura.

Es además la posibilidad de reflexionar-nos, de detener las inercias de un tiempo vivido exclusivamente desde lo cronológico, de entrar a percibirlo desde sus compases y sincronías. Es una posibilidad de despertar lo estético, lo bello, y las diversas formas de nuestra percepción. Es optar por una vivencia poblada en el silencio. Es redescubrir con qué resonamos esencialmente. Es equilibrar y ahondar la percepción sensible, darle cabida, espacio y lugar en nuestros programas de aprendizaje y, en nuestras vidas.

(*) Reflexión escrita en 2012 por la profesora y directora de la Escuela de Música Querencias.

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