Historias de Tolosa: Guillermo “Bocha” Scola

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Entrevista de Oscar Labadie publicada el 7 de abril de 2017

La casa en que vivo la hizo, en 1930, mi abuelo paterno, Juan Anastasio Scola, que era ferroviario. Mi abuela paterna, Virginia Macchi, era oriunda de Castelli. Mandaron a mi abuelo a trabajar a Castelli, ahí se conocieron con mi abuela que cuando se casó con él se vino a vivir a Tolosa junto con varias hermanas.

Mi viejo, Horacio Serafín Scola, nació en el año 1929, en la casa en la que ahora tienen el templo los Testigos de Jehová en 5 y 526. También fue ferroviario hasta que murió mi abuelo materno, Julio Mazzucchelli, que tenía un bar, donde sustituyó a un pariente y dejó el ferrocarril.

Mi viejo era el más joven de tres hijos: dos hermanas, Ermelinda y Ethel Scola y él. El marido de Ermelinda fue senador por la UCR, Edgardo Ferrari.

Mi madre y mis abuelos vivieron un tiempo en uno de los departamentos de arriba de 6 y 49, antes de comprarse el local de abajo para instalar un bar y después se mudaron a la esquina de 4 y 526, donde mi madre y mi padre se conocieron, ya que eran vecinos que vivían a media cuadra de distancia. Cuando mis viejos se casaron, en 1955, vivieron en 5 y 528 bis.

Mientras trabajó en el ferrocarril mi viejo estaba en la oficina de mantenimiento de los galpones ferroviarios. Habían llegado los trenes Fiat de Italia y con ellos un montón de italianos que eran los mecánicos que los arreglaban. Mi viejo se juntaba con los italianos en la oficina del galpón de los diésel a comer todos los sábados al mediodía.

En esa época el ginchero era el Chuleta Gonzalia, vivía en 526, entre 3 y 4, el llamador era el Cholo Irigoyen, que vivía en 4, entre 525 y 526, el Tanga Ingrisani, de 3 y 526, era el chofer del tren Fiat que hacía el trayecto La Plata-Atalaya.

Horacio Serafín Scola, padre de Guillermo.

A las 4 de la mañana yo iba con mi viejo y con el amigo de mi viejo, el Chuleta Gonzalía, y lo pasábamos a buscar al Tanga Ingrisani, nos subíamos acá, en Tolosa, viajábamos hasta La Plata, hacíamos el empalme Magdalena, llegábamos a Atalaya, volvíamos al empalme e volvíamos a Magdalena, todo tomando mate en la cabina.

Aunque estaba prohibido el tren paraba, en cualquier lugar, para que nos bajáramos en medio del campo a pasear. Un día, justo que yo no fui, mi viejo y Chuleta se habían bajado lejos de la estación, y tenían que esperar que los levantara el último tren a Atalaya que manejaba el Tanga.

Pero el tren no paró, pasó de largo. Y tuvieron que ir caminando, varios kilómetros, por la vía, hasta Magdalena. Resulta que iba un inspector en el tren y el Tanga no pudo parar.

Me encanta viajar en tren. Una vuelta fuimos en una máquina que iba sola hasta Villa Elisa porque mi viejo conocía al que manejaba y nosotros íbamos a Pereyra que está al lado. Me acuerdo que en ese viaje vino con nosotros Gustavo Panei.

Gustavo estaba fascinado porque una maquina sola se mueve muy distinto a un vagón, se bambolea mucho. Yo iba a la cancha a ver a Estudiantes con la tía de Gustavo, Beba Micelli y una prima mía, Ethel Fascio (mujer de Enrique, sobrina de mi abuelo).

Ethel tenía auto, me pasaba buscar a mí, y después pasábamos buscar a Beba y a Gustavo. ¡Cómo gritaban Beba y mi tía Ethel en la tribuna! Siempre nos poníamos al lado de la techada.

Gustavo Panei, Oscar Labadie, José Luis Pinatti, Daniel Carnevalini y yo jugamos en el mismo equipo en un campeonato que organizó Jorge Massera (El Turco) en 1969, en el campito de 528.

El referí de todos los partidos era el viejo de Jorge, no ganamos porque el viejo de Jorge nos bombeó mucho. Ganó el campeonato el equipo de Nuestra Señora del Carmen. Pero al año siguiente, se formó el equipo llamado El Cocoteiros Futbol Club, en el que jugaba Panei, Labadie y Pinatti que salió campeón.

Al año siguiente, el Cocoteiros se disuelve y muchos de sus jugadores se pasaron a nuestro equipo Estrella de Tolosa y la copa de campeones fue nuestra.

