Historias de Tolosa: Alberto Gandell, el veterinario

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Entrevista de Oscar Labadie publicada el 19 de junio de 2017

Hace 25 años que llegué a Tolosa, en 1993, cuando todavía la calle 7 era angosta, el puente de 526 y Antártida no estaba, no se podía pasar por ahí. La 526 estaba cerrada, el puente se hizo por el año 2000 más o menos, tampoco estaba El Rallador de 7 y 528, que se hizo hace unos 20 años.

Donde está el puente había un arroyo, que fue tapado, en 526 entre 3 y 4, había una panadería, la “Doña Julia”, que muchos vecinos recuerdan, por esta calle, que era de tierra, sólo había un terraplén para el tranvía. Las más antiguas familias de la zona son los Chapino, los Falcón, los Delía.

Nací en el barrio Hipódromo, cuando vivía en Estados Unidos mi madre compró, a nombre mío, un terreno aquí, ya que le vio futuro al barrio. Cuando me volví de Estados Unidos me construí la casa en ese terreno porque me di cuenta que Tolosa es otro tipo de barrio: todo casas bajas, todo jardines, todo árboles, se parece a Flores, Floresta, esos lugares de Buenos Aires que son muy requeridos. Los hijos de los que vivían acá se quedaron viviendo acá, todos los hijos de las familias se quedaron acá, vive la familia en un lado y los hijos en la otra cuadra o en la siguiente. Esta es una característica de Tolosa que no se ve en otros lados.

Yo me enamoré de este barrio que no es en el que nací. Hay una palabra que, tal vez, lo explica: cordialidad. La gente que vive acá es muy cordial. Yo compro todo en Tolosa, lo hago para que crezca, si tengo que gastar dinero lo gasto acá. Soy un hincha de este barrio. No sé qué tiene, no sé si es el aire, no sé si es la tranquilidad o, como como te digo, la cordialidad, que te fanatiza.

Otra cosa que noté es que acá hay muchos turcos, los Tau, los Rapan, los Yebara, una vez me dijeron: “tratá bien a un turco y lo tenés de cliente de por vida, si lo tratás mal toda la comunidad turca se entera”. Aquí nos conocemos todos. Yo llegué, abrí la veterinaria, en 7 y 525, nadie me conocía pero empecé a percibir esa cordialidad. No hice nunca propaganda, los clientes aumentaron por el boca a boca.

En Estados Unidos la gente se maneja por teléfono, no sale hacer los mandados como acá, se hace una compra mensual en el supermercado, la gente conversa muy poco entre sí, allá es muy raro que uno se ponga a charlar con alguien mucho rato, acá sí, eso es común, la gente se queda charlar, allá los vecinos no se conocen, no se saludan, ni se hablan.

Una de las cosas que nos falta en Tolosa, para que avance, sería crear una serie de restoranes o cafés, que no hay, no hay un café que vos digas: “me voy a sentar en un café a charlar con un vecino”. Falta eso. Lamentablemente la inseguridad está haciendo cambiar las costumbres, después de las 7 de la tarde la gente ya no hace mandados, los negocios cierran, los domingos las calles están desiertas.

Mi especialidad dentro de la veterinaria son los pequeños animales. Pero sólo me dedico a perros y gatos. Hago clínica básicamente y algo de cirugía menor, lo básico: castración, curaciones. Lo que es muy elaborado lo derivo a un especialista.

Para cuidar la salud de un perro o de un gato hay que tener en cuenta que la salud empieza por la boca, con una buena alimentación que se basa en el alimento balanceado y en una base de carne porque tanto perro como el gato son carnívoros. Está mal hacer omnívoros a los animales, hacer que los perros coman galletitas, pizza, empanadas. Esto está mal.

El perro debe comer alimento balanceado y carne hecha vuelta y vuelta, sin sal, sin aderezos. Hay que evitar las harinas, el chocolate, los derivados del cerdo. Les cae mal, no lo digieren bien. No hay que dar huesos porque que generan bolos fecales. Tampoco deben ingerir azúcar.

