Historias de Tolosa: Gustavo Joaquín Eugenio Rodríguez Dacal (el Gallego)

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Entrevista de Oscar Labadie publicada el 4 de mayo 2017

Mi familia llegó a Tolosa antes de la fundación de La Plata, cuando llegaron los Araldi, procedente de Módena y los Juillerat, que eran primos. Mi bisabuelo, Eugenio Araldi, tenía una farmacia en 2 y 529 (la que luego fue de Sister).

Cuando se creó la Universidad obtuvo el título de idóneo farmacéutico, que no era un título universitario. Después se hizo una farmacia en La Plata, la de 4 y 51, que se llamaba Araldi Pensado.

Mi bisabuelo, Eugenio Araldi, fue uno de los primeros pobladores de Tolosa, junto con Juillerat que ya había venido antes y que tenía el Hotel de la esquina de 2 y 529 donde, cuando vino a fundar La Plata, paró Dardo Rocha.

Mis bisabuelo (Eugenio Araldi) y mi bisabuela (Felisa García) tuvieron a mi abuela Emma Araldi y a mi tío abuelo Eugenio Araldi (hijo), que le decían Pichuco, que vivió hasta 1941 en Tolosa, entró a trabajar en la Firestone, se fue a trabajar a Panamá y después a Estados Unidos, por eso nosotros tenemos primos en Norteamérica. Cuando mi bisabuelo, Eugenio Araldi, se retira de la farmacia de 2 y 529, después de muchos años, se la deja a Piccinini, que había empezado a trabajar con él como idóneo. Piccinini la pone en 1 y 529.

Tolosa es 12 años más antigua de La Plata, 10 años después cayeron los Dacal, de origen gallego, por eso los Dacal también llegaron (como los Araldi) antes de que se fundara La Plata. Se fueron a vivir a 529 entre 1 y 2, frente a los Araldi. Los Dacal tenían cuatro hijas y dos hijos, uno de ellos Manuel, mi abuelo. Mi abuela Emma Araldi se casó con mi abuelo Manuel Dacal, su vecino de enfrente.

Mi bisabuelo, Eugenio Araldi, fue el que hizo la casa de Tolosa frente a la Plaza Iraola junto con mi abuelo Manuel Dacal, que ya estaba casado con Emma Araldi. La empezaron en 1921 y la terminaron en 1925, los mismos años en que hizo la suya Panchote Laborde, también sobre la calle 2 frente a la Plaza.

Nací, crecí y viví en Tolosa hasta que me casé. Me fui, a los 16 años, junto con toda mi familia, a Venezuela, después del golpe militar de 1976. Volví en 1982, un año antes de que regrese la Democracia.

Mi viejo era empleado en la Facultad de Ingeniería, mi abuelo era el intendente de la Facultad de Ingeniería. Por un tema político y un tema de seguridad mi viejo se fue unos días antes del golpe. Mi hermano Raúl y yo nos fuimos tres días después. Un mes más tarde se fue mi vieja y mis hermanas.

Mis abuelos por parte de mi papá fueron Carmen Monopoli y Joaquín Rodríguez. Mi viejo era militante de Justicialismo y mi abuelo también (estuvo preso en 1955). En ese momento mi hermano Raúl era el que manejaba la Unión de Estudiantes Secundarios en el Colegio Nacional.

La rama de los Rodríguez era peronista. La rama de los Araldi y los Dacal eran radicales y gorilas, muy adinerados, tenían tierras por el Arroyo Doña Flora, por Regatas y por el Náutico.

Tenían un muy buen pasar, pero después que se murió mi bisabuelo nadie laburó, se fueron comiendo toda la guita durante un montón de tiempo hasta que, al final, lo único que quedó fue la casa de Tolosa.

Emma Araldi tuvo dos hijos, Marta Dacal, mi mamá, y Alberto Dacal, mi tío, que también vivió en Tolosa hasta que se casó en 1968. Todos nacidos y criados en la casa frente a la Plaza.

Cuando vine de Venezuela, en 1983, empecé a trabajar, después hacer la colimba, junto con mi tío, en la empresa inmobiliaria de Yacoub, vecino del barrio. Después de muchos años nos separamos de Yacoub, mi tío y yo, luego yo me separé también de mi tío e hicimos nuestros negocios independientes.

Conozco a todo el mundo en Tolosa, como sabía que me ibas a hacer un reportaje, empecé hacer memoria de todos los amigos y vecinos del barrio. Me acuerdo de Kiko Eijo, Guillermo Tau, los Barrera de la calle 120, Aníbal Lima, Gileto, Claudio Calusi, José Di Paola, Over Massieri, Guillermo Bruno, Daniel, Hugo y Alejandro Cechini, Rudi Angelito García, Eduardo Molinari, los Guarino (Copete, Tentongo, Menego y Menchu), Coquito Agliar, Titi Monti, Pelusa Esperanza, Daniel Piñeiro, Carlitos Huemir, el Gordo Lucieri, estos eran los “pibes”, los más chicos.