Compraba muchos discos en el Museo del Disco, que en realidad se llamaba casa Néstor, en 39, entre 6 y 7. Me acuerdo que una vez fui al Museo del Disco con el Chala Labadie que se compró uno de un grupo que entonces no conocía: Pink Floyd, el disco era Meddle. El disco tenía en la tapa una etiqueta que decía No comercial. Yo no me acuerdo que compré.

Zulema Mazzuchelli, mamá de Guillermo.

Mi mamá, Zulema Mazzucchelli, nació en La Plata, era maestra pero nunca ejerció. Su padre, don Julio Enrique Mazzucchelli, también vivió en Tolosa. Mi abuela materna, Lucía Grasso, vino de Sicilia, a los cinco años. Sus dos hermanas también vivían en Tolosa, una vivía en 2 bis entre 528 y 529, la otra, en la misma manzana (se juntaban los fondos) en 3, 528 y 529.

Las hermanas de mi abuelo materno también vivían en Tolosa en 529 entre 1 y 2. Ahí se juntaba toda la familia a cenar y jugar a las cartas. Eran muy familieros. Mi abuelo don Julio tenía parientes en General Hacha, La Pampa, con campos donde fue a laburar e hizo la guita con la que pudo comprarse un local para un bar en La Plata.

Al padre de mi abuelo (mi bisabuelo) que trabajaba en Tolosa, lo trasladaron a los galpones de Liniers. Yo me acuerdo que mi abuelo Julio me lo contó esto, porque me hablaba de su infancia en Liniers y que era hincha de Vélez.

Mi abuelo Julio era muy compinche conmigo, aunque tenía ocho años cuando murió, me acuerdo que él me llevaba la cancha, los domingos siempre almorzamos juntos, si era lindo día íbamos al campo, si era un día feo íbamos los dos solos al museo de Ciencias Naturales.

Me organizaba siempre los cumpleaños trayendo la comida y los adornos. Como se había mudado a diagonal 75, entre 14 y 15, a media cuadra del Parque Saavedra, me pasé una infancia bárbara porque mientras ellos dormían la siesta yo me iba a pescar y a jugar al fútbol al Parque, incluso iba al club Everton.

Todos los domingos íbamos a almorzar a lo de mis abuelos, pero cuando Estudiante jugaba de local el abuelo me llevaba a ver sólo el partido de la tercera que era a las 11 de la mañana, terminado el partido nos íbamos a almorzar a su casa.

Mi abuelo tenía una discoteca muy grande (un armario lleno) de discos de pasta, de música clásica y de tango, que escuchaba en un combinado grandote. Después que murió esos discos fueron donados al club villa Rivera.

Julio Mazzuchelli, abuelo de Guillermo.

Mi abuelo puso el bar en 1936, en la esquina de 6 y 49, se llamaba La Lechería, vendía lácteos, sánguches, licuados, no vendía bebidas alcohólicas. Y los clientes le decían que ¿cómo se iba a llamar La Lechería si él era don Julio? Así que le cambió el nombre por el de Don Julio.

Ahí laburaba el marido de una hermana de él, Norberto Guri, que vivía en 1 entre 528 y 529. También laburaba su sobrino, Enrique y mi tío Albano (mi padrino) hermano de mi vieja.

Laburaba todos parientes. Salvo dos, que no eran de la familia, Américo Cicerale, que de pendejo entró como lava copas y se quedó toda la vida y Julio “Polito” que siempre me decía, en broma, que él entró el mismo día que yo nací y no era pariente.

Cuando fallece mi abuelo, en 1964, en el bar siguen los que estaban. Mi viejo reemplaza a Norberto Guri cuando muere en 1968, deja el ferrocarril y se hace cargo del bar. Yo laburé dos años en el Don Julio, primero a la tarde, atendiendo la barra y después como lava copas por la mañana. El Don Julio cerró en 1982.

La primaria la hice en la Escuela 31. Me acuerdo de dos maestras, la de primero superior, Nelly Deledonne de Sturla y a la de cuarto, que venía de Florencio Varela a dar clases, la señorita Ravier.

La secundaria la hice en el Colegio Nacional. Terminé en 1974 y estudié dos años veterinaria. No me gustó, dejé. Por un amigo de Tolosa, Hugo Cechini (El Chino), que conocí en 1967, entré a Bellas Artes. Iba a jugar con Hugo y su hermano Daniel (El Pepo) a la casa del padre de ellos (Emilio) en la calle 2.

En realidad conocí primero al Pepo porque íbamos a la misma profesora de inglés que era de acá a la vuelta. El Chino quería mucho a mi vieja, que era conocida del viejo de él, porque cuando jóvenes las primas de mi vieja vivían a la vuelta de Emilio, y mi vieja iba a jugar con ellas y por eso habían formado parte de la misma barra.

