Historias de Tolosa: Gustavo Panei

2
585

Entrevista de Oscar Labadie publicada el 29 de marzo de 2017

Llegué a Tolosa a la semana de vida, desde el Hospital Italiano, donde nací. Era el año 1956. Mis papás, Roberto Panei y Hebe Castelli, se habían casado en 1955. Cuando tenía 12 años, mi abuela y mi tía (por parte de madre) se vinieron a vivir con nosotros porque tuvieron un problema de alquiler. Había aumentado mucho.

Alquilaban una casa chorizo en 529, entre 1 y 2, donde pasé parte de mi infancia con Beba, la hermana de mi mamá, que estaba soltera y mi abuela, Adela Miceli, que era viuda porque mi abuelo, Domingo Castelli, había muerto cuando yo tenía tres meses. Eran de Rufino, provincia de Santa Fe.

Mi abuelo paterno, Luis Panei, había nacido en Italia. Mi abuela paterna se llamaba Ángela Beltramini y pertenecía a una familia tradicional de Tolosa. Su hijo, mi papá, tuvo un negocio de electrodomésticos en la calle 2, ahí donde después estuvo Crazy, la casa de vídeos. Se llamaba Radioplata.

Mi papá era electrotécnico, había estudiado un año de ingeniería pero dejó. Era muy hábil, muy emprendedor, con mucha habilidad manual. Era un artista, una persona excepcional, no he conocido gente parecida a él, escribía cuentos, trabajaba muy bien la madera, sabía dibujar, hacía dibujos con lápiz y carbonilla maravillosos.

Atrás del negocio tenía un taller donde reparaba planchas, licuadoras, ventiladores, televisores, radios. Fue precursor de muchas cosas en el barrio, entre ellas impulsó e hizo las gestiones que lograron la instalación del gas natural. Estaba en la asociación de Amigos de la Calle 2, también en el Rotary Club de Tolosa.

En primavera organizaba los concursos de manchas en la calle e instalaba bocinas para que al hablar por un micrófono escucharan todos los participantes. Alquilaba equipos amplificadores de música que instalaba en las casas para los casamientos y cumpleaños de 15. Yo lo acompañaba y veía como ponía los cables y colocaba las bocinas de audio encima de columnas de acuerdo a la magnitud del evento.

Mi papá falleció en 1970, con 43 años, por una leucemia fulminante, que en 22 días se lo llevó. Estaba en el baño, preparándose para desayunar, cuando le agarró el dolor. Me llamó, yo entré al baño, lo encontré inclinado contra el espejo del botiquín y le pregunté: “¿qué te pasa papi?”.

Me contestó: “me duele acá, al costado, como si fuera un ataque de peritonitis”. Lo llamamos a su amigo de la infancia, al doctor Emilio Cechini, al que mi papá le decía “Milín”, vino, lo revisó y lo internó. Tenía 14 años cuando murió, estaba en el primer año del Nacional, no podía creer lo que me había pasado.

Con mi papa hice todo, me llevó a remontar barriletes, iba con él a Punta Lara, íbamos al Parque Pereyra juntos, me llevó andar a caballo, me llevó a pescar, me llevó a cazar a Arana.

Yo fui hijo único, nieto único y sobrino único. Mi tía Beba me adoraba, era flaquita, de ojos verdes, cuando mi mamá me tuvo a mí fue como si hubiera tenido un hijo ella, fue la que me hizo hincha fanático de Estudiantes. Mi tía, que escuchaba los partidos por radio, que anotaba en una libretita el fixture, fue la que me llevó a la cancha por primera vez en 1966, a la tribuna que llamaban “la fumadora”.

Estudiantes jugó contra Chacarita y perdió 1 a 0. Al final del partido, cuando salgo de la cancha, de la mano de mi tía, por abajo de la tribuna de 55 veo una multitud enfurecida gritando en los jardines de frente a los vestuarios. Se armó un despelote bárbaro, se abrieron las puertas y vino la policía montada desde la calle, pasando por el portón principal.

Empezaron a repartir palos a toda la gente y yo, con 10 años, agarrado de la mano de mi tía, estaba ahí entre los caballos cuando los hinchas vestidos con saco y corbata y sombrero empezaron a gritar a los policías: ¡animales, animales, animales! Mientras los policías daban palo y palo, mi tía me agarraba, no sabía cómo, en medio del caos.