Carlos Contardi

Después estaban los más grandes, los de la Plaza y el Club: el Chiqui Viera, Carlitos Contardi, Mario Corbata, Ricardo y Néstor Caruso, el Negro Hilario, Caito Cerdá, Guillermo Rauch, el Chino Gergo, Rolando Sberna, Marito Chiste, el Chiqui Chumal, Panchito Parisi, el Chocho y José Luis Galarza, el Tano Triolo, Raúl Gómez, el Negro Fonseca, Carlitos Pocovi, el Chala Labadie, Germán Latorre, Balín Celimedo, el Turco Rapan, Huguito Paz, el Ruso Baldi, Atilio Pellicioni, Poppy Mainet, Patty Gómez, el Chispa Arrambide, Gustavo Blascone, Ricky Zabaleta, Eduardito Banzer, Javier Barragán, José Luis Boriani, Alejandro y Julio Belaschi, Eduardo y Leandro Arrastía.

Después están las chicas: Gilda y Adriana Bequiarelli, Sandra Monti, Viviana Aviar, Marisa Arrastia, Mónica Campani, Sandra Rivas, las mellizas Patricia y Cristina Gallardo, Mirta Cavalaro, Patricia Pintus, Adriana Bilardi, Mónica y Patricia Panzoni.

Mi bisabuelo, Eugenio Araldi, trajo desde un taller de San Martín el busto de bronce de Martín Iraola para la Plaza que una vez se lo robaron pero después lo devolvieron. Una comisión para el cincuentenario de Tolosa se encargó el tema. El tren paró en la Plaza para dejar el busto en medio de una ceremonia.

Luego de una fiesta en el club Unión y Fuerza, salieron algunos con unas copas de más, se subieron al monumento para mover el busto porque giraba ya que estaba apoyado sobre un perno que lo mantenía, pero se les cayó, se asustaron y se lo llevaron para esconderlo porque se había abollado.

Después que apareció, a los pocos días, frente la Iglesia, lo tuvieron que mandar a reparar. En ese momento vino el Canal 13 y le hicieron un reportaje a mi abuela Emma, que dijo, por televisión, que el barrio de Tolosa era un barrio de bandidos, de delincuentes y de sinvergüenzas. Cuando reapareció el busto se le pasó el enojo.

En el club Unión y Fuerza en esa época, en la que yo era muy chico, se jugaba a las cartas por plata, arriba, en la planta alta y se pasaba quiniela. Yo, a la noche, me quedaba, siendo el más chiquito de todos, cebándole mate a los más grandes mientras jugaban.

Me quedaba con la “luz” del póquer, que es la primer ficha que se juega. Cada mano todos ponían las fichas y una me la daban a mí, porque yo llevaba el mate, el azúcar, la yerba y les cebaba a todos. Así que era el que más plata ganaba porque todas las manos me regalaban una ficha que después, cuando terminaban las partidas, cambiaba por plata.

Era el cebador de mate: siempre ganaba. El Chocho Galarza, una vez, se quejó diciendo que yo era el que más plata me llevaba, teniendo 10 años, mientras ellos, siendo más grandes (17 y 18 años) siempre perdían.

De chiquito me interesó el comercio, el negocio y la administración. Con mi hermano tenía un puestito en la feria de la Plaza. Íbamos al Mercado comprábamos cajones de limones que vendíamos los sábados y los viernes enfrente de casa donde poníamos el puesto al lado de los feriantes.

También vendíamos ajíes, perejil que lo íbamos a pedir a la verdulería de Manolo Panizzo. Vendíamos laurel porque en el fondo de mi casa había laureles y así ganábamos nuestra platita con 10 o 12 años.

Garbarena tenía un bar en la esquina de 1 y 530, y al lado tenía una heladería. Era gruñón y mal genio. Me acuerdo cuando lo mataron. Lo encontraron muerto frente al Club, lo habían dejado entre esas dos vereditas que hay en la Plaza donde jugábamos al fútbol. Parece que había tenido una riña con muchachos muy difíciles.

Yo salía, por la mañana, muy temprano, casi de noche, para el colegio, vi que estaba la policía, me acerco y lo veo a Garbarena muerto por una herida de cuchillo. Vi cómo le pusieron una sábana para taparlo. Después de eso no dormí durante una semana. Dijeron que se había muerto de un infarto, pero no era cierto.