El Chino Cechini, que había estudiado un año de medicina y no le había gustado, viene y me dice que una carrera podría llegar a gustarnos: Diseño en Comunicación Visual. Nos anotamos los dos, en 1977, en esa carrera. Cuando fuimos a dar el examen de ingreso estaba el Ejército en la puerta de la facultad con listas, sólo dejaba entrar a los que figuraban para rendir.

Cuando entramos al aula donde nos iban a tomar el examen había en la puerta un soldado custodiando con un FAL. Así hicimos nuestro examen de ingreso. Ingresamos los dos, yo seguí hasta recibirme pero el Chino, a los dos años, dejó y se fue a vivir a Suiza, donde se casó.

Hace más de 30 años que soy docente. Enseguida de recibirme me puse un taller de serigrafía en el garaje de mi casa, que dejé hace 10 años. Una serigrafía es una pantalla de seda, con una tela permeable, a la que se le pasa la “racleta” para que la tinta pase a través de la figura que uno armó en la pantalla y se imprime en el soporte que puede ser papel o casi cualquier cosa que sea plana.

Estuve dando clases de serigrafía en la Escuela de Arte de Berisso de 1999 al 2004. Dos años después empecé a dar clases en la Secretaria de Extensión en Bellas Artes, donde estoy desde hace 10 años. Tengo una hija, Mercedes Soledad Scola, que vive actualmente con su marido en Tolosa.

Iba a todos los recitales de Atenas, donde vi a Pescado Rabioso, a Aquelarre, a Reloj, a Montes, Sui Generis, incluso estuve en el “rompan todo” de Billy Bond y La Pesada del Rock en el Luna Park.

Fue en 1972, La Pesada, aquella noche solo tocó medio tema. Después se armó. Fuimos seis, 3 varones y 3 mujeres, yo era el más chico. Me dejaron ir porque iba Susana Carvallo, el marido Jorge Ramallo, la hermana de Susana, Marta, Ana Emanuele y el novio de ella de aquel entonces que era fotógrafo.

Sacamos platea, fuimos, entramos, las gradas de nuestra platea estaba atrás de todo el espacio del Luna Park. Así que estaban las dos tribunas laterales y el espacio frente al escenario donde habían establecido la platea preferencial, la más cara. En la platea preferencial no había casi nadie. El resto estaba hasta las bolas.

No había lindo clima. La gente de la tribuna, que estaba toda apretada, quería copar la platea preferencial que estaba vacía. Entonces empezaron a mover las rejas. La Pesada sale al escenario y empieza a tocar “Fiebre de la ruta”, el tema de Claudio Gabis, la tuvieron que cortar a la mitad por qué el quilombo iba in crescendo.

Pinchesky llegó tarde al recital, todo apurado, abrió la caja, sacó el violín, miró al público y cuando vio el quilombo que había, guardó el violín y se fue a la mierda. Voltearon las rejas y entonces Billly Bond gritó “rompan todo” y el público le hizo caso.

Esa noche iba tocar todo el mundo, Pescado Rabioso, Color Humano, todos. Pero no se pasó del primer medio tema. Nosotros nos fuimos mientras entraba la caballería al Luna Park. ¡Andaban los caballos por arriba del escenario y los policías iban dando palos a diestro y siniestro!

Yo era amigo de la actual mujer del Indio Solari, incluso desde antes que ellos se conocieran, Virginia Monez Ruiz, cuando vivía en 6 entre 36 y 37. Y ella y el Indio vinieron, allá por 1984, un par de veces a casa a grabar música en casetes porque yo tenía muchos discos de vinilo. Siempre fui un coleccionista compulsivo.

A los 12 años estuve en La Casa de la Luna, fuimos con Gustavo Panei. Uno del barrio me había dicho que unos hippies estaban viviendo en una casa de Tolosa. La casa era tipo japonesa, de madera, de manera que se podían modificar los ambientes.

Le dije a Gustavo “¿querés venir conmigo a verla?”, me contestó “bueno, vamos”. Cuando entramos vi mucha gente joven haciendo artesanías, vi gente que en el fondo de la casa vivían en carpas, vi que en un terrenito baldío, de al lado, había un micro abandonado y ahí dentro del micro se juntaban a tocar la guitarra.

Las chicas andaban con unas pollerita muy cortas y cuando salían hacer mandados se ponían pantalones para no escandalizar a los vecinos.

Poco tiempo después se fueron corridos por la policía. La dueña de la casa vivía del lado de 528, porque la casa atravesaba todo el terreno, y del lado de 528 vivían sus padres.

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