¿Para qué me sirve aprender música?

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Por Roxana Lasala (*)

Hacer música es ejercitar el mapa emocional, conocerlo, ponerlo en juego, identificar nuestros propios colores, nuestros matices; y como profesores debemos ponernos en contacto con todos esos colores personales.

Conocerlos, e identificarlos es parte de nuestro trabajo, y no sólo por los beneficios a la hora de utilizar este capital emocional en sus producciones musicales (composiciones, improvisaciones, interpretaciones) posibilitando mucho mejor el logro de un músico integrado, flexible, abierto y dispuesto a los cambios, sino sobre todo, lo más importante, habremos contribuido a construir una persona consciente de sí, con capacidad introspectiva, (condición sine qua non para no perderse en ninguna amnesia colectiva, despersonalizante) y tal vez más plena, porque tendrá en su instrumento un compañero de vida que le recuerde siempre quién es, que no le permita el olvido de su propio ser, y lo hará desde la expresión máxima de su propio potencial sensible, o sea, mostrándole su propia belleza.

(*) Reflexión escrita en 2012 por la profesora y directora de la Escuela de Música Querencias.

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