Panchi, “la jocketa”

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En el barrio todavía hoy los vecinos la recuerdan como la “jocketa”.

También muchos amigos y conocidos le decían Panchi, por derivación del apodo de su nombre: Olga Francisca Lanzoni.

Aquella denominación, reconocía como antecedente su vinculación con el mundo del Turf, ya que desde pequeña había vivido en la calle 116, entre 528 y 529, y la relación con los caballos la afianzó en el stud de su padre, el cuidador don Pancho Lanzoni, lugar de donde no pocos la recuerdan, aunque en verdad jamás se dedicó a la actividad a la que refiere el apodo vecinal.

Unos años más tarde, alcanzó el título de Licenciada en Educación, que la llevó a ejercer la docencia en dos escuelas de Ensenada, las técnicas 2 y 4. Al mismo tiempo, comenzó también a trabajar como boletera en el Hipódromo de La Plata.

Pero fue a partir del año 1966, que consolidó la relación institucional, al ser designada al frente del Gabinete Psicotécnico, que ese año se agregó a la Escuela de Jockeys Aprendices del Hipódromo local, creada en el año 1958, siendo su director fundador el Dr. Rogelio Gamboa.

El citado Gabinete, a cargo de Olga Lanzoni, tenía como tarea específica la evaluación intelectual y socio económica de los aspirantes al ingreso y la preparación de todos los alumnos que no hubieran concluido la escuela primaria, quienes rendían a fin de año, en la Escuela N° 1 de Ensenada, en una mesa examinadora formada especialmente.

Hasta el año 1976, conforme la página web oficial de la entidad, el Hipódromo de La Plata, incluida la Escuela de Jockeys Aprendices, pertenecieron a la Dirección Provincial de Hipódromos de la Provincia de Buenos Aires. En el año 1978 su administración pasó al Jockey Club de La Plata y durante los años 1983 y 1997 el Hipódromo de La Plata estuvo administrado por la Empresa Hípica Argentina.

En el año 1993 la Lic. Olga Lanzoni, fue designada para ejercer la Dirección de la Escuela de Jockeys Aprendices, período en el que se hace cargo del Hipódromo el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires.

Durante esa etapa y por iniciativa de su espíritu docente y en su condición de Directora, comenzó a elaborar una propuesta que luego impulsó con mucho esfuerzo. Así, en 1994 se creó el primer Centro de equitación para personas con discapacidad y carenciados. Fue un tiempo después que comenzó a llamársele por la sigla Cedica.

Se trataba de una entidad sin fines de lucro, asistida mediante becas que otorgaba el gobierno provincial (inicialmente fueron eran 18), dedicada a la asistencia de niños y adolescentes con discapacidades diversas y especializada en tratamientos mediante la equinoterapia, o como la propia institución lo define actualmente, la implementación de Terapias Asistidas Con Animales (TACAS) y con el objetivo de su inclusión social. De las actividades también participaron niñas y niños derivados de distintos centros de atención vinculados al Ministerio de Desarrollo Social bonaerense.

Aquella idea de Panchi, tendiente a la contención e incentivación de tantos pibes que encontraron en los caballos a sus compañeros fieles para crecer, pese a sus limitaciones, en modo integral, se prolongó en el tiempo, aún después de su retiro en 2007, hasta la actualidad.

Como conclusión de su biografía, bien se puede señalar que desde su infancia, su vida siempre estuvo impregnada por el influjo de los sonidos, colores, olores, de ese paisaje abarcativo del barrio del hipódromo, su vecindad tolosana que acompañaron siempre su vocación docente y el amor por la/os niñas y niños. Fundamentalmente los más necesitados, cumpliendo sin dudas el mandato de su amor por Evita.

Ella siguió viviendo hasta el final de sus días en la calle 118 bis entre 524 y 525; fue otra víctima del coronavirus que se la llevó de allí el 17 de julio pasado.

Su casa fue usurpada desde ese mismo día.

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