Me acuerdo que el peluquero Arias, de la calle 1, una vez le cortó la oreja Kiko y le cobró cinco pesos menos el corte. El Negro Arias, mientras atendía a Kiko, estaba hablando con otro y, distraído, le cortó la oreja. Kiko le dijo: “le voy a decir a mi viejo” y el Negro Arias le contestó: “no te hagas problema, pibe, que no pasa nada”, le puso un poco de alcohol y una curita. Cuando fuimos a pagar le dijo a Kiko: “mirá, te cobró cinco pesos menos”.

Tuvimos historias tristes en Tolosa: dos chicos que se murieron atropellados por el tren, como José Di Paola y Cachi Stremi. Cachi en vez de cruzar por la barrera cruzó por la reja, a mitad de cuadra entre 530 y 529, ahí lo agarró el tren. José iba viajando en el estribo, con la hinchada de Estudiantes y se largó para bajarse chocando contra un murallón que hay cuando la vía hace un desvió frente a la Plaza.

Lo encontró el Dr. Correa, a la mañana, mientras estaba paseando su perrito. Los amigos ni se dieron cuenta, pensaron que había logrado bajarse y que estaba en la casa.

En la Plaza teníamos un equipo de fútbol que se llamaba “Los Calamares”, jugábamos con el equipo de la calle 34, de La Ratonera, jugábamos con el equipo de la Plaza pero del otro lado de la vía, jugábamos con los de Villa Rivera, con los del Churrasco. Los partidos eran amistosos porque nos conocíamos todos del colegio, éramos todos compañeros en la escuela, no había una gran rivalidad.

Vivíamos en la Plaza, hasta me llevaban la comida a la Plaza, era más fácil para mi vieja llevarme la comida a la Plaza que hacerme ir a la casa comer. No había tiempo que perder.

Salíamos de la casa a la mañana y volvíamos a la noche. Durante la adolescencia también la pasamos fantástico, vinieron los bailes en el Club, la época de Maraca, pero me perdí mucho cuando, a los 16 años, me fui a Venezuela, donde hice muchos amigos pero no me pude adaptar a la sociedad venezolana, las costumbres son muy distintas. En 1982 me vine sólo, a pesar de que allá laburaba muy bien, tenía una fábrica de alimentos balanceados con mi hermano.

Adoro Venezuela, le agradezco porque me dio una mano espectacular. Viví seis años allí. Mi hermano se quedó hasta 1987, después se vino para acá durante el gobierno de Cafiero. Yo me vine y empecé la actividad inmobiliaria con el turco Yacoub.

En el año 2002 el club Unión y Fuerza estaba cerrado, nadie le daba bola, el Chiqui Viera con Carlitos Contardi, Ricardo Caruso, Carlitos De Maestri y el Chino Gergo iniciaron una cruzada para reabrirlo. Me acuerdo que me llamaron y cuando entré era como una cueva abandonada, estaba todo destruido, todo mal.

Se empezó a laburar con el tema jurídico, se salvó de que se perdiera la personería jurídica, se pusieron al día las cosas. Empezamos a ver si podíamos poner un buffet, yo me encargué de buscar algún gastronómico que quisiera venir a Tolosa, fui a la Trattoria, al Club Mayo, hablé con la gente de Atenas, con los de Frowens, nadie quiso venir, me decían: “¿quién va ir a un restorán en Tolosa?”.

Hasta que fui a buscar a Atilio Pellicioni, que tenía La Specia, en 11 y 41. Atilio es tolosano y creció jugando en la Plaza y en el Club como yo. Le dije a Atilio: “mirá, me parece que tenés que agarrar esto”.

Atilio pasaba por una época económica mala después del 2001, pero igual vino y se entusiasmó con el proyecto, sugirió sacar la cocina del frente e la instalarla por detrás, para abrir la vista del Club a la Plaza. Fue una buena idea. La obra la manejó Ricardo Caruso que siempre se dedicó a la construcción.

Así instalamos el nuevo restorán, que era sólo un salón, porque dejamos el otro para las actividades sociales, pero el éxito fue tan grande que la gente hacía cola a un lado para entrar, mientras del otro lado estaba vacío, de manera que decidimos incorporar los dos salones para el restorán que se convirtió en sustento del Club y permitió hacer toda la obra del primer piso y ahora permite la construcción, del lado de la calle 1, de una cancha de fútbol techada, los vestuarios y las oficinas de administración.

Pero necesitamos la participación de lo más chicos. Lo que estamos ya somos viejos y nos tenemos que jubilar. El ideólogo de toda la reconversión del club es el Chiqui Viera.

Tengo amigos en Estados Unidos, tengo amigos en Venezuela, en Buenos Aires y en muchas partes, con los que no pierdo el contacto y a veces visito, pero mis raíces están en Tolosa, a donde vuelvo siempre, a donde están mis amigos de la infancia, en donde tengo un cable a tierra. Tolosa es mi casa.

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