¿Qué hacía la gente ahí? Estaban esperando que salgan Conigliaro, Flores y Verón para matarlos. Si, para matarlos, sencillamente. ¡La hinchada quería matar a los futuros campeones del mundo! Estudiantes empieza a salir campeón en 1967, un año después. Ese fue el primer partido que fui a la cancha. Después mi tía me llevó a todos los partidos de la Copa, me llevó a la cancha hasta que murió en 1976.

Todos los partidos en que Estudiantes jugó de local yo estaba en la cancha viéndolos. Estudiantes salió campeón de América tres veces seguidas y una vez campeón del mundo. Yo vi todos esos partidos al lado de mi tía. Lloré mucho cuando murió. Hasta el día de hoy sigo yendo a los partidos de Estudiantes, sin faltar a ninguno.

Famosos en Tolosa. Humor gráfico, por Oscar Labadie.

A Los Beatles los descubro con un regalo de reyes. Estábamos en casa y mi papá me dice “vinieron los reyes a la casa de los abuelos”, es decir, de su papá y su mamá que vivían en la calle 2 atrás del negocio. Voy a la casa de los abuelos y había tres simples de Los Beatles, los tres primeros: Ámame, Por favor yo y Roll sobre Beethoven. Ahí me explotó la cabeza.

Entonces yo escuchaba a Las Ardillitas que hacía música con letras como “estaba la paloma blanca sentada en un verde limón, hay ¿dónde estará mi amor?”. De esto pasé, de golpe, a Los Beatles. Mi pasión por Los Beatles es una enfermedad: está mucho más allá del fanatismo.

Hay un DVD de Los Beatles que son los conciertos que dieron en televisión de Norteamérica cuando revolucionaron el mundo, en el show de Ed Sullivan, cantaban cuatro temas por show y fueron cuatro shows. Tuvieron la audiencia más grande que hubo de música en el mundo: 72 millones de personas.

El resto del programa de Ed Sullivan no se puede creer, cuando aparecen los Beatles son como si fueran unos marcianos que vienen en un plato volador y que bajan con el pelo largo, las guitarras, los trajes y la música, la música que era una cosa ultra, súper revolucionaria.

La primaria la hice en Escuela Anexa, la secundaria en el Colegio Nacional y después estudié arquitectura. Tardé 10 años en recibirme porque al mismo tiempo trabajaba en Seguros Rivadavia. Jugué mucho al futbol en un terreno que había en 4 y 531, también en la Plaza Iraola y en 528 frente a la Escuela de Policía. Además iba al Country de Estudiantes a jugar.

Una vez estábamos jugando en el puente y viene un pibe del barrio y nos dice: “che, hay hippies viviendo en 527 en una casa vieja que está en medio de un terreno, ¿vamos?”, le contestamos “vamos”.

Fuimos cuatro o cinco, llegamos a la casona que estaba llena de flacos de pelo largo y minas vestidas con túnicas. Me quedó grabado que en la habitación de la entrada principal había una mesita de tocadisco como en las que vendía mi papá, arriba había un Wincofón que estaba reproduciendo Abbey Road de Los Beatles.

Otra imagen que tengo grabada es lo que vi cuando entramos en el patio del fondo, donde había un tipo sentado en un sillón, bajo un árbol, leyendo un libro. Se me dio por ver la tapa de libro, tenía un título maravilloso La paz individual es la paz del mundo. Nunca en mi vida me olvidé de esto. Muchos años después me enteré que lo que habíamos hecho aquella vez fue entrar en La Casa de la Luna.

2 COMENTARIOS

  1. Una hermosa historia de Tolosa cargada de emociones. Grande Gustavo,mi Amigo!! Apasionado, y excelente persona. Tenemos juntos recuerdos jugando a “las cabezas” con la pelota de goma pulpo, y muchos otros que tienen como marco la calle 531, que nos acompañará siempre. Una alegría leer esta nota, porque Gustavo “El Pibe” (mucho antes que Valderrama el colombiano) hizo y hace historia en Tolosa y en todos los que lo conocemos.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here