Después hay dos medidas claves que son, primero, en el perro, la vacunación anual, una vacunación de rabia por un lado y una vacunación para parvovirosis y moquillo (peste canina) por el otro. Y segundo, en el gato, también, una vacunación anual de rabia y una vacuna para la rinotraqueitis felina que es un resfrío de los gatos, que la produce un virus herpético que si no se cura bien vuelve.

Es aconsejable castrar a las hembras tanto perros como gatos, previene tumores de mama, que genera la pseudo preñez. Es una operación simple pero con anestesia general para sacar los ovarios. Los gatos machos también se castran, porque tienden a pelear o marcar territorio orinando los lugares, para evitar esto se castran.

Los vómitos y las diarreas son los síntomas por los que se debe consultar un veterinario. Hay que tratar de evitar que un perro esté en el frente de una casa, porque al pasar un chico lo puede morder. Hay que ejercitar al perro, lo ideal es sacarlo todos los días como mínimo una vez, de paseo. El gato se estresa cuando le falta diversión, necesita, por ejemplo, una pelotita para jugar porque si no se aburre.

En cuanto la higiene, el gato se acicala sólo, el único problema que tiene esto es que traga mucho pelo y a veces hay que ponerle un poquito de aceite en la comida para que le haga de laxante y los expulse todos. De bañarlo hay que acostumbrarlo de chiquito, porque si uno trata de bañarlos de grande termina arañado. Si el perro es pelo corto con un simple cepillo es suficiente para higienizarlo, y, en general, se los baña en verano porque en invierno es difícil que se seque sin que pase frío.

En verano aparecen las pulgas, también a veces la garrapata. El problema es que la garrapata sube al chico que gatea por eso hay que tener mucho cuidado. También hay que cuidar que, en verano, el perro no defeque cerca de donde camina, descalzo, un niño pequeño porque por la plantita del pie o la mano penetran los áscaris, que es un parásito.

Para las pulgas es recomendable la pipeta externa que contiene una droga que se coloca por detrás de la cabeza, en el lomo. Para evitar los parásitos conviene desparasitar cada cuatro meses.

El nombre de “Veterinaria por un amigo” tiene una historia. Cuando terminé el Colegio Nacional entré en la carrera de veterinario, en el año 1973, y como no me gustó mucho aprobé sólo una materia y dejé de estudiar. Después de hacer el servicio militar empiezo a trabajar con mi padre en el servicio veterinario del Hipódromo.

Yo le tomaba la temperatura a los caballos y un día viene un veterinario y me dice: “me enteré que vos estudiabas veterinaria y dejaste, mirá, esto es como lo perros de pedigree, es decir, vos podés saber un montón pero si no tenés el título, no tenés el papel, no sirve de nada, es como el perro de pura raza al que le falta el papel que certifique el pedigree, es como si no fuera de raza, ¿por qué no vas a la facultad si total con una nota de readmisión podés volver?”.

Volví y empecé estudiar de nuevo, voy cursar una materia que se llama histología, y me encuentro un perrito abandonado en la puerta de la facultad, que es este perrito que tengo en la foto, empecé a dudar si entrar o no a la clase, había estudiado poco, temía que me fuera mal, los muchachos que estaban en la puerta del aula me dijeron: “dale, dale, entrá” y los ayudantes de esa materia me dijeron: “nosotros te lo cuidamos hasta que salgas”.

Lo cuidaron al perro hasta que terminó la clase. Y resultó que en la clase no tomaron y aprobaron a todos, incluido a mí que había estudiado poco. Lo consideré una buena señal, y me vengo caminando con mi perro para mi casa, me tuve que volver a pie porque estaba muy pobre y, mientras caminaba, al perro lo bauticé “Amigo” y le juré que me iba a recibir. Cumplí mi promesa porque por un amigo hacés cualquier cosa para cumplir con él. A mi perro “Amigo” lo crie y me alcanzó a ver recibido. Por él es la “Veterinaria por un amigo”.

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